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PRESENTACIÓN

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Mi nombre es Alfonso Luis Calvente Ortiz, 41 años, soy teólogo y profesor de religión y moral Católica.

 

La intención a la hora de abrir este blog, no es otra que la de exponer de manera abierta el pensamiento que desde una profunda reflexión teológica he elaborado acerca de distintos problemas y diferentes realidades a las que tenemos que hacer frente en nuestro desarrollo en esta nuestra vida terrena.

 

Invito a todos a contrastar y debatir libremente sobre los temas expuestos, así como atenderé gustosamente a las invitaciones a participar u realizar aportaciones en otros blogs.

 

Un cristiano abrazo,

 

Alfonso Luis Calvente Ortiz.

Tenerife 9 de Mayo de 2008

09/05/2008 13:43 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

MIGRAR, UN DERECHO INALIENABLE

Yo soy inmigrante. Siempre fui inmigrante. Siempre seré inmigrante.

Parece que el propio término inmigración, subjetiviza el problema al que deseamos referirnos, el de las migraciones de seres humanos, pero no desde el punto de vista del propio sujeto emigrante y de las condiciones y causas que provocan el hecho migratorio en si, sino desde la perspectiva del territorio o de la comunidad que los recibe, con agrado o muy a su pesar, desde ese punto de vista la persona es llamada inmigrante.

Así, parece que debo abordar los problemas que acarrea en mi vida la llegada del inmigrante, como va a afectarme, que consecuencias reporta en mi entorno, cómo debo reaccionar, que repercusiones tendrá en los míos. Parece que la situación del inmigrante, su humanidad, sus circunstancias, sus necesidades, etc, son aspectos sí a tener en cuenta, pero, siempre en función del “in” del emigrante, siempre con respecto a mi, a mi bienestar, a mi estabilidad.

Desde la profundidad de mi conciencia no deseo utilizar dicho término sujeto a estas consideraciones. Cuando me refiero a un emigrante estoy refiriéndome a un hermano, a un ser humano, dotado de igual dignidad  que la que ostento, quizás de más. Si debo referirme a él como inmigrante, me referiré a mi mismo como inmigrante también. Inmigrante en la tierra que me vio nacer, inmigrante a la santa tierra a la que me desplacé, inmigrante en este mundo que me acogió y en el que se me ofreció la oportunidad de prosperar, y en el que, lo más importante, se me dio a conocer la esperanza de salvación y la misericordia de nuestro Dios.

Hago presente aquí el texto con el que Pío XII comienza la Constitución Apostólica Exsul Familia: “La familia de Nazaret modelo y consuelo de los refugiados. La familia de Nazaret desterrada, Jesús, María y José, emigrantes a Egipto y refugiados allí para sustraerse a las iras de un rey impío, son el modelo, el ejemplo y el consuelo de los emigrantes y peregrinos de todos los tiempos y lugares y de todos los prófugos de cualquiera de las condiciones que, por miedo de las persecuciones o acuciados por la necesidad, se ven obligados a abandonar la patria, los padres queridos, los parientes y a los dulces amigos para dirigirse a tierras extrañas.”

Vuelvo mi mirada hacia el más sufriente y desesperado de los emigrantes, el más desatendido, el más marginado, el emigrante sin papeles, el emigrante ilegal.

¿Cuál deberá ser mi postura, cual mi acción y respuesta como cristiano frente al hermano, cristiano o no cristiano, judío o samaritano, que empujado por la desesperación decide abandonarse a su suerte en un destino que muchas de las veces se torna más trágico y atroz que el que motivó la decisión de dejarlo todo en busca de la Esperanza?  Tan sumergido me encuentro en mis banalidades, tan absorto en mi mundanidad. ¿Quién es ese que viene a mi puerta y llama? ¿Quién el que se desgarra los nudillos y ensangrienta sus manos de tanto golpearla? ¿Quién el que abandona suspendido su cuerpo en las aguas del Océano? ¿Quién el que yace muerto entre las rocas de nuestras costas? ¿Quién el que abandono su vida en la arena de nuestras playas? ¿Quién es aquella que vende su cuerpo en nuestras calles y carreteras? ¿Un inmigrante? ¿Una emigrante? ¿Quién los ha traído hasta aquí? Son tantas las preguntas que golpean mi inquieto corazón cuando reflexiono en el silencio. ¿Qué me separa de esa playa, de esa roca, de ese Océano, de esa angustia?

La inmensa dicha de poseer la tierra  que asegura la prosperidad de los míos ciega mis ojos y no me permite ver el rostro de la desesperación que empuja a tantos y tantos hombres y mujeres, mayores y niños a abandonar su tierra y emprender la, más de las veces, trágica aventura del sin papeles.

Como cristiano, no puedo dejar de pensar en El, en mi Señor. “Oigo en mi corazón: -Buscad mi rostro.- Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”, rezo en el salmo. El rostro de ese tendido en la playa, el rostro de aquella mujer encajada entre las rocas, el rostro de aquellos que perecieron engullidos por el mar, el rostro de la amargura, del oprobio y de la desesperación, el rostro de esos que llaman a mi puerta. "El que acoge a uno de estos pequeños en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no es a mí a quien acoge, sino al que me ha enviado a mí" repite incansable Jesús.

¿Quién soy yo para poseer la tierra? ¿Quién para poner fronteras entre la miseria de los pueblos y a la prosperidad  de los míos? No puedo tratar el problema de la dolorosa emigración sin tratar el verdadero problema del género humano, el problema de la riqueza. Mantenemos y disfrutamos del 80% de las riquezas de nuestro planeta una pequeña parte de él, el 20%.

El  P. Werenfried Van Straaten en su  libro “Dios llora en la tierra” hace un  recorrido por las miserias que atenazan nuestro planeta y nos plantea un ejemplo revelador de esta cruda realidad en la que participamos: "Diez comensales se sentaron a una mesa, en ella habían dispuestos diez platos de sopa que debían de servirles de sustento para aquel día. En el momento en que iban a comenzar a disfrutar de la comida, dos de ellos, fuertes e inteligentes,  se levantaron y acercaron hacia si ocho de los diez platos, dejando en la insuficiencia y la necesidad a los otros ocho comensales que deberán conformarse con repartirse los dos platos de sopa restantes." Esta injusta situación condiciona toda valoración que en conciencia pueda emitir sobre la emigración, controlada o incontrolada, legal o ilegal. Como cristiano me siento obligado a acoger a todo aquel que en paz llame a mi puerta. Como cristiano debo reconocer en todo rostro el rostro de Cristo, cuanto más en aquellos que huyendo de la desgracia, del hambre, de la guerra, de la injusticia muestran ante mi el rostro sufriente de mi Señor.

La Carta Pastoral de la Comisión Episcopal de Migraciones nos desvela el núcleo preciso desde donde abordar el sufriente fenómeno migratorio: “El problema original no es la emigración, sino la injusta distribución de los bienes”. Y de esta forma debo preguntarme, hasta que punto implico mi persona, mi propia vida en tan injusta situación, qué hago bajo mis limitados e insignificantes recursos, para apaliar el hambre, la necesidad, el sufrimiento y el dolor de mis hermanos, ¿de qué forma enjugo las lágrimas de mi Dios sobre la tierra? Asalta ahora mi mente la escena de la Verónica, ¿qué podía hacer ella frente a la suma injusticia? ¿Cómo podría ella reparar, apaliar tal afrenta, tal sufrimiento inconmensurable? ¿Luchar en fuerza contra los soldados, hacer valer su criterio frente al sanedrín, enfrentarse a toda Jerusalén y al propio Imperio? Ella, humilde Verónica, secó el rostro sudoroso y doliente de nuestro Señor, no hizo más, no podía hacer más, tampoco Jesús le pedía más, pero tampoco se quedo impasible, inmóvil, indiferente. ¿Qué deberé hacer yo? 

En la Instrucción Erga Migrantes Caritas Christi, el pontificio consejo para la pastoral de los emigrantes e itinerantes recuerda que: “El cristiano contempla en el extranjero, más que al prójimo, el rostro mismo de Cristo” Y ese rostro, el rostro de mi Señor que busco y ansío en mi corazón, me interpela y  me implora en el rostro del emigrante sufriente, como a la Verónica, que enjugue su sudor, seque sus lágrimas y de descanso a su rostro con el paño de mis posibilidades.

