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HOY TEOLÓGICO - Alfonso Luis Calvente Ortiz

¿Inoportuno?

¿Inoportuno?

Cuando el Dicasterio dice que es inoportuno advierte con contundencia sobre la propia naturaleza del documento que publica. Nunca es inoportuno exaltar los dones de María nuestra Excelsa Madre. Sí es inoportuno, frente a todos los problemas que el mundo y la Iglesia sufren hoy, querer congraciarse con aquellos que rebuscan la forma de justificar el error histórico en el que perseveran.


Hay que señalar que el documento del Dicasterio frente a la devoción Mariana no se atreve a realizar un juicio teológico y doctrinal que en suma desbarataría toda la argumentación que intenta utilizar. No niega la participación de María en la obra de la Redención realizada en la persona de su Hijo Jesucristo; no niega la mediación de María, más bien la reafirma; exclusivammente indica lo inoportuno del uso del título de "Corredentora" y nada añade a lo que el Pueblo de Dios sabe sobradamente de la "Mediación Mariana".

No disimula el documento su giño hacia las Iglesias protestantes que tanto incapie hacen en relegar el papel de María al de una simple discípula elegida. Pero debemos de considerar que este documento pronto quedará relegado al olvido y tan solo será un triste añadido al extenso anecdotario de errores inoportunos que ha realizado el Dicasterio a lo largo de su historia.

María esta unida indeleblemente al Misterio de Cristo, no porque el Dicasterio lo diga o no lo diga, o crea que es oportuno o no, sino porque ha sido la voluntad de Dios en el misterioso plan de la Redención.

Desde su origen la Iglesia lo ha tenido claro y ha creido siempre oportuno situar a María en el lugar que le corresponde, como Redentora y Mediadora en la singular obra de su Hijo Jesucristo Dios Verdadero. 

SUBORDINACIÓN

SUBORDINACIÓN

No entiendo bien la verdadera intención del documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe "Mater Pópuli Fidelis". Lo que si puedo constatar son sus efectos que comienzan a ser notorios; éstos podemos diferenciarlos claramente en 2 tipos:


a) Aquellos efectos que han propiciado una mayor reflexión y afirmamiento de la devoción y amor del pueblo cristiano a su madre la Santísima Virgen María.

b) Aquellos otros resultados que han dado pie a que muchos en nuestra Iglesia se destapen como lo que son, verdaderos protestantes adaptados a unas circunstancias de vida eclesial impuesta en sus vidas.

Los efectos del primer tipo nos llevan a reafirmar lo que la Iglesia siempre ha afirmado que María, la Plena de Gracia, ha tenido un papel clave en la obra de la Redención realizada de una vez para siempre por un Dios que es Padre y es Amor, es Hijo y es Perdón, es Espíritu Santo y es Verdad.

Que el papel de María como Mediadora y Redentora nuestra está siempre subordinado a Dios en Jesucristo es algo que todos los fieles católicos de todos los tiempos siempre han tenido claro, a pesar de que en muchas ocasiones no cuentan con la alfabetización necesaria para entender el enrevesado lenguaje que teólogos y dicasterios habitúan a utilizar.

Por otro lado tenemos aquellos resultados que son los que más deberían haber esperado los autores del documento. Se afirma desde nuestras cátedras católicas que María ni es Corredentora ni Mediadora de nada. Tristemente esto es así, basta darse una vuelta por blogs y publicaciones progres sobre este respecto en internet. 

El Pueblo de Dios escucha y obedece, pero no es tonto. Que el título de Redentora sea utilizado habitualmente, abierta y literalmente, para referirse a nuestra buena y dulce Madre desde el Siglo X, debería inducir a algunos a fiarse más de la fe del pueblo. ¿Alguien se atreverá a negar que María permaneció con su Hijo a los pies de la Cruz?¿Alguien duda acaso que una espada atravesó su alma?

Claro está que dentro de la mente y el corazón de aquellos que buscan la liquidación de la "Traditio", no cabe el considerar que tenemos claro que la mediación y redención de nuestras almas en y por María siempre está subordinada al único Redentor y Mediador que es su hijo Jesucristo. ¿Qué cómo es ésto, pues parece contradictorio? Tan contradictorio como el misterio de un sólo Dios en tres personas; 1+1+1= 1.

La derrota protestante alcanza un nuevo hito. Pues para ellos está claro que si María ni es mediadora ni redentora, tampoco la Iglesia es mediadora ni redentora. Y si la Iglesia no fuera mediadora ni redentora Lutero llevaría razón.

DEVOCIÓN MARIANA

DEVOCIÓN MARIANA

Nuestra devoción a la Virgen María tiene un sentido profundo y último, siempre conectado al gran amor que Dios ha derramado sobre nosotros en la persona de Cristo.


