MEDIADORA
En 1971, la Sagrada Congregación para el Culto Divino aprobó la misa que lleva por título Beatae Mariae Virginis gratiae Matris ac Mediatricis.
La devoción a la Virgen María como Mediadora de todas las gracias no es un constructo humano realizado en un momento preciso del tiempo. Más bien debemos de reconocer que la mediación de María es la forma querida por Dios para realizar de la manera más eficiente posible la salvación de las almas; porque lo que Dios quiere es que todos se salven. Esto siempre ha sido reconocido por los cristianos de todas las generaciones, que han entendido plenamente que la mediación de María no merma ni oscurece la única mediación de Jesucristo que como verdadero Dios y verdadero Hombre es el único mediador entre el Padre y la Humanidad herida.
Nadie puede venir ahora a desdecir lo que el Magisterio y la Tradición de la Iglesia ha reconocido a lo largo de dos milenios. Quizás resulte que en nuestro tiempo, algunos, tampoco tantos, piensan que cualquier cosa vale con tal de que el movimiento ecumenista no perezca ante la negativa protestante de no aceptar nada de lo que ya en su momento rechazaron.
María es Madre de Dios y Mediadora nuestra, la Iglesia es mediadora, cada uno de nosotros somos mediadores cuando por la gracia de Dios servimos como inútiles instrumentos en la labor de evangelización del mundo. Y esto es así no porque sea necesario, para el Todopoderoso nada es necesario ni imprescindible; esto es así porque así Dios lo ha querido y así se ha manifestado en nuestra historia. Que toda mediación entre Dios y los hombres está subordinada a la única mediación que realiza Cristo universalmente a través de la historia es algo que el Pueblo de Dios no necesita que se le sea aclarado, lo entiende perfectamente como siempre lo ha entendido y así lo ha manifestado a lo largo de dos mil años.
Jamás a ningún católico se le ha ocurrido que la acción y gracia de María es paralela e independiente de la acción salvadora y redentora de su Hijo Jesucristo. Se trata de todo lo contrario, el católico cuando mira a María mira a Cristo y cuando mira a Cristo mira a María, porque ha sido la voluntad de Dios y no de los hombres poner a María como clave en el misterio de la Encarnación, que en palabras de San Juan Pablo II es "el acontecimiento fundamental en la economía de la salvación, o sea, la encarnación del verbo en la anunciación".
San Juan Pablo II en su en cíclica "Redemtoris Mater" establece que:
- "La Iglesia recibe copiosamente de la mediación materna, que es característica de María".
- "En el caso de María se tratade una mediación especial y excepcional, basada en su plenitud de gracia".
- "María se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. Se pone "en medio", o sea hace de mediadora no como persona extraña sino en su papel de madre."
- "La mediación de María tiene un carácter de intercesión."
- "Cuando María está junto a la cruz de su hijo se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada por ella misma; de este modo María mantuvo fielmente la unión con su hijo hasta la cruz".
- "Este fiat de María - "hágase en mí" - ha decidido, desde el punto de vista humano, la realización del misterio divino.
- "En el misterio de Cristo María está presente ya antes de la creación del mundo, como aquella que el Padre ha elegido como madre de su Hijo en la encarnación".
La reflexión en torno al misterio de Cristo es inagotable, y en María se realiza especialmente este misterio. El amor, devoción y culto que el buen cristiano debe a María, su madre, debe ser inagotable también. Bajo el amor de la Madre de nuestro Salvador continuaremos acercándonos a los brazos amorosos de nuestra buena y dulce Madre que nos sostiene.
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