Las fronteras tal como hoy las entendemos, el fenómeno de los sin papeles, son fenómenos de nuestra modernidad, son consecuencias claras del injusto proceso de globalización al que nos enfrentamos y en el que, muy a nuestro pesar, participamos activamente.

El emigrante sufriente no abandona su hogar por mero gusto, por impulso curioso de asentarse en una nueva tierra. En muchos casos ni tan siquiera ha dejado tras de sí un hogar, huye del infierno, si de un verdadero infierno que ni tan siquiera intento o puedo imaginar. La realidad de ese ser humano que arriba a las costas que habito, que traspasa las fronteras impuestas, en un asfixiante habitáculo de un container, me es ajena. Día a día me reafirmo en negar la realidad del mundo en que habito y que desesperadamente golpea mi puerta. Quiero pensar que Jesús pasará por alto estas omisiones mías, pero bien se que no, “al final de la vida seré juzgado sobre el amor, sobre las obras de caridad realizadas a favor de mis hermanos más pequeños (cf. Mt 25 31-45), y también sobre la valentía y la fidelidad con que haya dado testimonio de Cristo (cf. Mt 10, 32-33).

Estos que hoy vienen y llaman a nuestra puerta son los hijos de aquellos que sufrieron el infierno del S. XX., son los hijos del campo de Valka, del túnel de Seul, de la aldea de Lo-Fong, de los suburbios de Bombay, del barrio de Cholón, de la isla de Mindanao,  de las Navidades de Saigón, de la región de la Seca, de Nisia Floresta, de los alagados del Salvador, de la callampa de Chile, de las favelas de Río, de Kinshahs, Kivi, Isiro y Kinsangani, de la trágica sombra del telón de acero; son los hijos de aquellos cuyo clamor no fue escuchado por la amplia mayoría y hoy ya no soportan lo que sus padres se vieron obligados a padecer, aquella letanía de miseria, dolor y traición, aquellas tristes historias de pueblos indigentes y oprimidos condenados a la más absoluta indiferencia de mi abundancia y bienestar, condenados en esta vida a un infierno sin futuro y sin más esperanza que la de emigrar. 

La realidad relatada por San Mateo de la huída a Egipto de la Sagrada Familia y las trágicas razones de ella, y los posteriores acontecimientos, pueden parecer a muchos una banalización al hacerlas hoy presentes ante la tragedia que suponen los grandes movimientos migratorios provocados por la desigualdad, el hambre y la guerra. Pero las palabras de Juan Pablo II que afirman: "En Cristo, al acoger a todo hombre, Dios se ha hecho "emigrante" por las sendas del tiempo para llevar a todos el Evangelio del amor y de la paz." Me obligan a ver en el mismo emigrante al mismo Dios que se me hace presente y me interpela, me empujan a acoger a todo extranjero desplazado tal y como acogería a la Sagrada Familia que pidiera morada en mi hogar.

Mi conciencia lejos de callar, grita, si ella callara, quizás Cristo hiciera gritar a las piedras ante mí. Debo ser solidario con nuestros países vecinos, hermanos, y ante el flujo migratorio incontrolado, desde ellos, crear en sus propios pueblos de origen posibilidades reales de desarrollo cultural, social y económico, abriendo sin discriminación posibilidades reales de migración controlada que garantice la integración social y cultural en nuestro país, y ante la miseria y la injusticia del mundo real que habito, renunciar a los recursos que deba renunciar en pos de la justa y cristiana preferencia por los pobres, oprimidos, perseguidos y exiliado del mundo, colaborando activamente al desarrollo cívico, económico, social y espiritual de ellos. ¡Claro que esto esta fuera de mi personal alcance!, pero en las medidas de mis posibilidades me veo obligado a promoverlo, defenderlo y contribuir a su establecimiento, en nombre de Cristo y de la Santa Iglesia a la cual pertenezco.

En la absoluta certeza de la Fe, el juicio prometido y  la esperanza de la vida eterna apremian mi caridad y me apremian a promover entre mis hermanos esa caridad.

El propio Catecismo de la Iglesia Católica y el desarrollo doctrinal que a través del magisterio se establece en el seguimiento de la sana doctrina, la Constitución Apostólica “Exul Familia” de Pío XII, encíclicas como  “Pacem in Terris” del beato Juan XXIII, el Concilio Vaticano II y en particular la constitución pastoral Gadium et Spes,  instrucciones pastorales tales como Pastoralis migratorum cura de Pablo VI, las encíclicas de nuestro Santo Padre Juan Pablo II Laborem Exercens, Sollicitudo Rei Sociales o Centesimus Annus, consideran ampliamente el posicionamiento que mi vida cristiana debe adoptar ante la tragedia de mis semejantes. El reconocimiento expreso del “radical derecho de todos los hombre a usar de los bienes de la tierra”, de la “libertad natural de emigrar” son el núcleo moral que debe mover mi acción cristiana frente al reto que representa el fenómeno migratorio que se presenta ante mi vida.

 Sin embargo, en mi vida hasta hoy, poca y escasa consideración es la que he prestado a esta realidad que en esta semana presentamos a reflexión. Hasta ahora, la mayoría de las veces, he actuado como aquellos escribas y fariseos que viendo al prójimo caído en el camino daban un rodeo seguros de encontrar buenas argumentaciones y razones de la miseria del necesitado de auxilio y que sólo gracias al buen samaritano escapó de la segura muerte. “Bajo el pretexto de un posible caos sociopolítico se niega la obligación de acogida “ recuerda la Pastoral de las migraciones en España.

 Se exhiben muchos argumentos sobre los condicionantes de la ayuda internacional, las limitaciones de los recursos de acogida, el interés general, el interés de la nación, de Europa ahora ya más específicamente. No encuentro proyecto socio-político que defienda el interés del ser humano como tal, que presente un proyecto claro y solidario con el hombre. Como cristiano parece que también yo he renunciado a esa posibilidad de sociedad humana que elevando como valores morales la renuncia y el sacrificio se desarrolle en pos de la justicia y la fraternidad. Parece que ya deba conformarme al mal menor de la apacible abundancia de mi vida.

 Me resignaré a la injusta globalización y al capitalismo financiero, daré un rodeo en el camino y me amoldaré a la máxima comodidad, conformando a mi conciencia con las migajas que compartiré con los desheredados. Quizás este fue mi criterio hasta no hace mucho. 

Hoy me enfrento semanalmente a inmigrantes sin nombre, sin historia, miro sus ojos que reflejan la humanidad de una vida, de un pasado, de un amor y de un profundo dolor y sufrimiento. Miro sus ojos que ocultan el camino dejado atrás, tantos nombres, tanto que olvidar, tanto que recordad. Miro los ojos del que a pesar de todo se siente privilegiado, son tantos los que no llegaron, cuantos más los que no pudieron tan siquiera iniciar el viaje, privilegio de una bolsa de plástico con dos panecillos una lata de atún, una de sardinas y algo de fruta.

 El destino de estas personas cuanto menos es incierto, han llegado a nuestra tierra, los hemos retenido cuarenta días en un centro de concentración, decretamos una expulsión inviable y los soltamos a nuestras calles sin posibilidad alguna de encontrar un trabajo legal, son “sin papeles”. Condenados sin juicio previo a la marginalidad, la miseria y la delincuencia. Son carne de explotación, fáciles víctimas de las redes de robo y prostitución, presas empujadas al tráfico de drogas y al trapicheo nocturno.

 ¿Así de sencillo? ¿Así de dramático? ¿Cosas de la globalización y del capitalismo? Puede ser, pero no para mi conciencia cristiana.

 Mi conciencia cristiana hoy grita, soy incapaz de acallarla. Las palabras de aquel cardenal chileno a mediado del S. XX, adquieren hoy más fuerza: “Porque Dios ha hecho la tierra para el hombre, que es el rey de la creación. Todo aquel que no dispone de espacio vital tiene derecho a apropiarse de un pedazo de esta tierra”; reivindicando la justicia, la solidaridad y la fraternidad cristiana. Hoy mi conciencia no descansa ante el contacto de la más negra miseria y la riqueza más despilfarradora de nuestra civilización. Hoy se hace presente el hambre de Kivi, la muerte acechante del ángel Mbwaki, los chiquillos sin leche, la falta de sal, las escenas dolorosas, los hambrientos abriendo tumbas de los asesinados para alimentarse con los restos de cadáveres, las epidemias, la carencia de médicos y medicinas, el horror y la barbarie de la guerra, la carne tumefacta de los cuerpos torturados; hoy la miseria y la indigencia del mundo se presenta a mi puerta, llama con fuerza desgarradora, en un desbordamiento de dolor e injusticia humana. Hoy Dios trae ante mis ojos la realidad que un día me obcequé en negar y en justificar.