Es el divino designio de nuestro Redentor el que pone a María en nuestro camino. Es Él, Jesucristo, quien elgije a María desde antes de todos los tiempos. No podemos pretender rebuscar en la inteligencia de Dios las razones que le impulsaron a realizar, de esta forma determinada, una obra de redención tan peculiar y significativa sobre el género humano.

Los judíos, los del tiempo de Jesús y los de ahora, no acepan a Jesús entre otras cosas porque sabían de donde procedía y quienes eran sus padres. Para ellos era inconcebible la encarnación de Dios sin una muestra sensitiva y patente de su poder sobrenatural, de forma que el Dios con nosotros debía de aparecer misteriosamente desde el desierto o un lugar desconocido sin que nadie pudiera descubrir cual era su procedencia real.

Es Dios en Jesucristo el Hacedor de la Historia. Es Él el que desde el génesis del universo alzaba su mirada omnímoda y veía que todo era bueno. Es nuestro Dios el que elige el virginal vientre de María para su encarnación. ¡Uno de nosotros Madre de Dios!; incomprensibe, inalcanzable a nuestra inteligencia.

A pesar de muchas dificultades, la devoción a la Madre de nuestro Señor ha ocupado siempre un papel primordial en la vida de la Iglesia, Pueblo de Dios reunido en torno a los sucesores de los Apóstoles, que bajo la dirección del Espíritu Santo ha superado todas las acechanzas y embestidas de sus enemigos hasta el día de hoy.

Es el Pueblo de Dios el que ha conservado la fe inquebrantable e inalterada por casi dos mil años de andadura, siempre bajo el apacentamiento y pastoreo de los apóstoles, y de una forma singular del vicario de Roma. Y esta fe ha situado a María como Madre de Cristo y de la Iglesia, uniéndola de una forma indeleble al misterio de Cristo y de su Iglesia.

Hoy, algunos pastores de la Iglesia, han venido a decirnos que no es conveniente el uso de ciertos términos en nuestra devoción a María. Los grandes Santos marianos siempre habían anunciado que frente a María no cabe de peligro de exaltación o elogio puesto que "más que María sólo Dios". La inconveniencia de tales usos viene justificada por dos razones: a) "se produce una comprensión errónea de la figura de María"; y b) "a veces se cambia su significado o se pueden malinterpretar".

Creo que los únicos que alcanzan una comprensión errónea de la figura de María son aquellos que se revuelven ante un exultante amor de los hijos hacia su Madre; Creo que aquellos que cambian su significado y malinterpretan las expresiones de amor mariano son los mismos que llevan siglos protestando por una u otra cosa. Frente a María no caben reparos, es Dios quien ha realizado su obra, no los hombres. Frente a María toda exaltación es poca, porque exaltar a María es exaltar a su Hijo. María no alcanza título ni protagonismo alguno por su propia voluntad sino por la Palabra del mismo Dios que la visita, tal día como hoy.

El misterio de Cristo es el misterio de María. Ella no es el Verbo Encarnado; es la Madre del Verbo Encarnado por designio de Dios. Ella participa en la obra redentora de su hijo de una foma exclusiva y única que su propio hijo ha determinado. Ella que ha sido "uno" con el Verbo al que ha concebido virginal pero encarnadamente en su seno, no puede ser desprendida de cualquier título que se le confiera a su hijo; no por decisión humana sino por designio de Dios.

¡MADRE!

¡MADRE!

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». 27Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19, 26-27)


Desde ese momento todos los discípulos de Jesús hemos acogido a María en nuestro corazón. El mismo Jesucristo, en los instantes de su muerte, se entrega por nosotros hasta un extremo que no somos capaces de alcanzar a comprender con nuestro entendimiento. Despojado de todo, entregado hasta el extremo, nos entrega también el consuelo que le sostiene en aquellos momentos de máximo suplició; se despoja de su madre y nos la entrega a tí y a mí, para que Élla, la plena de Gracia, cuide de nosotros y nosotros, como dignos hijos, cuidemos de Élla.

Y es que como buenos discípulos y buenos hijos no podemos sino acoger a la Virgen María con la excelencia, delicadeza y devoción que le debemos a la que reconocemos como Madre de Dios, Virgen Perpetua, Inmaculada Concepción, Reina de los Cielos y de la Tierra, asumpta en cuerpo y alma a los cielos y corredentora del género humano.

Así nos lo recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica en palabras recogidas por el Concilio Vaticano II:  "La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba amorosamente su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima que Ella había engendrado."

(Escuchar catequesis sobre los Dogmas Marianos)

¡VERDADERAMENTE RESUCITÓ!

¡VERDADERAMENTE RESUCITÓ!

  La vida y existencia de Jesús de Nazaret es un hecho histórico constatable e irrefutable. Sólo aquellos que por motivos religiosos u otros, tales como los que afirman que la tierra es plana ó que el hombre no ha llegado a la luna, pueden dudar de ello.


  Pero desde un enfoque historicista, debemos detenernos sobre el hecho en sí que hace que la historia de Jesús transcienda y condicione la historia del propio ser humano: su resurrección.

