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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2010.

LITURGIA

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Acabo de leer un libro estupendo. Creo que es de obligada lectura para todo reyente que desee descubrir, recuperar o mantener el profundo sentido que la liturgia tiene en la vida del católica y el insustituíble fundamento que conforma en el depósito y trasmisión de nuestra fe.

Todo lo que dijera sobre lo que he leído desvirtuaría de alguna manera el sentido preciso del autor. Solo indicar una realidad ineludible, por desgracia tan poco tenida en cuenta en nuestros días:

"En realidad es Jesucristo el que hace la sagrada liturgia con el Espíritu Santo".

Jamás he recomendado una lectura desde este blog. Aquí se impone más que una recomendación una exortación, y es que me veo obligado a ello.

 

¡Léanlo!

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CRISTIFICACIÓN

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El camino de seguimiento de Cristo implica ineludiblemente una transformación. Transformación plena, cósmica, crística. Configurándonos en Cristo nos adherimos a Él, alimentándonos con su Cuerpo y con su Sangre nos transformamos en él. "Y todos nosotros, con la cara descubierta, reflejando como en un espejo la gloria del Señor, nos transformamos en su misma imagen, resultando siempre más gloriosos, bajo el influjo del Espíritu del Señor" (2 Cor. 3, 18).

La cristificación es consecuencia propia del camino de la Fe. Más allá de la simple consideración de los misterios, más allá de la lógica estructuración teológica, más allá de una vivencia eclesial y comunitaria imprescindible, el encuentro y aceptación del amor que Cristo derrama sobre cada uno de nosotros pendiente en la Cruz es, a través del Espíritu Santo, el motor transformador de toda dimensión de la existencia creyente. Fuera de la contemplación y experiencia personal y comunitaria del amor de Cristo inmanente y emanado en la Cruz, toda actividad, proyecto o programa no puede sino convertirse en esteril y vanal.

De tal forma vive esta experiencia de cristificación San Alfonso Mª de Ligorio que exclamará:

 "Este amor es aquel que hace salir fuera de sí a las almas buenas, y las hace quedarse atónitas cuando se les da a conocer. De aquí nace el deshacerse y abrasarse sus entrañas; de aquí desear los martirios; de aquí el sentir refrigerio en las parrillas y el pasearse sobre las brasas como sobre rosas; de aquí el desear los tormentos como convites, y holgarse de todo lo que el mundo teme, y abrazar lo que el mundo aborrece.

 ¡Oh Cruz!, hazme lugar y recibe mi cuerpo y deja el de mi Señor. ¡Ensánchate, corona, para que yo pueda poner ahí mi cabeza! ¡dejad, clavos, esas manos inocentes y atravesad mi corazón y llagadlo de compasión y amor!

¿De donde nos vienen tantos bienes sino de la ´Pasión de Jesucristo? ¿Donde se funda nuestra esperanza de perdón, la fortaleza contra las tentaciones y la confianza de alcanzar la salvación? ¿Dónde tiene su fuente tantas luces de verdad, tantas llamadas amorosas, tantos impulsos para cambiar de vida y tantos deseos de entregarnos a Dios, sino en la Pasión de Jesucristo? Sobrada razón tenía, por tanto, el apóstol cuando lanzaba anatema contra quien no amase a Jesucristo: <>(1Cor 16,22)"

 

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MEMORIA

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Si! es lícito que hagamos memoria. Recordemos que no todo tiempo pasado fue mejor, y dejemos nuestros pesimismos de lado para afrontar los tremendos cambios y retos actuales a los que nos enfrentamos. Memoria, sí, para aprender de aquellos que, con ilimitado tesón, supieron soportar la persecución a Cristo en sus carnes y nos dieron ejemplo del testimonio extremo del cristiano frente a una situación que convierte a la nuestra en poco menos que terreno abonado para la siembra.

 

"La situación de hecho de la Iglesia, a partir de julio pasado, en todo el territorio leal, excepto el vasco, es la siguiente:

a) Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruídos, los más con vilipendio.

b) Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido.

c) Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron.

d) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de clto, los han fundido y aun han aprovechado para la guerra o para fines industriales sus materiales.

e) En las iglesias han sido instalados depósitos de todas clases, mercados, garajes, cuadras, cuarteles, refugios y otros modos de ocupación diversos, llevando a cabo -los organismos oficiales que los han ocupado- en su edificación obras de carácter permanente...

f) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados y destruidos.

g) Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles, hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan sólo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las poblaciones. Madrid y Barcelona y las restantes grandes ciudades suman por cientos los presos en sus cárceles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote o religioso.

h) Se ha llegado a la prohibición absoluta de retención privada de imágenes y objetos de culto. La policía que practica registros domiciliarios, buceando en el interior de las habitaciones de vida íntima personal o familiar, destruye con escarnio y violencia imágenes, estampas, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o lo recuerde.

 

Manuel de Irujo

Ministro de la República

7 de Enero de 1937

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MUERTE

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Vuestra soy, para vos nací:

¿Que mandáis hacer de mí?

 

Soberana Majestad,

eyerna Sabiduría,

Bondad buena al alma mía;

Dios, Alteza, un Ser, Bondad:

La gran vileza mirad,

que hoy os canta amor así:

¿Qué mandais hacer de mí?

 

Vuestra soy, pues me criasteis;

vuestra, pues me redimisteis;

vuestra, pues que me sufristeis;

vuestra, pues que me llamasteis;

cuestra, porque me esperasteis;

vuestra, pues no me perdí;

¿Qué mandais hacer de mí?

 

Veis aquí mi corazón,

yo le pongo en vuestra palma:

mi cuerpo, mi vida y alma,

mis entrañas y aflición.

Dulce Esposo y Redención,

pues por vuestra me ofrecí:

¿Qué mandais hacer de mí?

 

Dadme muerte, dadme vida,

dad salud o enfermedad,

honra o deshonra me dad,

dadme guerra o paz crecida,

flaqueza o fuerza cumplida,

que a todo digo que sí:

¿Qué quereis hacer de mí?

 

Vivo sin vivir en mí,

y, tan alta vida espero,

que muero porque no muero.

 

Vivo ya fuera de mí,

después que muero de amor,

porque vivo en el Señor,

que me quiso para sí.

Cuando el corazón le di,

puso en él este letrero:

"Que muero porque no muero."

 

¡Ay, qué larga es esta vida!,

¡qué duros estos destierros!,

¡esta cárcel, estos hierros,

en que el alma está metida!

Sólo esperar la salida

me causa dolor tan fiero,

que muero porque no muero.

 

Vida, ¿qué puedo yo darle

a mi Dios que vive en mí,

si no es perderte a tí,

para mejor a Él gorarle?

Quiero muriendo alcanzarle,

pues a Él solo es al que quiero:

Que muero porque no muero.

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