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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2010.

MAR

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Cuando transcurrimos en el día a día de nuestras vidas, envueltos en las tormentosas vicisitudes cotidianas, capeando temporales , estresados y agobiados por tantas vías de agua, corremos el grave riesgo de perder rumbo si acaso no zarpamo ya con rumbo perdido.

 

El Cardenal Óscar A. Rodríguez Maradiaga nos presenta un símil muy útil, si es que, de verás, podemos alcanzar el puerto de la reflexión y tenemos el tiempo que necesitamos para preparar la travesía.

 

En estas nuestras vidas nos ha tocado navegar en esta sociedad que conformamos, sociedad que nos envuelve y en la que nos desenvolvemos. Y tal como le aconsejaba el marinero a Mons. Madariaga "es preciso conocer el mar por el que se navega."

 

El Cardenal nos transmite que: esta sociedad "es un mar agitado bajo el signo de la globalización, de la divinización del mercado, de la brecha entre ricos y pobres, de la agonía de los valores, del olvido de Dios, del intento de fabricarse un dios a la medida de nuestras debilidades, un dios cómplice de nuestra incapacidad de ser auténticamente humanos; una sociedad basada en el hedonismo, a través del cual intentamos tan sólo satisfacer las dimensiones de la supervivencia y del goce, sin darnos cuenta de que estamos convocados a la felicidad y a la alegría de ser partícipes de la creación de un mundo nuevo. "

 

"La sociedad es como un mar proceloso que se agita con la violencia, con el odio, con la guerra preventiva, con el costo social representado por la muerte de tantos inocentes que caen bajo el imerio del terrorismo ofensivo, que toca las fibras más bajas de la supervivencia y despierta el terrorismo defensivo que responde con igual o mayor violencia por los daños recibidos. Una sociedad agitada por la inseguridad. Un ser humano abatido por la falte de certezas. Un individuo que no sabe qué creer ni a quién creer."

 

"Una sociedad tempestuosa que levanta olas cargadas de peligro a través de los medios de comunicación, a través de la fácil prostitución de jóvenes, a través de un comercio de ilusiones que abre caminos permanentes deconsumo a las muy diversas drogas que se ofrecen en el mercado. Una mar indefinida e indefinible, una sociedad como la nuestra olvidada de su origen divino e ignorante de que estamos convocados a la vida eterna."

 

"Una sociedad cargada de corrupción, de acumulación por parte de unos de aquellos recursos que debieran servir para la satisfacción de todos. Una sociedad tempestuosa donde los individuos están convocados no sólo a vender su alma, sino a venderse a si mismo al mejor y transitorio postor."

"Una sociedad que convierte l muerte en un derecho, y lucha por instalar el aborto, la eutanasia, la venta de órganos, como si fueran todos ellos un obligado servicio que debe ser protegido. Una sociedad que después de 2000 años de cristianismo, tiene que observar que el 60% de los seres humanos presentes en el mundo vive en la miseria, defendiéndose tada día por tomar, debajo de la mesa del rico epulón, las migajas que le permitan continuar a su servicio."

 

 Y este es el mar por el que transita nuestras vidas. Y este es el mar donde, como Pedro, nos encontramos con el Resucitado que nos llama a seguirle aún por encima de las turbulentas aguas.

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GOL

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Algunos de mis conocidos se sorprenden del entusiasmo que me ha suscitado la victoria de España en este campeonato del mundo.

 

Sí, estoy más que entusiasmado. Este campeonato del mundo es mucho más que una victoria a nivel deportivo que pueda ser interpretada como un logro social deportivo de alto nivel.

 

Cuando uno vive en referencia a Dios no puede sino interpretar todos los acontecimientos en referecia a Aquél que todo lo tiene presente. El gol de Iniesta, ese simple alargamiento de pierna que impulsa un esférico dentro de la portería de aquellos que otra hora se opusieran a nuestras picas, a sido más que un gol, es más que un campeonato del mundo, es un acontecimiento histórico que a dado la fuerza e ilusión a un pueblo, adormecido por la desidia y el relativismo impuesto, para volver a reconocerse a sí mismo y así valientemente expresarlo.

 

¡Soy Español! Es el grito unánime de un pueblo que ha visto y sentido en su espíritu el clamor de la trascendencia de ser, y de ser español con todo lo que ello con lleva; a pesar de aquellos que inicuamente empecinados en el error perseveran en la fatal negación del espíritu histórico de España. Hoy, por encima de signos políticos, por encima de coacionés y represiones, más allá de vanas interpretaciones, ser español recobra su genuíno sentido trascendental. Sí, pertenecemos a esta gran comunidad humana con todo lo que ello representa, de bueno para engrandecerlo y de malo para aprender de aquellos fatales errores. Con nuestra historia, con nuestra gallardía, con nuestra plural cultura, con nuestros pueblos, con nuestra religión, con todos y cada uno de los logros personales y colectivos conseguidos a lo largo de tantos siglos de historia.

 

¿Cómo no ver en ello un signo de los tiempos? ¿Cómo no interpretar un gol, un partido, un acontecimiento, que aunque en sí insignificante enardece y recupera el espíritu conmovido de un pueblo? ¿Cómo pretender que Dios nada tiene que ver en el conmovible corazón de tantos que, fuera de lógica razón deportiva, exaltan la historia que tan señaladamente a mirado al que todo lo trasciende?

 

Y es que a pesar de que el intelecto y la carne pueden ser entumecidos por la sin razón de irracionales ideologías o por la ilusoria satisfacción de la sobre abundancia pasajera, el espíritu indoblegable siempre gime por su creador. Y es que, este espíritu, nuestro espíritu español gemía con brutal fuerza ante la desgarradora mutilación a la que los nacionalismos exacerbados y las inmorales propuestas relativistas lo estaban sometiendo en las úntimas décadas.

 

España, si España, ya comenzó a forjarse en el traicionado corazón de D. Rodrigo, estandarte que enardecería el espíritu de D. Pelayo, hierro y sangre de los Católicos, corazón de América, defensora de la Concepción Inmaculada. España borbónica y España Carlista; España republicana y España monárquica, España de Dictaduras y España de democracias; España de cruentos crímenes y España de heróicos salvadores; España de Santos y España de ruínes; España de Españas; España nuestra, de los españoles; España de todos lo que desean amarla; España de Dios y del Ángel de España.

 

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