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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2010.

ALEGRÍA

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La alegría es un más que un simple sentimiento. La alegría es más que una actitud o una disposición. Alegría no es la simple respuesta emocional a cosas gratas o agradables.

 

Hay una Alegría, sí, con mayúsculas. Es la Alegría que ofrece la simpleza de estar vivo , de sentirse querido, amado. Es la Alegría del que da sin esperar nada a cambio. Es una Alegría fundamentada en el propio valor de la Vida, insuperable, inabarcable. Es la Alegría de la luz que disipa las tinieblas. Es la Alegría de la mansedumbre, de la esperanza, del que se sabe rescatado, protegido, defendido, salvado.

 

Es Jesucristo nuestra Alegría. Sí, ya lo he dicho, es más que una disposición, un sentimiento o una actitud. Es la propia vida que somos, creados, vivos. Descubrir la alegría de la criatura amada, de la criatura que indescriptiblemente amada es asumida por el Creador hasta el punto en que la funde con Él mismo como en nueva Criatura, esta vez con Vida, sí también con mayúsculas.

 

Cristo es la Alegría del alma del Padre (Is.), gozo y Alegría de María (Mt 1,14),  Él completa nuestra Alegría (Jn 15,11), Alegría que ya nadie nos puede arrebatar (Jn 16,22).

 

Así gozamos de la alegría que mueve la esperanza en nuestros corazones. Alegría fruto del Espíritu de Jesucristo que junto con el amor, la paz, generosidad, benignidad, bondad y fe debemos acoger en nuestras vidas.

 

Alegría que Jesucristo nos ha dado y que el mundo pretende arrebatarnos a través del desprecio a la vida, y vida de los más inocentes. Alegría que sólo por quien procede es alegría imperecedera que sobrepasa cualquier injusticia e iniquidad. 

 

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DIFICULTADES

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Hace unos días, en una sana tertulia de sobremesa, hablábamos sobre las dificultades actuales de la pastoral y la alarmista tendencia a la increencia y secularización social. Mi postura es clara, y allí donde estoy la mantengo, Cristo venció de una vez para siempre, y su victoria comenzó clavado en un madero y abandonado de todos salvo de su Madre, una pobre mujer cargada de muchos problemas y un joven desconcertado y desconsolado que contemplaba el fracaso de su maestro.

 

Todos reconocemos a las dificultades a las que nos enfrentamos en el presente, pero, ¿cuándo no han habido dificultades? ¿podemos pensar que nuestras dificultades hoy, como Testigos de Cristo, son mayores que las sufridas por semejantes en cualquier tiempo pasado?

 

Solo recordar un suceso que un amigo me remitía recientemente:"El 25 de agosto de 1936 nuestra catedral fue incendiada, dos días duró el fuego. Y la Cruz, como era de hierro, con obuses la destrozaron. Desde el viernes 30 de julio de 2010, la Cruz vuelve a estar en su sitio. Es verdad los que nos dice el Señor: "No temas, pequeño rebaño".

 

 

 

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Asunción

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Hoy es Domingo 15 de Agosto día de la Asunción de Nuestra Sra. la Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra. Este pueblo que a lo largo de los siglos a venerado, honrado y defendido los misterios de la Santa Madre de Jesucristo, hoy renueva con ferviente esperanza los votos de devoción y entrega a la purísima Virgen María.

 

Algunos se enfrentan a problemas a la hora de asumir en sus vidas los misterios que la Iglesia nos presenta como verdades de fe. Nunca entenderé como se puede aceptar el misterio más grande y poner pegas, problemas y objeciones a misterios que frente al gran misterio de Dios y su encarnación, quedan como gota de agua diluída en el gran océano.

 

El depósito de la fe llega intacto hasta nuestras manos, accede en nuestra inteligencia y penetra en nuestros corazones como alimento que recibimos de la Esposa engalanada con la sangre de los mártires. Así, fiel al sentir y a la fe testimoniada desde los primeros tiempos, el papa Pío doce, de feliz memoria, en la Constitución Apostólica Munificentíssimus Deus proclamaba:

 

"La augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano, desde toda la eternidad, por un mismo y único decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, asociada generosamente a la obra del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, alcanzó finalmente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como reina a la derecha de su Hijo, el rey inmortal de los siglos."