  El hecho de la resurrección de Jesucristo se ancla en la historia, de tal manera que la condiciona y transforma de tal suerte que, casi dos mil años después, más de la cuarta parte de la humanidad celebra efusivamente el hecho en cada aniversario anual.

  La historicidad  de la resurrección de Jesús no sólo se basa en el testimonio cristiano y en el sepulcro vacío que hasta hoy se conserva. Existen muchos más datos, estudios y referencias que manifiestan el hecho de la resurrección, que sobre otros hechos históricos aceptados sin controversia alguna por la comunidad histórico-científica. Citemos algunos:

  * La existencia de múltiples documentos concordantes (cuatro evangelios, multitud de cartas y documentos de los primeros cristianos y distintos documentos históricos de ámbito judío y romano).

  * Los datos arqueológicos que sitúan cada lugar citado en tales documentos allí donde dicen estar y certifícan que el sepúlcro vacío es efectivamente un sepulcro judío del siglo primero.

  * Las consecuencias que tal hecho tuvo sobre sus testigos y sobre la historia: los testigos fueron perseguidos, torturados y ejecutados por afirmar tal hecho, pudiendo haber eludido la tortura y la muerte con tal de negarlo; la Iglesia fundamentada sobre la resurrección que sigue su curso en el mundo tras dos mil años; la cultura e influencia que ha nivel global ha tenido el mensaje cristiano a partir de tal acontecimiento.

  * El hecho de que los detractores de Jesucristo (principalmente el pueblo judío que todavía hoy sigue esperando su mesías) han invertido millones en búsquedas e investigaciones infructuosas en encontrar una alternativa a la historicidad del hecho de la resurrección, esto es, los restos sepulcrales que en su caso deberían haberse encontrado del cuerpo de Jesús.

Todo ello, junto a nuestra fe en que Jesús es el Hijo de Dios, el Verbo encarnado, nos lleva un año más a alzar los brazos al cielo y gritar con inconmensurable alegría ¡Aleluya! ¡Verdaderamente Cristo ha resucitado de entre los muertos!

¡Feliz Pascua de Resurrección!

(Si deseas saber más sobre la Resurrección de Jesucristo descarga este PDF)


CONECTADOS A JESUCRISTO

CONECTADOS A JESUCRISTO

A través del estudio histórico de la trasmisión de la fe es posible conectar, ésta misma, a Jesucristo en la totalidad de su dimensión histórica y real.


Lo Evangelios y la totalidad del Nuevo Testamento son fundamento documental de nuestra historia, la historia de los cristianos.

La fe de los apóstoles, testigos insustituibles de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, baluarte de nuestra fe, ha sido transmitida ininterrumpidamente por la Iglesia, a pesar de tantos, hasta el día de hoy. Con un estudio sencillo, podemos verificar que la buena noticia de Dios ha llegado hasta nosotros fielmente:  "La Iglesia guarda la memoria de las palabras de Cristo, la que transmite de generación en generación la confesión de fe de los apóstoles" (cat. 171).

A los autores, de los escritos cristianos, que vivieron en tiempo de los apóstoles y en contacto con ellos les denominamos "Padres Apostólicos". Ellos son el primer eslabón de la larga cadena generacional que comunica a través del tiempo, hasta el fin del mismo, la verdad de Dios en nuestro Señor Jesucristo.

En la sucesión de la sede Apostólica de Roma encontramos a Lino, Anacleto y en tercer lugar a Clemente (Romano). De éste último, San Clemente Romano nos ha llegado una de sus cartas, de suma importancia como ya veremos.

Después de San Clemente Romano encontraremos como Padres Apostólicos a San Ignacio de Antioquía, San Policarpo de Esminra, Papías de Hierápolis, y los autores anónimos para nosotros de la Didajé, El Pastor de Hermas y la Carta de Bernabe,


JESÚS HISTÓRICO

JESÚS HISTÓRICO

La vida de Jesús no viene recogida en una biografía redactada con esa intención histórico biográfica que a muchos nos gustaría. La vida, obra y mensaje de Jesús de Nazaret se sustrae especialmente de los cuatro evangelios, que sin ser libros con intencionalidad historicistas si recogen ciertamente, eventos históricos que nos permiten configurar una biografía histórica de Jesucristo. También, está claro, que el libro de Hechos de los Apóstoles y las distintas cartas apostólicas de Pablo, Pedro, Juan, Santiago y Judas nos ayudan en mayor o menor medida a dicha tarea.


En el conjunto del Nuevo Testamento se plasma el fundamento de nuestra fe en Jesucristo, trasmitida por los Apóstoles en las comunidades cristianas que ellos mismos fundaron haciendo realidad la misión que el mismo Jesús les encomendó: "anunciad el Evangelio".