Resuene hoy en la profundidad de aquellos corazones, acomodados y despreocupados de sus semejantes, la firme sentencia de la Iglesia de Cristo expresada en la Constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II: "Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. Habiendo como hay tantos oprimidos actualmente por el hambre en el mundo, el sacro Concilio urge a todos, particulares y autoridades, a que, acordándose de aquella frase de los Padres: Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas."

Quiero terminar esta comunicación haciendo mía y adaptando a estas circunstancias una exhortación del P. Van Straaten: Los muertos que no han llegado a nuestras costas, algunos de aquellos que no lograron traspasar las fronteras “tienen nombres extraños: Cirhulwire, Mushangalusa, Nakatiya, es decir: Dulzura, Ternura, Fuente de Alegría ¿Figuran inscritos en la lista de las víctimas del hambre, cuyas muertes claman venganza al cielo? ¿O podemos acaso aplacar aún la infinita cólera de Dios haciendo un esfuerzo supremo para salvar sus vidas? ¡Pobre de la humanidad si llegamos con retraso! ¡Pobre de mi si carezco de generosidad. Y ¡ay de todos nosotros si no comprendemos que la vida del más pobre de esos “pequeños del evangelio” vale más que el bienestar del que disfrutamos inmerecidamente!

 

HUMBERTO - Una Historia y una reflexión.

La cama se le hacia fría y solitaria a pesar del lujoso ajuar que la adornaba y de las numerosas personas que a su alrededor se encontraban. Sabanas de raso cubiertas con un edredón de terciopelo bordado en oro, médicos, enfermeras, conocidos y sirvientes, todo, ya no se hacia notar en su presencia.

 

Hacía varios meses que yacía aquejado de una extraña enfermedad, Sus rollizos noventa y cuatro kilos de peso habían quedado en tan solo cuarenta, huesudos y descarnados. Su bella cabellera rubia se había convertido en cuatro pelos blancos mal colocados cual hilos de telaraña destartalados por el viento.

 

Humberto, que así se llamaba, contaba con cuarenta y cinco años de edad, hijo de una familia adinerada del norte de Valencia había pasado toda su vida rodeado de lujos y facilidades. Las penalidades, el trabajo, el esfuerzo, las dificultades, eran palabras extrañas para él. Sin embargo, en esta hora, tal vida llena de comodidades y placeres se le antojaba vacía.

 

De niño no había tenido más compañía que la de su niñera Carmiña y el grupo de profesores, muy numeroso por cierto, que se ocuparon de su educación. Su padre, hombre de negocios donde lo hubiera, apenas paraba en el hermoso palacete de Villa Engracia, siempre viajando de aquí para allá, ahora en Madrid, otra hora en Tokio. Su madre murió al venir él al mundo, y tan solo guarda su imagen un amplio cuadro al óleo que preside el gran salón de la mansión. Solo, siempre se sintió solo, a pesar que Carmiña, Carmi la llamaba él, lo quería más que a un propio hijo.

 

Todo el amor y ternura que Carmiña le ofrecía, Humberto lo transformaba de una manera innata en odio y resentimiento. Cuando alcanzó los ocho años de edad comenzaron las humillaciones.

 

-         Carmi, no eres más que una simplona, ignorante sirvienta que ni siquiera sabes hacerme el nudo de los zapatos – Le decía toda las mañanas de la manera mas desagradable y despectiva imaginable.

-         Ay, mi niño, cuan falto de cariño y amor estas, ¿qué será de ti en esta vida? Le respondía cariñosamente ella.

 

Su carácter se fue haciendo frío y distante y tan solo una pizca de emoción le brotaba en las mejillas cuando el sufrimiento ajeno se le antojaba profundo e irremisible. Pero tal emoción no respondía a un sentimiento de pena o compasión como sería natural, no, ante la desgracia ajena su corazón palpitaba con fuerza, la cabeza se le embriagaba y un gran gozo se apoderaba de él. Se sentía bien, satisfecho y reconfortado. Parecía que la paz y el sosiego de los  que él no podía disfrutar, se veían compensados por la perturbación y el sufrimiento de su prójimo.

 

Cuando su padre murió, contaba él con dieciocho años recién cumplidos,  durante el funeral sus ojos parecían perdidos y su mente distraída en alguna banal reflexión. Carmiña se le acercó.

 

-         No se entristezca tanto el señor Humberto - así le había obligado a llamarle tras cumplir los quince – Su padre ya goza de la gracia de Dios y la disfruta junto a su santa madre. –

 

-          Que mezquina eres Carmiña, no estoy triste ni apesadumbrado, tan solo estoy reflexionando con que disfrutare más, si despidiéndote en este momento o haciéndote la vida imposible para que de tu propia voluntad abandones la casa.  – Le respondió él.

 

Viendo que Carmiña quedaba petrificada y que no lograba comprender el alcance de sus palabras, le recrimino;

-         Si, mejor que te adelantes tú a la casa y recojas tus cosas, yo llegaré en hora y media, y si todavía permaneces allí ordenaré a los criados que te saquen a la fuerza y arrojen tus pertenencias fuera de la finca. El lunes podrás pasa por el despacho de Don Anselmo a recoger tu liquidación.

 

Dicho esto, se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia el enrejado del pequeño cementerio, un brillo de satisfacción chispeo en sus ojos al modo de estrellas fugaces que encuentran su fin en el principio de su muerte.

 

Tantos recuerdos con los que siempre se había regocijado le pesaban ahora cual losa sobre su corazón. Había perdido la vista y el tacto de sus miembros, tan solo un leve susurro que penetraba en sus oídos y el fluir del aire atravesando sus pulmones le hacían notar que aún permanecía vivo, en su cuerpo, aquel cuerpo que tanto había cuidado y al que no había regateado placer alguno.

 

Tras la muerte de su padre, Don Anselmo, abogado y administrador le hizo partícipe del testamento que el difunto había otorgado. Tal y como él esperaba fue nombrado heredero universal de un patrimonio que según estimaciones del propio Don Anselmo podía alcanzar los ocho mil quinientos millones de pesetas, con una renta anual de unos ochocientos millones.

 

A partir de ese momento Humberto cambio considerablemente de vida. Ya no permanecía recluido la mayor parte del tiempo en Villa Engracia limitándose a esporádicos encuentros con los del Club de Campo. Ahora se dedicaba a viajar acompañado de una chusma compuesta por una clara mayoría femenina y unos cuantos varones siempre menores que él. La vida le transcurría de fiesta en fiesta, de orgía en orgía, y no fue uno el capricho que no dejara de otorgarse tanto en el aspecto vanidoso como carnal. Aunque su forma de vida cambio notablemente, la intención de su corazón no varió ni un ápice durante los diez años que se mantuvo en esta continua bacanal. Siempre maltrato a sus semejantes, siempre procuro envilecer al que lo acompañaba y humillar al que lo servía. De cuando en cuando volvía un par de semanas a Villa Engracia, en donde guardaba reposo y se recuperaba del trajín de su vida.

 

Ahora todo aquello tan lejano, tan distante en el tiempo volvía a golpear con fuerza el abandono en el que se sentía sumido. Sabía que estaba agonizando, sabía desde hacía algún tiempo que nada se podía hacer por su vida. De nada le sirvieron los viajes a los mejores Hospitales Suizos y Americanos, el proceso de su enfermedad desafiaba los últimos adelantos médicos, y aunque en alguno de esos hospitales se le aplicaron tratamientos innovadores tan solo consiguió alargar el sufrimiento que la enfermedad le producía.

 

-         ¡Ay! Humberto -, se decía, - ¿dónde a quedado todo aquello?, ¿qué ha sido de aquella prepotencia que te engrandecía conforme humillabas y menospreciabas a cuantos te rodeaban?, ¿qué te queda ahora sino un enorme vacío que no consigues llenar con pensamiento ni recuerdo alguno?, ¿Por qué este acongojo que apresa tu alma y la sume en un profundo pozo del que ya te es imposible salir? Todo esto es producto de la enfermedad, no es posible que me este sucediendo a mi, yo no merezco esto, yo soy Humberto De Balcarce y Torrelaguna.