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REAL

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EL MUNDO REAL ES EL DEL 80% DE LA POBLACIÓN MUNDIAL QUE MAL VIVE CON EL 15% DE LAS RIQUEZAS DE NUESTRO PLANETA. EL MUNDO REAL ES EL DE LOS 220 CONFLICTOS ARMADOS EN EL MUNDO QUE EN LOS ÚLTIMOS 50 AÑOS HAN DEJADO 87 MILLONES DE MUERTOS Y MUCHOS MILLONES MÁS SUFRIENDO VIOLACIONES EN SUS DERECHOS HUMANOS FUNDAMENTALES.

 

 (Elias López S.J.)

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Toros

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De pequeño me gustaban los toros. Nunca me entusiasmaron, pero me gustaban. Quizás porque desde que tuve uso de razón y durante algunas temporadas acompañe a mi padre, que Dios lo tenga en su gloria, a las corridas veraniegas que se celebraban en la plaza de toros de Benidorm.

 

Claro, mi padre era veterinario, sí también el veterinario de la plaza. A veces nos llevaba, a mi y mis hermanos, el día anterior a ver la revisión de los toros en chiqueros. Despues de las corridas, siempre bajaba al callejón a ver que podía encontrar; me hacía mucha ilusión encontrar algún objeto olvidado ó deshechado (recuerdo una banderilla rota). Incluso recuerdo que entraba en el matadero de la plaza y, aún con la oposición de mi padre, me escurría para ver como deshollaban y cuarteban a los animales.

 

Ahora, formado como persona, con facultar pura de razón, y a pesar de la nostalgia de mi infancia y los buenos sabores que me trae, no puedo sino estimar como barbarie injustificable la tortura, maltrato y vejación de un animal para diversión y entretenimiento de unos, provecho de pocos y lucimiento de diestros.  

 

La pura razón no puede sino condenar una práctica basada en el sufrimiento, abuso y denigración de un animal, que por otro lado no lo merecería en modo alguno por su nobleza, temple y bravura, para espectáculo y diversión de los más ufanos defensores de la fiesta ensangrentada.

 

Cuanto más si nuestra mirada se torna en mirada cristificada; si nuestro parecer debiera amoldarse al parecer de Jesucristo; si nuestra condición fuera bondadosa, amable y misericorde.

 

A modo de cristiana documentación reproduzco un fragmento del artículo publicado por Armando Rubén Puente (AICA 16/8/10):

 

 Condenas de los Papas
     Pero fue a mediados del siglo XVI cuando los Papas las condenaron.

     En 1567 san Pío V decretó en la bula “De salutis gregis dominici” que quienes participaran o presenciaran las corridas de toros incurrían automáticamente (“latae sententiae”) en la pena de excomunión.

     Pocos años después, en 1575, ante la reacción de las autoridades en los reinos dependientes de la poderosa corona española  –Castilla, León, Nápoles y Portugal–  que interpretan que el documento pontificio era un ataque a España y una muestra de la “incomprensión” de su “historia y su cultura”, Gregorio XIII moderó el riguroso decreto de su antecesor en el breve “Exponis nobis super”, excluyendo de la excomunión a los laicos que presenciaran el espectáculo, y reservando la sanción solo a los sacerdotes y religiosos.

     Ocho años más tarde, Sixto V volvió a poner en pleno vigor la bula de san Pío V, haciéndose eco de las denuncias de obispos y teólogos españoles acerca de los abusos interpretativos con los que se aplicaba la bula de Gregorio XIII.

     En 1596 Clemente VIII en un nuevo documento, “Suspectus numerus”, levantó todos los anatemas y censuras, reservándolas exclusivamente a los frailes de las órdenes mendicantes.

     Tantos documentos contradictorios originaron durante medio siglo un enorme revuelo, crearon un ambiente apasionado y causaron la desorientación entre los católicos. En ese período Santo Tomás de Villanueva y San Juan de Ávila escribieron condenándolas por “el riesgo de muerte al que se exponen voluntariamente los caballeros que intervienen en ella y los peones que los ayudan” y “la crueldad inútil” y “brutalidad” con que tratan a los animales. Son “restos de antiguas barbaries de siglos pasados, que siguen causando muchas muertes”.

     En 1590 un canónigo de la catedral de Toledo decía: “Es el más peligroso de los espectáculos, donde mueren y se ve morir hombres y se cometen más excesos y pecados”. Y sin embargo, “a pesar de las prohibiciones papales, se siguen corriendo los toros como antes”.

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