En la Iglesia Católica sabemos que aquella fe apostólica se ha trasmitido fielmente de generación en generación, combatiendo aquellas ideas que se alejaban del fundamento apostólico y profundizando en la belleza teológica de nuestra Fe.

Podemos pues, seguir un camino generacional de la transmisión de la doctrina apostólica hasta nuestros días.

Tras el estudio de los apóstoles, deberemos apuntar a aquella generación de personajes eclesiales que estuvieron de alguna manera en contacto con los apóstoles y que constituyen el conjunto de los Padres Apostólicos.

Sabemos, por ejemplo, que la sede romana fue precedida por San Pedro cuyos sucesores inmediatos fueron Lino, Cleto y Clemente. De ellos sólo tenemos escritos de Clemente Romano.

Del estudio de de estos Padres Apostólicos y de los distintos Padres de la Iglesia, se ocuparan la Patrología (estudio de la vida y persona del autor) y la Patrística (estudio de la doctrina y pensamiento de los mismos). 


 

Tradición fuente de nuestra fe.

Tradición fuente de nuestra fe.

Tradición fuente de fe. No podemos olvidar aquella que da sentido primero y último a nuestra fe. La tradición comunica nuestra fe de hoy con el mismo Jesús, con su vida y con la buena nueva que él anunció.


Sin tradición nuestra fe se convierte en creencias arbitrarias que pueden ser modificadas al antojo de las gentes, de los tiempos y de intereses propios y ajenos.

Hablaba hace unos días con una cristiana evangélica que insistía mucho en el culto y veneración que se le debe de hacer a La Biblia por su condición de ser Palabra de Dios. Claro que la Biblia a la que ella se refería era la "Reina Valera", biblia protestante.
Ella me reprochaba el trato que yo hacía de la misma hablando de los diversos autores, de sus intenciones, de la datación, etc; me decía que la Biblia es un libro sagrado, es la Palabra de Dios. Pero cuando yo le cuestionaba  por qué decía que la biblia es Palabra de Dios, no sabía darme respuesta.

Es la Tradición la que nos une al acontecimiento de Jesucristo y al acontecimiento de la Historia de Israel dentro del marco de la Historia de la Salvación.

Sin esta Tradición, rota por las tesis luteranas y otras, el compendio de libros que forman la biblia pueden ser considerados como cada cual quiera, y no tienen porque ser considerados más que otros libros de diversa índole.

Es la tradición en la Iglesia Católica la que nos confirma el canon bíblico, esto es, la veracidad de la inspiración divina en la redacción de los escritos que contienen la Bíblia.

JUVENTUD DAÑADA

JUVENTUD DAÑADA

El mundo que ha engullido a nuestros jóvenes pretende un futuro sin Dios. Las cuestiones que lanza Jesús, "¿acaso encontrará fe sobre la tierra cuando vuelva el Hijo de hombre? (cf. Lc 18,8)" y "si aquellos días no se acortarán no se salvaría nadie (cf. Mt 24,22)", deben hacernos pensar que el mundo verdaderamente, aún vencido por el propio Dios hecho hombre, se dirige hacia un futuro en que la fe y la recta conciencia no serán seña de su identidad.


Y es el mundo él que actúa sobre las familias y específicamente sobre nuestros jóvenes. La oferta de éxito, fama, moda por un lado y placer, entretenimiento y egoísmo por otro, intentan anular la posibilidad de un proyecto de vida cristiano y formal.

Hoy no se tiene en cuenta la sabiduría de nuestros mayores que en otros tiempos aportaban una experiencia de vida completa como guía de los aciertos a asumir y los errores a evitar, sino que se les aísla y en su caso incluso eliminan, desdeñando esa experiencia vital que bien trasmitida encauza el proyecto de vida de padres e hijos. 

Los padres somos ajenos a la realidad a la que nuestros hijos adolescentes se enfrentan. "Sí", dirán algunos es la tópica y típica ruptura generacional, pero hay que observar que en nuestro tiempo esta ruptura es abismal e incluye una nueva proyección de un mundo sin Dios en una realidad cada vez menos trascendental.

La juventud, dañada en lo más íntimo e interior de la persona, herida en el alma, discurre caminos en los que Dios es aniquilado por un ateísmo activista y excluyente, que arrasa la tierra y quema la semilla de amor que en ella debería de germinar.

En Manos de Dios

En Manos de Dios

Cuando la vida avanza, cuando la meta se vislumbra, el anelo del alma se desvela como una necesidad trascendental.


La vida, fuera de las paternales y maternales manos de Dios, carece de un sentido último.

El mundo se desvive en su algarabía de espaldas a Dios. El sufrimiento humano es indeseable, se escuda, se esconde en un frenético devenir del hoy y ahora fuera de todo cuestionamiento serio de lo que será, de lo que quedará; es un hoy sin mañana.

Las cálidas manos de Dios nos acogen sin más condicionamiento que el amor. Sin Él nada es, nada somos, nada fuimos ynada seremos

PACIENCIA DIVINA

PACIENCIA DIVINA

Si no fuera por la inconmensurable paciencia de Dios, el ser humano hace tiempo que hubiera llegado al final de su historia.