 

Don Anselmo había continuado administrando los bienes legados a Humberto hasta el día presente, se hallaba a los pies de la cama conversando con el médico, Dr. De la Fuente, sobre la evolución y término de la extraña enfermedad.

 

-         Hace tan solo seis meses se encontraba esplendoroso firmando unos documentos en mi despacho, ¿cómo es posible verle ahora en tal lamentable estado? – Susurró Don Anselmo

-         Es una extraña enfermedad provocada por una degeneración genética que tan sólo afecta a una de cada diez millones de personas en el mundo. Es un caso de muy mala suerte.- Replico el Dr. De la Fuente con un reconocible tono de impotencia.

 

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(REFLEXION 1ª)  

Amar al prójimo como a ti mismo. Que simple, y que grandeza en el mandamiento que Cristo nos dejó. Si, amaré a Dios sobre todas las cosas, y si de esa manera bien actúo habré cumplido con todos los mandamientos referidos en el antiguo testamento, ¿cómo amando a Dios de tan manera podría faltar a alguno de los 10 Mandamientos? ¿Y entonces que guarda el segundo mandamiento que Cristo nos deja? ¿Qué añade al insuperable amor que debemos tener por Dios? Hoy paseando rezaba por diversas causas y rogaba a Dios apelando a su infinita Bondad y Misericordia que iluminara mi espíritu, amansara mi alma y confortara mi corazón para que apartando de mi todo mal e inspirándome la fuerza del Espíritu Santo pudiera yo vencer las tentaciones, romper las redes que Satanás tiende ante mi y  poder alabar y adorar al Dios Eterno sin cargar más pecados sobre la bendita Cruz con la que nuestro Cristo cargó. Cuando  pensando en mi plegaria y siempre con la Fe y Esperanza puesta en nuestro Señor Jesucristo, he caído en la cuenta de cuan egoísta eran mis deseos. Si, es verdad que oraba por la humanidad, por los malvados para que encuentren el camino de la luz, por los buenos para que no extravíen su andar, por los que sufren para que encuentren alivio, por los inocentes para que sacien su sed de justicia, por mis allegados, familiares y difuntos, pero en el trasfondo de mi plegaria era yo el que deseaba ser salvado y quizás sentía que ese amor que debo dar a mi prójimo es el camino de mi salvación y eso era lo que buscaba en realidad, mi propia salvación desde una perspectiva egocéntrica cuando no egoísta. Y enseguida múltiples cuestiones se acumularon en mis pensamientos, de ahí la necesidad de dejarlas por escrito, ya que la inquietud que tales cuestiones despertaban en mi se me hacían vislumbrar como puertas a un nuevo paso hacia el amor de Dios. ¿Cómo amar a mi prójimo como a mi mismo y desear mi salvación antes que la suya? ¿Cómo amar a Jesucristo que tan infinitamente nos amó y nos ama a todos, los que fueron, los que somos y los que serán, y únicamente ansiar y buscar las herramientas para mi propia salvación y si acaso la de algunos pocos allegados? ¿No será que Cristo me exige más que incluso amar a mis enemigos? ¿No será que para encontrar a Dios deberé encontrar lo que el ama? ¿No sobre cayeron, sobre caen y sobre caerán  todos nuestros pecado sobre la Cruz de Cristo? ¿Cómo acaso no debo ansiar compartir tan dura carga? Y ya no tan solo por el amor que debo a Jesucristo si no por el amor que el me exige hacia mis semejantes. Amaos los unos a los otros como yo os he amado. ¿No debo entregarme yo por mi prójimo? ¿No debo cargar yo con sus pecados? ¿No debo ansiar la salvación de los demás antes que la mía propia? ¿Así deberé ser siervo de todos y entregar mi vida en la búsqueda de la salvación de mis semejantes? Si consiguiera verdaderamente amar a Dios sobre todas las cosas, sería una buena alma, cumpliría con los mandamientos, adoraría y alabaría a mi salvador eternamente, pero ¿sería eso lícito sabiendo que hay hermanos que también son parte de Dios que no han sido capaces de alcanzar su Gloria? Cristo a todos nos amó como a uno, todos como uno debemos implorar su misericordia y cada uno en nombre de todos debe orar y entregarse al altísimo. ¿Cómo pues puedo yo ansiar mi salvación sin contar con la salvación de todos mis hermanos? ¿Cómo yo podría alcanzar la Gracia Eterna dejando parte de lo que Cristo tanto amó sucumbir al fuego eterno y no ofrecerme yo como expiación de sus pecados? Si, podría decir que el Plan Universal de nuestra Salvación confeccionado por el Padre pasa por ahí, pero realmente, aunque así sea, yo deseo amar a Cristo por encima de todas las cosas, entregar todo mi ser a su eterna voluntad ya que a través de El y por la Gracia del Espíritu Santo recibiré al Padre, y amando a Cristo debo amar su Cruz y cargar con lo que en su voluntad esté que yo cargue y no ansiar más que lo que El deseó que es la salvación de todos nosotros, no la de cada uno de nosotros de un modo individual, sino la de todos como hermanos que somos y uno en unión con Cristo Nuestro Señor.

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Don Antonio el Párroco de la Villa entro entonces en la habitación. Por dos veces había intentado suministrar los últimos sacramentos al moribundo, pero en aquellas ocasiones el propio Humberto le había obligado a abandonar la habitación a fuerza de gritos y algún que otro objeto que le había arrojado con sus propias manos, pero ahora le habían avisado que Don Humberto ya yacía inconsciente y prácticamente en como.

 

-         Buenas tardes, la Paz sea con vosotros – Saludó el Padre.

-         Buenas tardes Don Antonio – Respondió  el Dr.

-         Buenas tardes – respondieron casi al unísono y en baja voz el resto de los que se hallaban en la habitación.

-          

Dirigíase al lecho con la intención de asistir al moribundo cuando Don Anselmo le salió al paso.

 

-         Lo siento Don Antonio, no se lo puedo permitir –

-         ¿Qué dice usted hombre de Dios? – Replicó el sacerdote.

-         ¡Mire Padre!  Estas son las últimas voluntades testadas ante notario de Don Humberto – Explicaba el abogado – Después de su última visita, que usted bien recordará, D. Humberto esperando lo que usted intenta hacer dejo bien claro que rehusaba a recibir ningún sacramento que usted o cualquier otro sacerdote procurara suministrarle, declarándose sin equivocación posible agnóstico y declarando que el bautismo y comunión que en su niñez le fueron procurados, lo fueron hechos contra su voluntad.

-         ¡No es posible!  ¡Dios le asista! - Exclamó el Padre –

 

¡No! ¡No! - Se repetía a sí mismo Humberto - No puedo estar tan solo. ¡Madre! ¡Padre! ¿Qué es lo que hemos hecho?

Un gran pozo oscuro y sin fondo se habría dentro de sí. - ¿Qué ocurre? Ya siquiera oigo ruido alguno, ¡no fluye el aire de mis pulmones! ¿Dónde estoy? ¿Qué es esto? – Se repetía con gran desesperación – Todo era sórdido y oscuro, tan solo una inmensa sensación de abandono y desolación le hacía pensar que aún existía.

 

 De pronto, una lejana y sosegada voz le preguntó - ¿Qué traes Humberto?

 

Su mente no funcionaba, no era capaz de articular pensamiento alguno, solo un flujo de sentimientos propios comenzaban a fluir a través de él.

 

-¿Qué traes Humberto? -  Repitió aquella muda pero inapelable voz.

 

Humberto no podía reaccionar, se hallaba perdido en un tupido bosque de odio, resentimiento, desencuentro, vanidad, egoísmo, y tantos otros malos sentimientos que habían dirigido su vida, y que ahora se volcaban sobre él.

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¡Humberto! – Volvió a pronunciarse aquella voz - ¿No traes nada? ¿Qué será de ti Humberto?

 

Y entonces y solo entonces Humberto se dio cuenta de donde estaba y que es lo que había pasado. Y ya sólo sentía ese tupido bosque que le desgarraba desde lo más profundo de su alma. Conforme la desesperación le iba en aumento mas denso se le hacía el bosque que el había creado y tan solo muy de vez en cuando el lejano llanto de un recién nacido llegaba a su sentir haciéndole guardar por un pequeñísimo instante un ápice de esperanza que se desvanecía sin dejar rastro. – ¡Humberto, éste tampoco traerá nada por ti! -

 

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(REFLEXION 2ª)

¿Podría yo gozar de la gracia eterna con tantos y tantos Humbertos? O Señor hazme herramienta de redención o condéname con todos los que no han sido capaces de arrepentirse, porqué mi alma no podrá llenarse de gozo sintiendo a uno solo de mis hermanos sufrir por sus errores que en definitiva son los errores de todos nosotros.

