DEVOCIÓN MARIANA
Nuestra devoción a la Virgen María tiene un sentido profundo y último, siempre conectado al gran amor que Dios ha derramado sobre nosotros en la persona de Cristo.Es el divino designio de nuestro Redentor el que pone a María en nuestro camino. Es Él, Jesucristo, quien elgije a María desde antes de todos los tiempos. No podemos pretender rebuscar en la inteligencia de Dios las razones que le impulsaron a realizar, de esta forma determinada, una obra de redención tan peculiar y significativa sobre el género humano.
Los judíos, los del tiempo de Jesús y los de ahora, no acepan a Jesús entre otras cosas porque sabían de donde procedía y quienes eran sus padres. Para ellos era inconcebible la encarnación de Dios sin una muestra sensitiva y patente de su poder sobrenatural, de forma que el Dios con nosotros debía de aparecer misteriosamente desde el desierto o un lugar desconocido sin que nadie pudiera descubrir cual era su procedencia real.
Es Dios en Jesucristo el Hacedor de la Historia. Es Él el que desde el génesis del universo alzaba su mirada omnímoda y veía que todo era bueno. Es nuestro Dios el que elige el virginal vientre de María para su encarnación. ¡Uno de nosotros Madre de Dios!; incomprensibe, inalcanzable a nuestra inteligencia.
A pesar de muchas dificultades, la devoción a la Madre de nuestro Señor ha ocupado siempre un papel primordial en la vida de la Iglesia, Pueblo de Dios reunido en torno a los sucesores de los Apóstoles, que bajo la dirección del Espíritu Santo ha superado todas las acechanzas y embestidas de sus enemigos hasta el día de hoy.
Es el Pueblo de Dios el que ha conservado la fe inquebrantable e inalterada por casi dos mil años de andadura, siempre bajo el apacentamiento y pastoreo de los apóstoles, y de una forma singular del vicario de Roma. Y esta fe ha situado a María como Madre de Cristo y de la Iglesia, uniéndola de una forma indeleble al misterio de Cristo y de su Iglesia.
Hoy, algunos pastores de la Iglesia, han venido a decirnos que no es conveniente el uso de ciertos términos en nuestra devoción a María. Los grandes Santos marianos siempre habían anunciado que frente a María no cabe de peligro de exaltación o elogio puesto que "más que María sólo Dios". La inconveniencia de tales usos viene justificada por dos razones: a) "se produce una comprensión errónea de la figura de María"; y b) "a veces se cambia su significado o se pueden malinterpretar".
Creo que los únicos que alcanzan una comprensión errónea de la figura de María son aquellos que se revuelven ante un exultante amor de los hijos hacia su Madre; Creo que aquellos que cambian su significado y malinterpretan las expresiones de amor mariano son los mismos que llevan siglos protestando por una u otra cosa. Frente a María no caben reparos, es Dios quien ha realizado su obra, no los hombres. Frente a María toda exaltación es poca, porque exaltar a María es exaltar a su Hijo. María no alcanza título ni protagonismo alguno por su propia voluntad sino por la Palabra del mismo Dios que la visita, tal día como hoy.
El misterio de Cristo es el misterio de María. Ella no es el Verbo Encarnado; es la Madre del Verbo Encarnado por designio de Dios. Ella participa en la obra redentora de su hijo de una foma exclusiva y única que su propio hijo ha determinado. Ella que ha sido "uno" con el Verbo al que ha concebido virginal pero encarnadamente en su seno, no puede ser desprendida de cualquier título que se le confiera a su hijo; no por decisión humana sino por designio de Dios.
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