Pero desde hace 2 milenios resulta que la historia del ser humano se ha fundido con la historia de Dios; y es Dios quien lo ha hecho.

Dios encarnado en la persona de Jesucristo es la esperanza de la humanidad. No hay otro más que Èl. En Jesucristo el ser humano es capacitado para alcanzar el destino divino para el que fue creado. Sin Jesucristo, el ser humano no es más que una criatura dèbil frente al pecado, embebida en el mundo y destinada a una muerte inesquivable e irremediable.

Pero que pocos acuden a Èl, a Jesús. Èl decidió quedarse con nosotros todos los días hasta la consumación de los tiempos. Jesucristo nos espera paciente en el Sagrario. Él lo decidió así, quedarse escondido en las especies del pan y del vino, Su Cuerpo y Su Sangre, para que todo el que cree en el tenga vida eterna, alcanzando para sí la manifestación plena del destino esperado para los Hijos de Dios.

Gracias Jesús por tu paciencia, gracias por no tener en cuenta nuestra indiferencia a tu presencia real en la Santa Eucaristía, gracias porque tu nombre ha sido nombrado sobre nosotros.

Alegría, paz y bien para todo aquel que cree en el Señor.

EL AMOR DEL ALMA

EL AMOR DEL ALMA

¡Salvador del mundo: oh, amador de las almas; oh Señor, el más amable entre todas las cosas criadas! Vos habéis venido a ganar con el precio de vuestra sangre nuestros corazones, y con esto manifestáis el amor infinito con que nos amáis, dando la última mano a nuestra Redención que es para todos un piélago de bendiciones, que son el precio de vuestros inexplicables dolores y oprobios. Y Vos, a fin que quedase en nuestras almas la memoria de esta Pasión, instituisteis el Santísimo Sacramento de nuestros altares; Y a fin de que quedase una memoria perpetua de un beneficio tan grande entre nosotros, nos dió su cuerpo en comida (S.T. op.57). Todas las veces que comiereis de este pan, anunciaréis la muerte del Señor (I Cor 11,26). Vos, pues Señor, con este prodigio de amor habéis obtenido de tantas y tantas almas santas que, ardiendo en vivas llamas de vuestra caridad, renunciasen todos los bienes de la tierra y no se ocupasen mas que de amaros, ¡oh, amabilísimo Señor! Haced pues ¡oh, dulcísimo Jesús! que yo traiga continuamente en mi alma la memoria de vuestra Pasión;; haced sobre todo que yo, siendo un miserable pecador, confundido con todos los halagos de vuestra mansedumbre, aprenda y sepa amaros, y también poder manifestar mi gratitud y fineza por los inmensos beneficios que he recibido de vuestro amor.


Acordaos Señor, que soy una ovejilla, por cuya salud Vos bajasteis del cielo a la tierra y sacrificasteis vuestra vida. Se que vos, después que me habéis redimido con el precio infinito de vuestra muerte, me amáis del mismo modo, y que conserváis por mi la misma predilección que mostrasteis muriendo por mí. No permitáis ¡oh, Padre amoroso! que yo persevere ni un instante en la ingratitud hacia Vos, que sois digno de ser amado tan afectuosamente y que habéis hecho tantas cosas para que os amásemos.

Y Vos, ¡oh, Santísima Madre, Virgen María! Vos que con los dolores que sufristeis tenéis tanta parte en la Pasión de vuestro Hijo, ¡ay! por el mérito de estos mismos dolores, alcanzadme la gracia de experimentar a lo menos una parte de aquella compasión que os afligió tan vivamente en la muerte de Jesús, y que sienta dentro de mí mismo alguna centella del amor que formó todo el martirio de vuestro dolorido corazón.

"¡Oh, Señor mío Jesucristo! Que aquella fuerza abrasadora y meliflua de vuestro amor se empape dentro de mi alma, a fin de que muera con el amor de Vos mismo, ya que habeis querido morir por mi." (S. Franc. Ass. Or. 2)

San Alfonso María de Ligorio

San Cirilo, Arzobispo de Jerusalén

San Cirilo, Arzobispo de Jerusalén

Bendito San Cirilo que pastoreó la Iglesia de Cristo allí mismo donde se entregó por Nosotros.


Si volvemos nuestras miradas hacia la riqueza de la Iglesia, hacia la vida y obra de tantos Santos y Mártires en el Señor, nos daremos cuenta que todo está dicho y descubierto, que nada más hay que añadir. Lo que nos corresponde es redescubrir tal riqueza, hacerla nuestra y proclamarla a los cuatro vientos, ya que en ella se contiene la verdad de la Vida, ella es Cristo, Verbo encarnado, que nos descubre los misterios que a algunos todavía les parecen insondables.