Hoy Cristo abre mis ojos y me repite “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros como Yo os he amado”.

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(ULTIMA REFLEXION)

  ¿No debo entregarme yo a mi prójimo? ¿No debo cargar yo con sus pecados? ¿Deberé ser siervo de todos y entregar mi vida en la búsqueda de la salvación de mis semejantes?. Son cuestiones difíciles y delicadas; parto ahora de donde en aquella ocasión concluía, "Amaros los unos a los otros como Yo os he amado", el Mandamiento Nuevo de Cristo nuestro Señor. De aqíi es de donde creo nacían esas cuestiones, del sentimiento por el que El me muestra cuanto hizo por mi en particular y por todos en general, y cuan poco puedo hacer yo por El y mis semejantes.¿Entonces? ¿Que me quería trasmitir Cristo? "Amaros los unos a los otros" es la parte del mensaje más sencilla y fácil de comprender, pero, ¿cómo? "Como Yo os he amado". Es la segunda parte del Mandamiento el que me revela el error incluído en las cuestiones iniciales, "Como Yo os he amado". Jesús nos ama con divina locura y con infinita bondad, pero El materializa ese amor en el abandono a la voluntad del Padre. No, yo no debo entregarme a mi prójimo (que mal sería interpretado este trozo si se sacara de contexto) de una manera subjetiva y con origen en mi mismo, no, yo debo amar a mi prójimo con desmesura y a Dios sobre todas las cosas, y es a Dios a quien debo entregarme y abandonarme a El para que se haga en mi su voluntad con la predisposición de aceptar voluntaria todo cuanto de El provenga y El ponga como propósito en mi vida ; ¿No debo cargar yo con sus pecado? No, de ninguna manera puedo hacer mío ese propósito, yo debo desear con toda mi alma la unión de todos en uno que es Cristo nuestro Señor, y con ese deseo, entregarme a Cristo y abandonarme en El a su Santa voluntad, con la predisposición a aceptar cuanto el crea conveniente para mi propia salvación y la de todos mis hermanos, y estaré en esa voluntaria predisposición tanto si Cristo desea que le sirva en el cuidado de mi familia como si para mi tuviera destinado el Santo gozo del martirio ; Deberé ser siervo de todos y entregar mi vida en la búsqueda de la salvación de mis semejantes? No, yo no soy digno de tomar tales decisiones, aborrecible soberbia, yo sólo deberé ser siervo de Dios y a El y solo a El debo entregar mi vida en la búsqueda de El y tras los pasos de Cristo Nuestro Señor, con la predisposición aceptada voluntariamente de que El haga útil en mi lo que crea necesario y oportuno sin condición ni limitación alguna.

 

¿Cómo yo podría alcanzar la gracia eterna dejando parte de lo que Cristo tanto amó sucumbir al fuego eterno y no ofrecerme yo como expiación de sus pecados?

 

 ¡Dios mío perdóname! ¡Cómo puede alcanzar tan alta cota la soberbia humana. "Yo" no existe, no soy nada sin ti, Tu lo eres todo, y este insignificante ser que Tu mismo has creado utiliza las herramientas de la razón, divino, gratuito e inmerecido regalo tuyo, para alzarse soberbiamente como si algo pudiera hacer fuera de Ti. Yo me abandono a Ti a través de Cristo nuestro Señor y por la gracia que ruego del Espíritu Santo; ya Cristo nos lo advierte "Quien no se niegue a si mismo y a cuanto le rodea no es digno de Mi". ¿Quien soy para atreverme a cuestionar tus Divinos Planes, tu Divina Justicia y tu Infinita Misericordia. ¡Perdóname Cristo!

 

 

Tenerife 6/3/2003 (Historia comenzada en Dic 2002)

10/05/2008 23:27 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

NUEVO PENTECOSTES

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Hoy Domingo de Pentecostes acudiremos alegres a los templos a celebrar las primeras participaciones activas en la Eucaristía de esos nuestros hermanos más jovencitos. En un nuevo Pentecostes, tan necesario en los tiempos que corre nuestra amada Iglesia en España, me gustaría recordar a aquellos que derramando su sangre en fiel testimonio cristiano, junto a tantos otros acá y allá, se nos presentan hoy como referentes auténticos y actuales del ser cristiano en tiempos difíciles de acoso y persecución:

 

 

 

JALISCIENSES – SIERVOS DE DIOS

Anacleto González Flores

Jorge Vargas González

Ramón Vargas González

Luis Padilla Gómez

Ezequiel Huerta Gutiérrez

 Luis Magaña Servin

Miguel Gómez Loza

 

 

La “CRISTIADA” o resistencia cristiana al abuso de poder de los estamentos político fácticos de México fue fruto de un proceso que arranca con la promulgación en 1917 de la Constitución Mexicana que sentó la base a todo el proceso anticlerical y anticatólico que llega incluso hasta nuestros días. El golpe definitivo contra la Iglesia se asesto por medio de la “Ley Calles”, reforma del Código Penal decretado el 14 de Julio de 1926, y que constaba de 33 artículos todos contra la Iglesia Católica.

Entre otras cosas la ley prohibía enseñar religión en la escuela primaria, emitir votos religiosos, celebrar actos religiosos fuera de los templos, usar fuera de los templos sotana o hábitos religiosos, ejercer actos de culto por parte de los sacerdotes mexicanos, no debidamente registrados y aprobados por la autoridad civil.

El 31 de Julio de 1926, las campanas de todas las Iglesias repicaron por última vez, los templos se cerraron al culto público en todo el país. Los sagrarios se quedaron vacíos y los altares sin ministros. Era en realidad un luto nacional, puesto que más del 90% de la población era católica.

Los cristeros murieron al grito de ¡Viva Cristo Rey! El grito que había nacido oficialmente el domingo 11 de Enero de 1914, en la catedral de la ciudad de México, con ocasión de la proclamación solemne del Reinado temporal de Cristo en México.

 

 

11/05/2008 14:46 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

EXTERIORES

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Hoy está siendo un día bastante completo. Primero he estado planteando junto a mis alumnas y alumno de 4º de la ESO diversos problemas en torno a los Derechos Fundamentales del Ser Humano. ¿Quien queda ya comprometido en la defensa íntegra de los mismos, fuera de la opción cristiana militante? Desde la íntima experiencia de ser de cada uno, la vida se revela como un ser en el otro. La intimidad de nuestras vidas debe ser el fundamento que nos catapulte hacia la búsqueda del otro, dispuestos a ser cada día un poco mejor y dispuestos a ayudar al otro a ser cada día un poco mejor.

Por otro lado se me presentó, con mi pequeña, el dilema que se nos presenta a los cristianos frente a aquellas personas que han decidido vivir para sí, sin más oidos que para su mundo limitado y recluído, sin más ojos que los que sólo desean admirar su ombligo, sin más boca que la catapulta de su vanidad. Para un joven cristiano hoy, tampoco creo que más que en otras épocas, el testimonio y la coherencia de una vida basada en la fe y la confianza en el resucitado se torna cuanto menos difícil y repleta de retos y trampas. La mirada puesta siemrpe en la meta de nuestras vidas es la única referencia que válidamente nos puede mantener en el Camino, aún a pesar de sacrificar el derecho propio cuando se trata de testimoniar el consejo evangélico de la corrección fraterna.

12/05/2008 21:12 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

INTERIORES

¡LLegan hoy el resonar de tantos llantos! ¡Tanto dolor que sin desbaratar mi alegría debo compartir!

Y es que cuando te paras a pensar en la cantidad de bien que puedes hacer y que por unas cosas u otras dejas de hacer, se viene difícil conservar la alegría del corazón. A no ser por la profunda y certera esperanza de que todo será reparado en un futuro próximo, de que todo fue reparado y justificado hace apenas unos siglos.

Me comentaba un querido amigo al comienzo, en la presentación del blog, que creía más necesaria la acción que la reflexión. No cabe duda que algo de razón tiene, tanto llanto, tanta necesidad, tanta injusticia, y tanta alegría para compartir, requieren de una acción comprometida. Pero acción que creo debe partir de una profunda reflexión y de un compromiso personal de vida que sólo puede manar de un enjuiciamiento y una valoración pausada y tranquila, que priorice la acción que debamos emprender. Y para el cristiano no puede haber reflexión sin oración, mejor dicho es imposible la vida sin oración.

