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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2011.

BENEDICTO

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No debemos caer, los católicos españoles, en  la actual corriente laicista que inserta, en muchos casos, sus inicuos humos en el seno más íntimo de nuestras comunidades. Me refiero a la indiferencia que se manifiesta respecto a las enseñanzas y palabras del Papa Benedicto XVI , es más, al hecho que la propia persona del Papa se ignora como Vicario de Cristo, cabeza de la Iglesia y sucesor de Pedro.

Cuando asistimos a noticias o presenciamos comentarios sobre palabras de nuestro amado Papa, éstos suelen ser en la mayoría de los casos peyorativos, y en el mejor de los casos breves brisas que se vanalizan y se rebajan a la condición de la indiferencia.

Se habló en su día del viaje de Benedicto XVI a España en su visita a Santiago y a Barcelona. Poco quedó después de la tergiversación malintencionada de sus palabras y de la inicua manipulación a la que siempre son dados los entes mediáticos. La pena en todo esto es que los católicos poco hacemos para contrarrestar el grito de mal, mal que se enraiza y profundiza en nuestra sociedad cuanto más el bien calla.

Las palabras de nuestro Santo Padre, sus enseñanzas y comentarios deben ahondar en nuestros corazones y deben encontrar amplificación en el testimonio vivo de nuestras personas. Para muestra, he recopilado textualmente algunos de los mensajes e ideas que Benedicto XVI sembró entre nosotros (que aprendan a leer y a escuchar aquellos que adoran el arte de la terjiversación):

 

"En lo más íntimo de su ser, el hombre está siempre en camino, está en busca de la verdad. La Iglesia participa de ese anhelo profundo del ser humano y ella misma se pone en camino, acompañando al hombre que ansía la plenitud de su propio ser. Al mismo tiempo, la Iglesia lleva a cabo su propio camino interior, aquél que conduce a través de la fe, la esperanza y el amor, a hacerse trasparencia de Cristo para el mundo. Ésta es su misión y éste es su camino: ser cada vez más, en medio de los hombres, presencia de Cristo, "a quien Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia santificación y redención". Por eso, tambien yo me he puesto en camino para confirmar en la fe a mis hermanos."

 

"También yo quisiera invitar a España y a europa a edificar su presente y a proyectar su futuro desde la verdad auténtica del hombre, desde la libertad que respeta esa verdad y nunca la hiere, y desde la justicia para todos, comenzando por los más pobres y desvalidos. Una España y una Europa no sólo preocupadas de las necesidades materiales de los hombres, sino también de las morales y sociales, de las espirituales y religiosas, porque todas ellas son exigencias genuínas del único hombre y sólo así se trabaja eficaz, íntegra y fecundamente por su bien."

 

"Entre verdad y libertad hay una relación estrecha y necesaria. La búsqueda honesta de la verdad, la aspiración a ella, es la condición para la auténtica libetad. No se puede vivir una sin otra... sin esa aspiración a la verdad, a la justicia y a la libertad, el hombre se perdería a sí mismo."

 

"Para losdiscípulos que quieren seguir e imitar a Cristo, el servir a los hermanos ya no es una mera opción, sino parte esencial de su ser. Un servicio que no se mide por loscriterios mundanos de lo inmediato, lo material y vistoso, sino porque hace presente el amor de Dios a todos los hombres y en todas sus dimensiones, y da testimonio de Él, incluso en los gestos más sencillos."

 

"El amor indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural. Sólo donde existen el amor y la fidelidad, nace y perdura la verdadera libertad. Por eso, la Iglesia aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realñización; para que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado; para que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción; para que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente. Por eso, la Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar."

 

"Os pido que sigáis socorriendo a los más pequeños y menesterosos, dándoles lo mejor de vosotros mismos."

 

"Es imprescindible que los nuevos desarrollos tecnológicos en el campo médico nunca vayan en detrimento a la vida y la dignidad humana, de modo que quienes padecen enfermedades o minusvalías psíquicas o físicas puedan recibir siempre aquel amor y atenciones que los haga sentirse valorados como personas en sus necesidades concretas."

 

"He deseado abrazar a todos los españoles, sin excepción alguna, y a tantos otros que viven entre vosotros, sin haber nacido aquí."

 

Benedicto XVI - España 2010

 

 

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EDUCACIÓN

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En la actualidad nos enfrentamos, queridos amigos, a la ideologización de todas las dimensiones de la vida. La negación de lo trascendente obliga a articular una sistematizada ideología que supla el anhelo insaciable de verdad y vida que conforma lo más profundo del ser humano.

 

La educación hoy no pretende formar seres humanos, no pretende configurar y preparar a la persona para su realización en la plenitud de su ser, o cuanto menos dirigirla a ello. La educación no es vínculo y camino para la felicidad. La educación queda reducida al mero talante de la ciudadanía activa y a la pacífica convivencia democrática, a las cuales el futuro ciudadano accederá a través de unas mínimas competencias básicas.

 

La verdad de la vida queda reservada a un selecto grupo de personajes (éstos si áltamete cualificados y formados) que lejos de haberse limitado a esa ciudadanía y competencias básicas se erigen como guardianes y "sacerdotes" del conocimiento supremo que sólo a ellos les está reservado y que solo ellos son dignos de administrar para las numerosas masa de ciudadanos basicamente competenciales.

 

Frente a esta ideologización que unde sus raíces en las más ancestraces actitudes masónicas, Cristo se revela como el portador de la Verdad y Vida Universal. Verdad y Vida cristiana destinada a todos y cada uno de los seres humanos, especialmente a aquellos menos competenciales, menos ciudadanos y menos activos.

 

La educación desde el prisma cristiano es fruto del amor y de un amor incondicional por el prójimo y por ende por toda la familia humana. Enrique Gudín de la Lama publica en los Cuadernos Ucanca Documentación una reflexión sobre la que presento un estracto, y que nos permitirá cuanto menos valorar la enorme distancia que separa la promoción cristiana de la ciudadanía activa:

 

"Educar no es fácil porque esos seres minúsculos, cuyos padres y madres acunan amorosamente embobados, no son un paquete de células envueltos en pañales, ni máquinas complejas con funciones vegetales y animales; y tampoco autómatas a los que se les puede instalar los programas necesarios que repetirán lo que han de hacer una y mil veces sin salirse un milímetro de aquello... Ni siquiera son personas adultas en miniatura que deseen (o acepten) ser educadas. Y muchísimo menos son el zorro del Principito que solicita ser domesticado después de haberle cogido cariño...

Son personas, seres humanos, con todas sus potencialidades abiertas, que ni se han planteado ni se plantearán hasta adquirir cierto grado de madurez, para que están en este mundo y si necesitan o no ser educados.

Educar, ayudar a que un niño, un adolescente, adquiera virtudes, no es trasvasar conocimientos a sus cerebros o someter a ciertas actitudes a sus personas.

Resulta evidente que, hasta en las circunstancias más ordinarias y elementales, la tarea educativa depara sorpresas y situaciones inesperadas, y que es imposible enfrentarse a ellas pudiendo consultar el manual del buen educador -que por otra parte no existe-. Sin embargo, saldremos con éxito de ellas (aunque puede que no acertemos a la primera) teniendo presente una idea madre elemental e imprescindible: lo primero de todo es querer. Querer a quien educamos. Si no, les instruiremos, informaremos, trasmitiremos, capacitaremos, les haremos competentes... pero no les educaremos."

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