La actividad de San Cirilo frente a los arrianos fue frenética. 16 veces fue desterrado por alcanzar la verdad ortodoxa de nuestra fe.

Sobre nosotros y nuestro ser San Cirilo nos explica con clara sencillez y hermosa profundidad la verdad de nuestro ser:

¿Quién eres tú?. Como hombre, tú has sido hecho compuesto de alma y cuerpo y, el mismo Dios es autor de tu alma y de tu cuerpo. Debes saber también que tienes un alma libre que es obra maestra de Dios, hecha a imagen de su creador: inmortal por causa de Dios que le confiere la inmortalidad; un ser vivo dotado de razón y libre de la corrupción por causa de quien le otorgó todo ello; con capacidad de hacer lo que desee.

El alma es inmortal. Y son semejantes todas las almas: tanto de los hombres como de las mujeres. Sólo son diferentes los miembros de los cuerpos. No existe una clase de almas pecadoras por naturaleza y otras que actúen debidamente, pues todas actúan según su voluntad y el albedrío de cada una, mientras no hay diversidad en la sustancia de las almas y es semejante en todas ellas.

El alma es libre y dueña de sí misma. El diablo puede ciertamente sugerir, pero no puede forzarla a actuar privándola de la voluntad. Cuando viene a ti el pensamiento de la fornicación, si quieres, lo admites, pero no si lo rechazas. 

Ya has oído, querido, bastantes cosas acerca del alma; si puedes, escucha ahora también acerca del cuerpo. Y no pienses lo que algunos dicen de que el cuerpo no lo ha hecho Dios, y creen que el alma habita en él como en un recipiente que le es ajeno, inclinándose por tal motivo a la práctica de la fornicación33. ¿Qué es lo que ellos recriminan al cuerpo admirable? ¿Qué es lo que le falta de decencia y armonía? ¿Qué es lo que carece de estética en su estructura? ¿No deberán caer en la cuenta tanto de la espléndida configuración de los ojos como de la posición oblicua de los oídos, para poder oír sin dificultad, o del olfato capaz de distinguir olores o también los aromas suaves, o en la doble capacidad de la lengua para gustar de las cosas y para poder hablar, sin olvidar la capacidad pulmonar para respirar el aire sin cesar? ¿Quién dio al corazón su movimiento continuo? ¿Quién anudó los nervios a los huesos de modo tan sabio? ¿Quién asignó una parte del alimento a la reparación de las fuerzas de la naturaleza, destinando otra a la defecación, haciendo cubrir pudorosamente las partes menos nobles? ¿Quién es el que hizo que la débil naturaleza humana pudiese perpetuarse mediante una sencilla unión?

Y no me digas que el cuerpo es causa del pecado. Pues si el cuerpo es la causa del pecado, ¿por qué no pecan los muertos? Coloca una espada a la derecha de un hombre que haya muerto hace poco, no matará a nadie. Ya pueden desfilar, ante un joven recientemente muerto toda clase de hermosuras; no experimentará ninguna lascivia. ¿Por qué? Porque el cuerpo no peca por sí mismo; es el alma quien peca por medio del cuerpo. El cuerpo es como el instrumento del alma, como si fuese vestido y su abrigo: se hace inmundo si es ella la que lo mueve a la fornicación; pero si se une a un alma santa, se convierte en templo del Espíritu Santo. "


SENTIDO

SENTIDO

No se puede amar a Jesús si no se le conoce. No se puede amar a María si no comprendemos su maternal amor. No podemos amar a la Iglesia si no participamos y profundizamos en su misterio.


Jesús nos desvela el sentido de la vida.La búsqueda de aquel sentido, que tanto atormenta a los jóvenes, se alcanza en el encuentro real y personal con Jesucristo. Es Jesús el que se cruza en nuestro camino y nos interpela, preguntándonos si realmente creemos que él es el Hijo de Dios.

María nos señala el misterio de la encarnación. Maternalmente nos acoge y consuela en tantas vicisitudes de nuestra vida. Nos estrecha entre sus brazos y señala el camino del sosiego y la verdad; nos señala a Jesús. "Haced lo que él os diga".

La Iglesia nos acoge y nos regala la cristificación de nuestras vidas. La Iglesia nos inserta en la comunidad de creyentes, dispuesta siempre a proclamar el Evangelio de Jesús. Como buena madre se regocija con nosotros ante la dicha de la vida; como buena madre nos reprende para corregir nuestros desvíos del camino hacia la felicidad, dispuesta siempre a perdonar en el nombre de Jesucristo, nuestras faltas y debilidades.

"Dichosos aquellos que sin ver creyeron"

SEGUIDORES DE JESUCRISTO

SEGUIDORES DE JESUCRISTO

Los cristianos, y específicamente los Católicos, descubrimos en Cristo Jesús a nuestro Dios y Señor. Por Él y en Él somos dignos discípulos de su Palabra.