Ando tan preocupado por los proyectos a desarrollar en Centroamérica y por como hacer llegar la voz de los sin voz al mundo perplejo de su vanidad. Oración, trabajo, familia, solidaridad, amistad, estudio, descanso, contemplación, servicio. Que importante creo que es reflexionar, ante tanta necesidad y vida creo que sería una irresponsabilidad actuar a lo loco o actuar por actuar. Ver y observar, valorar y enjuiciar, actuar y realizar; sin cualquiera de estas tres necesarias etapas en la acción humana estamos irremisiblemente condenados al error perpetuo de nuestros actos.

13/05/2008 18:51 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

BIEN VS. MAL

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¿Hay algo intermedio entre el bien y el mal, entre Dios y los que contra Él se rebelaron, que pueda circunscribirse exclusivamente al hombre, a la humanidad, que pueda situarse en un nivel u opción intermedia inhibiendose de toda necesidad de opción fundamental por uno u otro?

 

Esta pregunta, ahora así desarrollada, de otro modo se la realizaba al que hasta hoy es mi director espiritual hace ya algunos años. Tras algunas consideraciones, mi buen padrino me animó a estudiar la reflexión a fondo, y me animó a que cuando encontrara una respuesta coherente a ella le participara de la misma.

 

Hoy creo estar en disposición de ofrecerla:

 

El hombre* se nos presenta como ser criatural, criatura, ser creado bajo el inescrutable Plan Divino. El hombre ser espiritual creado directa y personalmente por Dios, el hombre ser carnal perteneciente al mundo en desarrollo como herramienta creacional de Dios, y dotado de una capacidad intelectual que lo conviente en el ser que sabe que es, es en si un ser en realización. Sometido al tiempo el hombre se va realizando, y es en este realizarse en donde a traves de su propia voluntad y determinación va optando más clara o más veladamente por el bien y por el mal.

En este autodefinirse no cabe la imparcialidad. Dios se nos presenta como Amor, sumo Hacedor de la Creación. El mal no es una fuerza intrínsica en si misma. El mal se nos presenta como una negación del bien, un alejamiento del que es el sumo bien, una clara decisión de no servir al Amor supremo que el mismo Creador nos ofrece. Esta es la terrible decisión del primer ángel caído, hoy conocido como Satanás: "No serviré". La decisión de este en un principio ángel no le confiere un poder extraordinario o un principio fundamental de fuerza maléfica, la decisión del Enemigo por excelencia se revela como una negación del bien, del amor, del sumo Bien, un optar por la eterna ausencia del Amor.

 

En este campo, que bien podríamos definir como de batalla, al hombre no le cabe una opción de indeterminación o neutralidad. Toda opción contra el bien es un mal en si misma y toda opción en oposición al mal es un bien en si. ¿Pero y la indiferencia, la autodeclaración agnóstica, de no querer tomar parte? Toda no acción contra el mal se convierte en maligna ya que favorece el alejamiento del bien. Y de igual modo todo bien no realizado, que pudiera haber sido realizable, se convierte en un mal. También debemos tomar en cosideración aquellas situaciones en que el simple no apoyo al mal es un bien en si mismo y la simple permisibilidad del bien hace que nuestra opción sea buena. Jesús en los Evangelios muestra también esta dicotomía y la imposibilidad de permanecer neutrales ante el bien por el que debemos optar: " El que no esta conmigo esta contra mí" (Lc 11,23) ; "El que no esta contra nosotros, está por nosotros" (Mc 9,40).

 

El hombre es protagonista principal en esta realización continua en la afirmación del bien o la opción por el mal. Abrazar el bien o prescindir de él. Mientras queda álito de vida la opción para el hombre queda abierta. Más, tras el velo de la muerte la opción habrá quedado ya definida inamoviblemente.

 

* Cuando me refiero al hombre me refiero al género humano, hombre y mujer (Y Dios creó al hombre, hombre y mujer lo creó. Gen.)

 

16/05/2008 21:42 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

Relativismo

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Estos dos últimos día no pude publicar, aunque el último post aparezca fecha de hoy en realidad es del día 14, sólo que realice algunas modificaciones.

 

He estado dos días en un seminario de profesores del Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias. El encuentro a sido muy edificante y me ha enriquecido extraordinariamente. Los temas tratados han girado principalmente en torno al relativismo actual y a la necesaria razonabilidad de la fe, como opción coherente y  como presentación tolerante del pensamiento y fundamento cristiano.

 

Claro que las dificultades de tales cuestiones no son pocas. La antropología cristiana presenta al hombre como un ser espiritual; espíritu encarnado o cuerpo espiritualizado según diversas reflexiones. De ahí que el presentar un desarrollo del pensamiento que se fundamenta en una realidad espiritual a la que tan solo es posible acceder desde la voluntad de experimentación personal, sitúa un obstáculo difícilmente franqueable frente a aquellos que se empecinan en la negación de todo carácter espiritual del hombre.

 

No obstante no podemos perder la esperanza de razonabilizar toda experiencia espiritual y toda experiencia de fe. La razonabilidad de la verdad que presentamos, debe dirigirse a que cuanto menos intentemos crear en nuestros interlocutores la curiosidad, necesidad o inquietud ante la posibilidad de experimentación de la realidad espiritual que en todo hombre apoyado en su voluntad puede descubrir, ofreciendo así un itinerario o método de acceso a la verdad cristiana que en el extremo de la razón sólo puede ser experimentada.

16/05/2008 22:08 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

¡Ay, Fortea!

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¡Ay, Fortea! Me levanto esta mañana con mis casi 42 años, ¡Tantos perdidos! ¡Tantos, olvidados entre zarzales de espesura indiferente!

Desde la suave bajada que se me presenta tras el promontorio cuarenta, bajada que espero me haga descender hasta las más profundas fosas del dolor y el sufrimiento de mis semejantes, hasta los inexplorados basureros de las grandes urbes subdesarrolladas donde despojos humanos desesperan de una mano amiga, desde esta suave bajada, decía, se me presenta un horizonte maravilloso, todo novedoso, todo por descubrir desde una mirada que ya solo espera depositar su cansado anhelo de amor en los brazos de su Amado.

¡Ánimo José Antonio! Las redes del Enemigo sobrevuelan el meridiano de la vida de los soldados del Amor. Pero el arma de la experiencia y de la certeza final permiten en la madurez de la batalla nuevas victorias que nos llevan a territorios de conquista sin explorar.

17/05/2008 12:23 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

PROFUNDIZAR

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Profundizar en el conocimiento de la sana Doctrina de la Iglesia, que no es otra que la doctrina de nuestro Señor Jesucristo, debería ser hoy, más que nunca, una necesidad irrenunciable, más aún, una obligación para cualquier cristiano que desee acercarse a la contemplación de Cristo resucitado, presente hoy, ayer y siempre en todo acontecimiento en el que el hombre, su amado, se ve implicado. Presente hoy, como lo era ya en las primeras comunidades cristianas, de forma real, y sustancial en la Eucaristía; tan olvidado, sin embargo en otros aspectos de nuestra vida..

 

    En la encíclica "Deus Cáritas est" los principios de Justicia y Caridad, y las relaciones que en la actualidad ambos mantienen en las distintas facetas socioculturales del hombre, se insertan en la verdad que resplandece sobre toda consideración: Dios es Amor.

 

   Dios es amor, y Jesucristo, el amor de Dios encarnado. La Iglesia no puede ser otra cosa que la propia expresión de Jesucristo, y por tanto, la expresión del Amor, la realización humana del amor. Amor a Dios y amor al prójimo como la manifestación del amor Trinitario, que no puede ser concretada más que en el ejercicio de la caridad.

 

    La caridad cristiana va más allá de la reparación y de la restitución, trasciende la simple asistencia benéfica a favor de los que sufren y pasan necesidad. La expresión del Amor no puede prescindir de acto o acción alguna, debe inundar todo pensamiento y necesita abarcar toda dimensión humana. Nuestros actos deberían fundamentarse en la caridad y en el amor de Dios, reflejando así la habitación del Espíritu en nuestras vidas.

 

    Insuperable programa, Dios es amor, la Iglesia es amor, tú y yo debemos dejarnos transformar en ese amor e inundados en él enamorar a la humanidad. Ser la sal de la Tierra, el amor de la humanidad.

 

   "El orden justo de la sociedad y el Estado es una tarea principal de la política". La política de esta forma solo puede lograr su objetivo desde una profunda transformación en el Amor. Esta transformación sólo puede ser conseguida a través de un único camino, la Caridad. Se convierte así en deber cristiano, específicamente del cristiano laico, el compromiso de transformación de la vida política y social hacia su objeto fundamental, la justicia social y mundial, solo alcanzable a través del profundo y verdadero Amor: "Deus Caritas est".

18/05/2008 11:31 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

REFERENTE

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Expongo algunos temas que la Conferencia Episcopal Española indicaba como referentes claros que no debemos perder de vista, y que por desgracia, como ocurre casi siempre con los documentos eclesiales, son noticia unos pocos días y olvidados para el resto:

No son pocos los que en este tiempo, amparándose en un Concilio que no existió, ni en la letra ni en el espíritu, han sembrado la agitación y la zozobra en el corazón de muchos fieles.

 

Es erróneo entender la Revelación como el desarrollo inmanente de la religiosidad de los pueblos y considerar que todas las religiones son “reveladas”, según el grado alcanzado en su historia, y, en ese mismo sentido, verdaderas y salvíficas.

 

 El ser humano acoge como verdadero lo que Dios ha dicho de Sí, precisamente porque lo ha testimoniado Dios, no porque lo desvele la razón.

 

Es necesario mantener que la fe se expresa mediante afirmaciones que emplean un lenguaje verdadero, no meramente aproximativo, por más que sea analógico.

 

Suscitar dudas y desconfianzas acerca del Magisterio de la Iglesia; anteponer la autoridad de ciertos autores a la del Magisterio; o contemplar las indicaciones y los documentos magisteriales simplemente como un “límite” que detiene el progreso de la teología, es algo opuesto a la dinámica de la fe cristiana.

 

Afirmar que Jesucristo es el Verbo de Dios encarnado significa: 1) que Él es Dios, la Verdad última y definitiva; 2) que Él desvela quién es el hombre, en cuanto nos revela la relación necesaria y apropiada con Dios; y 3) que Él es la Verdad absoluta de la Historia y de la Creación.

 

La única Iglesia de Cristo, “constituida y ordenada en este mundo como una sociedad”, subsiste en la Iglesia Católica.

 

No es legítimo separar el Reino de Dios de la figura histórica de Jesucristo, muerto y resucitado y, por tanto, del Padre. Tampoco lo es disolver el significado de la Iglesia como verdadero sacramento de la comunión con Cristo.

 

Se es cristiano precisamente por la fe en la Resurrección de Cristo, principio y causa de nuestra propia resurrección.

 

Hay quien niega la distinción entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial, cuya diferencia “es esencial y no sólo de grado”. Este planteamiento silencia que Cristo es el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza, de cuyo ministerio participan algunos cristianos de manera especial.

 

La doctrina sobre la ordenación sacerdotal reservada a los varones debe ser mantenida de forma definitiva, pues “ha sido propuesta infaliblemente por el Magisterio ordinario y Universal”.

 

La Iglesia también considera “pecados gravemente contrarios a la castidad… la masturbación, la fornicación, las actividades pornográficas y las prácticas homosexuales”.

 

Es contrario a la enseñanza de la Iglesia sostener que hasta la anidación del óvulo fecundado no se puede hablar de “vida humana”, estableciendo, así, una ruptura en el orden de la dignidad humana entre el embrión y el mal llamado “pre-embrión”.

 

Los fieles deben defender y apoyar aquellas formaciones o actuaciones políticas que promueven la dignidad de la persona humana y de la familia.

 

Las obras de carácter asistencial, que movidos por la caridad, impulsan los católicos, deben tener un perfil específico en el que Dios y Cristo no pueden quedar al margen.

 

 

 

20/05/2008 10:34 Alfonso Luis #. sin tema

Relativismo VS Caridad

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Hoy me alcanza el gozo de comprobar como la juventud es portadora de bellos valores sobrenaturales que la hacen sensible al dolor y sufrimiento del prójimo. Jóvenes que se interesan por gente que no conocen, que anda muy lejos, gente que nunca llegarán a conocer, gente cuyo dolor y necesidad conmueve el corazón de estos jóvenes inquietos y despreocupados, en ciertos aspectos, de su vida.

Son jóvenes a los que les resulta muy difícil el acoger, por otro lado, la necesidad de una verdad, cuando todo lo que han bebido hasta su presente ha sido el néctar de lo relativo y del todo da igual, embebidos en la práctica del nihilismo y del hedonismo social.

Jóvenes machacados por el único valor en alza que es la comodidad y el placer, la ley del mínimo esfuerzo y la necesidad de diluir las diferencias individuales y la propia identidad personal en un manemagnum social del todo vale si te divierte y es legal.

Y frente a la mundana oferta que nos hace caer en la esclavitud de una vida de sobreabundancia material, el mensaje de Jesús como salvador y redentor se les muestra inadecuado, difícilmente justificable y arcaico e inadaptado a los tiempos actuales. Claro que no todos los jóvenes se muestran de tal manera, pero si todos se enfrentan a esta realidad que es vivida en la praxis juvenil española y europea. El sexo fácil y seguro, la risa banal y fácil, la renuncia a la seria reflexión frente al criterio de que todo es relativizable, la oferta de una vida sobreabundante materialmente que a la postre se tornará vacía y carente de reflexión que la haya dotado de sentido, todo ello, se les presenta como valores prácticos fácilmente asimilables con poco o nulo esfuerzo.

Sin embargo, se trasluce algo que palpita en los corazones juveniles, algo que les inspira la inquietud de buscar algo más, de querer hacer algo, de descubrir a alguien; quizás al que sufre por ellos, al que los ama sin condiciones, al que se enamoró locamente de cada uno de manera individual y plena, quizás descubrir al resucitado tras los ojos del sufriente, del marginado y desamparado, del que sufre a causa del hambre y el abandono mientras nosotros, todos nosotros, tiramos toneladas de comida y desperdiciamos innumerables recursos sobrantes.

Y mi desasosiego siempre acaba en alegre esperanza, porque sé, a ciencia cierta, que Él ya pensó en ello, que Él continúa con cada uno de nosotros y no nos abandona y nos anima a continuar, a pesar de toda apariencia de derrota parcial en esta guerra que ya se tornó Victoria hace hoy casi dos mil años.

22/05/2008 22:27 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

¡Mujer! y ¡Cristiana!

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Hoy he acudido a la defensa de una tesina que versa sobre la mujer en los Evangélios canónicos y en los Hechos de los Apóstoles. ¡Que maravilla! ¡Sobresaliente!

 

La mujer verdaderamente despreciada por la cultura y sociedad de hace dos mil años es presentada en la máxima dignidad humana a través de María Madre del propio Dios encarnado. La mujer, portadora de vida, recupera el reconocimiento negado a través de tantos siglos y civilizaciones.

 

Bello testimonio el que nos ofrece la pluma de San Basilio, ya en el año 370, sobre Julita, cristiana que sufrió martirio en la persecución de Diocleciano en el año 304, la cual, en el momento de ser ejecutada en la hoguera así decía. " Somos de la misma arcilla que los hombres. Hemos sido hechas a imagen de Dios, como ellos. El género femenino ha sido hecho por el Creador  capaz de virtud igual que el masculino. Y ¿por qué somos semejantes a los varones en todo? Porque no solo fue tomada carne para la constitución de la mujer, sino también hueso de sus huesos. De manera que la constancia, el vigor y la paciencia la debemos al Señor de igual manera los varones que nosotras".

Hoy podemos afirmar sin miedo alguno, que más allá de la verdad recogida y proclamada por Julita, la mujer ha sido colocada en el vértice del género humano, única capaz de virtud inigualable merecedora de portar al propio Dios en su vientre durante nueve meses y únicas capaces de elevar a todas las personas a la dignidad de hermanos en Cristo al concebir a cada miembro del género humano en seno similar al que portó a nuestro Señor en aquellas lejanas tierras de Israel.

24/05/2008 01:08 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

REFERENTE

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Hace unos días me quejaba de la falta de testimonios de vida válidos para los jóvenes y no tan jóvenes de hoy. Al acercarse las fechas en las que iniciaré mi viaje a Centro América con la "Obra Misionera del Santo Hermano Pedro", no puedo sino referirme a la vida que este maravilloso Canario presentó al Padre, en 1667, como maravilloso referente de donación total al prójimo en la Caridad y el Amor de Dios.