Cómo discípulos de Cristo somos sembradores de paz y de esperanza. Somos dignos Hijos de Dios destinados a algo que ni ojo vio ni mente pudo imaginar. 

Nuestra esperanza descansa en Jesucristo. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Él es nuestro Señor y Maestro. Él es el amigo fiel que nunca falla.

Sin embargo, ha quedado patente, una vez más, que ante el peligro o las dificultades de la vida, nos convertimos en objetos y sembradores de miedo y de pánico, como aquellos discípulos que huyeron ante el peligro, dejando solo ha Jesús. Nos convertimos en seguidores del mundo, cargando con sus miedos, sus manipulaciones, sus histerismos y tanta inmundicia que genera en nosotros ese profundo miedo que niega la vida eterna y la divinización de nuestras almas.

"No tengáis miedo" dice el Señor. Pero ante este imperativo que nos comunica Jesucristo le abandonamos por temor; miedo que el mundo inyecta en nuestras venas, pánico que el diablo pretende en nuestras personas, para que sumidos en la oscuridad cerremos nuestros ojos a la Luz de Cristo, nuestros oídos a su Palabra y el resto de nuestros sentidos al sosiego y esperanza que el Espíritu Santo derrama sobre aquellos a quien Dios ama.

Pero en todo esto, nuestro pecado se engrandece sobre el de aquellos discípulos asustados. Nosotros, Católicos henchidos de Espíritu Santo, somos testigos de la resurrección de Jesucristo, somos partícipes de una tradición bañada en la sangre de los Santos, nos alimentamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y nos confortamos en la fe que nos trasmitieron  nuestros padres, aunque a pesar de ello, huimos, negamos y nos sumergimos en la tenebrosa oscuridad del mundo participando de ella.

¿Somos seguidores de Jesús, de aquel Jesús que venció al Mundo, o somos meros advenedizos deseosos de participar de la funestas directrices de Mundo, de los placenteros deleites de la Carne y de los siniestros engaños del demonio?

DIACONADO, SÍ !! Y PERMANENTE!!

DIACONADO, SÍ !! Y PERMANENTE!!

El Concilio Vaticano II restauró el Diaconado Permanente en orden al ministerio, ocupando el tercer puesto en la jerarquía eclesial y participando en su ministerio del Sacramento del Orden:


"En el grado inferior de la jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de las manos, no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio. Así, confortado con la gracia sacramental, sirve, en comunión con el obispo y su presbiterio, al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad." (LG 29)

Como oficios propios del diaconado el Santo Concilio señala:

* La administración solemne del bautismo.
* El conservar y distribuir la eucaristía.
* Asistir y bendecir en nombre la Santa Iglesia los matrimonios.
* Llevar el viático a los moribundos.
* Leer la Sagrada Escritura a los fieles.
* Instruir y exhortar al pueblo.
* Presidir el culto y la oración de los fieles.
* Administrar los sacramentales.
* Presidir los ritos de funerales y sepelios. (LG 29) 

San Policarpo de Esminra exhortaba a los diáconos a ser "misericordiosos, diligentes, procedan en su conducta conforme a la voluntad del Señor, que se hizo servidor de todos".

El diácono tiene entidad propia, trabaja en los ministerios que le ha señalado el Obispo, trabajando en una misión que ha recibido de Cristo por el Sacramento del Orden. Tiene un poder que lo cualifica para el ministerio, que no recibe del obispo, sino de su calidad de participante, por el Orden, en la jerarquía. "De esta manera, comparte con el obispo y los presbíteros, a nivel de las características que configuran a cada uno, las misión pastoral de la Iglesia".

El diácono, pues, no es persona que adorna, luce o deba ser manipulada por sus superiores Jerárquicos. Su Orden es sagrado, y de ahí que cualquier utilización de su ministerio fuera de su misión es sacrílega. De igual modo, debemos decir, severamente, que la utilización de sus ornamentos sagrados por personas no ordenadas es un grave sacrilegio.

El diácono, pues, es sal viva en medio de un mundo desgarrado; es alimento de esperanza para los sufrientes y desesperados de la tierra; es piedra conciliadora en la estructura eclesial. Porque el diácono, en su carisma y ministerio propio, es imagen de Cristo para el mundo.Siempre en comunión con su obispo y presbiterio.

¡DIOS CON NOSOTROS! ¿O NO?

¡DIOS CON NOSOTROS! ¿O NO?

En estos tiempos en los que las Iglesias han sido cerradas para el culto de los fieles. 

En estos tiempos en los que se da una importancia extraordinaria a un virus con cierta mortalidad, dejando olvidados a los que diariamente mueren de hambre, a los que pierden sus vidas en las guerras, a los que viven en la miseria, a aquellos que siguen siendo asesinados en los vientres maternos, a los que por la edad han sido excluidos de la asistencia que precisan.

En estos tiempos en los que se impone la autoridad política frente a los derechos fundamentales de los seres humano.