 

Claro que esta vida, como la de tantos otros, son actualizadas por testimonios contemporaneos, pero que sin la difusión y conocimiento necesarios pasan desapercibidos para la mayoría de los que tan necesitados estamos de sana inspiración. Ya iremos hablando de ellas:

 

Corría el año 1651 cuando un humile emigrante canario, rodilla en tierra, a las puertas de la ciudad de Santiago de Guatemala, besaba aquella bendita tierra que lo recibía. Cuenta la crónica que en el momento de apoyar sus labios en tierra un estruendoso bramido surgio de las profundidades geológicas y dio lugar a una serie de terremotos que continuarían a lo largo de varios días, de lo que dio razón el tal Pedro de San José de Betancour  por la entrada de tan gran pecador en aquella ciudad y la indignidad de aquellos labios que se posaban sobre esa tierra.

 

Pedro había salido dos años antes de Tenerife. Nacido en un pueblecito montañes de la Isla, Vilaflor, se dedicó en su juventud al pastoreo de cabras y ovejas, quedando constancia ya en esa humilde actividad de la piedad y mortificación con que deleitaba su entrega a Dios.

 

Salió Pedro de Tenerife y se dirigió a las misiones con intención de ordenarse sacerdote, cosa que le fue en todo imposible por su curiosa incapacidad de retener las letras a pesar de su indudable erudicción y espiritualidad misionera: “Ha de ser poderoso lo indomable de esta ruda potencia, para precisarme adejar, lo que comprendí por Dios, por mi salvación, y por amor a el prójimo.”

 

Habiendo ingresado en la Orden Tercera Franciscana, su piedad y devoción fue escándalo entre sus hermanos y conciudadanos. Conmovido por la miseria y abandono de cuantos eran dejados en la calle por los hospitales reales, quiso Dios que fundara con humildes y desvalidos recursos un hospitalito en una casita de techumbre de paja que pudo comprar con limosnas. Aquel, desprovisto de todo recurso material, hospital, hacía las veces de Escuela para niñas por la mañana y colegio para niños por la tarde.

 

No es otra vida la del Santo Hermano Pedro que la de una caridad fervorosa, una entrega incondicional al enfermo, pobre y necesitado, que alcanzaba medida sin parangón cuando con su propia boca limpiaba las heridas supurantes de los convalecientes. Vida de Santo, si, vida en la providencia, rara piedad encontrada sobre la tierra, rodeada de una admirable prudencia y una justicia integérrima y fortaleza constante. Vida toda ella oración, toda ella configurada y abandonada en Cristo, en castísima pureza y pobreza extrema, humildad profunda, raras mortificaciones, extraordinarios ayunos, singulares vigilias y sanrientas disciplinas,  en una profunda devoción y entrega a la salvación de las almas especialmente a las benditas ánimas del purgatorio. Vida enamorada y entregada a María, a la Eucaristía y a los misterios de Dios que descubrió especialmente en la contemplación del misterio de Belén y del Calvario: “De Belén al Calvario, Cristo hizo itinerario.”

 

El 20 de Abril de 1667 Pedro de San José Betancour muere en Olor de Santidad dejando regla de vida a sus Hermanos de Belén, siendo el fundador de la Orden Religiosa de los Hermanos de Belén, eregida en Orden de Hospitalidad de la Bienaventurada Virgen María Señora de Belén por el Papa Clemente XI el 3 de Abril de 1710.

 

“Concedeme, buen Señor, Fe, Esperanza y Caridad, y pues sois tan poderoso, una profunda humildad, y antes y después de aquesto que se haga vuestra voluntad. (Santo Hermano Pedro de San José Betancur).

 

26/05/2008 18:49 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

MARTINI

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Hoy me han dejado la copia de un artículo del diario El Pais, en el que como ya es habitual tergiversan y manipulan el pensamiento, las palabras y la propia identidad, en este caso la del Cardenal Carlo Maria Martini.

 

El titular afirma "Martini pide la reforma de la Iglesia" y como subtitular continúa: "El influyente cardenal elogia a Lutero, difiende el debate sobre el celibato y la ordenación de mujeres y reclama una apertura del Vaticano en materia de sexo".

 

Como ya es habitual en la prensa tergiversadora y manipuladora el artículo se basa en escasos entrecomillados completamente fuera de contexto, y que de ninguna manera responden a la rotundidad de la afirmación expuesta en el titular.

 

El propio articulista manipulador, Juan G. Bedoya, nos da las claves para vislumbrar la realidad que se encuentra tras la noticia:

 

a) "(Martini) Hoy retirado y enfermo -acaba de dejar Jerusalén, donde vivía dedicado a estudiar los textos sagrados, para ser atendido por médicos en Italia-, se limita a pedir a Dios que no le abandone". (Parece ser que Martini no ha hecho nuevas declaraciones, y si se limita a pedir a Dios que no le abandone, ¿cómo puede pedir la reforma de la Iglesia como asegura el periodista?)

b) Martini "vuelve a la actualidad porque se publica en Alemania el libro Coloquios Nocturnos en Jerusalén;" cuyo autor resulta ser Georg Sporschill y no el propio Martini.

 De esta forma el supuesto periodista es capaz de afirmar bajo una foto del Cardenal qu "Martini no entiende por qué Dios hizo sufrir a su Hijo en la cruz", cuando el mismo supuesto periodista es capaz de afirmar que esta intimidad se sitúa tiempo atras en el contexto de pasadas noches oscuras, "recordando las que tuvo Teresa de Calcuta", y a las que la obra se dirige siempre en pasado.

 

Visto lo visto, parece ser que la tarea de algunos que pretenden ser reconocidos comoliteratos y profesionales del periodismo, lejos de dignificar tan honorable profesión, se dedican a la afanosa labor de la desinformación y la manipulación. De ahí que quien esté verdaderamente interesado en el pensamiento e itinerario espiritual del Cardenal Martini, mejor lea la obra por si mismo y saque sus propias conclusiones.

29/05/2008 17:46 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

TRANSFIGURACIÓN

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Jesús de Nazaret; verdadero Dios y verdadero Hombre; segunda persona de la Satísima Trinidad; Verbo Encarnado.

 

Estas descripciones de la persona de Jesús nos hacen asomarnos al profundo misterio de la doble naturaleza de Jesús de Nazaret: divina y humana; y a las distintas cuestiones que sobre esta realidad revelada se nos presenta en la reflexión teológica.

 

Esta tarde estaba hablando con Celia, mi esposa, sobre la posibilidad de error en la vida de Jesús de Nazaret. También nos planteamos si en la realización humana del Nazareno debemos considerar la fe como experiencia y realización de su desarrollo personal.

 

Son temas verdaderamente interesantes, y a los que nos debemos asomar con profundo respeto y humildad. Nada de lo que podamos intuir o discernir, podrá hacernos concebir mínimamente la realidad esplendorosa de la la Gloria de Dios que es manifestada en y por Jesús, el hijo de María.

 

Es de fe revelada que la única persona de Jesús, el Hijo de Dios, el Verbo Encarnado, segunda persona de la Trinidad, es constituída por una doble naturaleza, divina y humana. Naturaleza que no experimenta mezcla ni confusión, pero que forma una única persona.

 

La persona de Jesús se nos presenta como verdadero Dios y verdadero Hombre, pero si Jesús es perfecto hombre, igual a nosotros, salvo en el pecado, deberemos entender que también la debilidad humana que se somete al error (errar es humano), al desconocimiento y a la necesidad del asentimiento de fe, deben haber sido también experimentadas durante su vida terrena.

 

Otro tema de seria actualidad teológica es el problema que surge de la humanidad de Jesús con respecto a su única persona. ¿Qué le falta a la humanidad de Jesús para que por si misma no constituya una persona? Esta cuestión así presentada era lanzada no hace mucho por nuestro querido Obispo como aliciente para la reflexión cristológica de los teólogos contemporáneos.

 

De momento, podemos contemplar y reflexionar sobre la escena que representa la ilustración de este artículo: La Transfiguración. Como bien enseñamos a nuestros alumnos de 1º de E.S.O: "aquella manifestación momentánea de la divinidad de Jesus, habitualmente oculta por su humanidad"

 

 

30/05/2008 22:48 Alfonso Luis Calvente Ortiz #. sin tema

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