En estos tiempos algunos se preguntan ¿dónde está Dios?, y olvidan que Dios se hace presente siempre y en todo lugar. Personalmente presente, aunque hoy tan ausente, en los Sacramentos que se nos niegan. Y no se preguntan, ¿por qué los "hombres" no cumplen la voluntad de Dios?

En estos tiempos en los que nuestra amada Iglesia Católica sido confinada, obligada a ausentarse en la vida social y pública.

En estos tiempos, Dios sigue con nosotros. Cientos de sacerdotes mueren y enferman por no negarse a auxiliar a los más necesitados. Miles de religiosos mueren atendiendo a nuestros enfermos sin atender a otros criterios que a la Caridad debida. Cientos de Millones de cristianos siguen orando y ofreciendo sacrificios por la salvación de los "hombres". La Iglesia Católica sigue ofreciendo auxilio a pesar de tantas dificultades impuestas por el orden político.

En estos tiempos, Cristo sigue mirándonos desde la Cruz, y María sigue orando por nosotros a los pies de ella. 

¡Jesús crucificado!

Oración de San Pío V a Jesús crucificado



Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tus oídos y escúchame, así como escuchaste al Padre en el Monte Tabor.


Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tus ojos y mírame, así como miraste desde lo alto de la Cruz a tu Madre querida, afligida por el dolor.


Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tu boca y háblame, así como le hablaste a San Juan cuando le diste por hijo a tu Madre.


Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tus brazos sagrados y abrázame, así como los abriste sobre el árbol de la Cruz para abrazar al género humano.


Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tu corazón, recibe el mío y concédeme lo que te pido, si tal es tu Voluntad.


Amén


PASCUA Y.....

PASCUA Y.....

Vivimos la Pascua del Señor. Es decir, el paso de Dios por el mundo en la persona de Jesucristo.

Esta afirmación, apoyada en la fe, en la realidad histórica de la tumba vacía y en el testimonio veraz de aquellos que comieron y bebieron con Él tras la resurrección de Jesús, nos lleva a recordar que nuestras vidas están en la mano de Dios. Jesucristo es la Vida, vencedor de la muerte y vencedor del Mundo.

Nuestras vidas se descomponen ante los acontecimientos diarios, ante tantos problemas y preocupaciones que llegan a obsesionar a nuestra mente oscureciendo la vida interior y el alma misma.

"Quien quiera conservar la vida la perderá". Somos meros transeúntes en este Mundo. Nuestros años son efímeros, pero sin embargo nos aferramos a ellos, queremos encadenarnos al mundo y apoderarnos de él en una eternidad por naturaleza inalcanzable. 

Nos olvidamos completamente de quienes somos en verdad, de quienes, nuestros mayores, nos enseñaron a ser, regalándonos el ser Hijos de Dios por la gracia bautismal.

Peregrinos en este Mundo donde impera el egoísmo, la avaricia, la prepotencia y todo tipo de males, deseamos quedarnos en él, olvidando a Dios. Olvidando que esta gracia sobrenatural que nos han dado nos empuja a la verdad más profunda, y tan olvidada, de que somos y seremos para siempre, pero no en este mundo.

Como hijos de Dios que somos estamos llamados a la divinidad. Divinidad que ya se nos anticipa en los Sacramentos. Divinidad que se realizará en cada uno de los que confían en Jesucristo Redentor. Pues siendo hijos de Dios estamos llamados a ser dioses en el, para toda la eternidad, sobre una nueva Tierra y bajo un nuevo Cielo.

No hay que temer a aquello o aquellos que nos pueden arrebatar la vida, mas bien debemos temer a aquellos que, alejándonos de Cristo, nos pueden arrebatar el alma.

Y como decía nuestro amado Santo Hermano Pedro: "Acordaos hermanos que un alma tenemos, y si la perdemos no la recobramos".

Pues adelante, sin miedo a este Mundo al que ya venció Cristo. Sin miedo a perder esta vida, pues la recobraremos para siempre.

Nocturnidad

Nocturnidad





La noche, la nocturnidad de nuestras acciones, queda sujeta al sueño tal y como la vida queda sujeta a la muerte.

Pero si contemplamos la noche tal y como es, un mero espacio de tiempo en el que media esfera terrestre queda ocultada del sol por la otra mitad, entonces descubrimos la nocturnidad como una posibilidad de reflexión y contemplación.

Me gusta la noche, pero aun dentro de la aparente visión de tranquilidad y sosiego tras el día alumbrado por nuestra especial estrella, el sol, hay otro medio mundo que recobra su frenética y espantosa actividad.

"El sueño, hermano de la muerte", nos invita al descanso, a cerrar los ojos ante la oscuridad que se cierne sobre aquella mitad de la tierra que espera el reparo de la fatiga del cuerpo, de la mente e incluso del alma.

El sueño es lugar de encuentro con los ángeles que nos acompañan y sosiegan ante la necia oscuridad que verdaderamente nos invita a mirar al cielo.