Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes al tema SOCIAL.

ESPLENDOR

20120621134055-esplendor.jpg

Cuando intentamos comprender el panorama que contemplamos en nuestro tiempo, es importante discernir con respecto a ciertos presupuestos que no podemos abandonar. La fe que fundamenta los criterios y los valores de los cristianos puede y debe entrar en diálogo con otras posturas que, por diversos motivos, encuentran sus referencias fuera de la experiencia religiosa o de la verdad revelada. Pero lo que tenemos que reconocer es que aquellas posturas que niegan la dimensión espiritual del ser humano y consideran a éste desde distintas perspectivas, siempre, con un transfondo materialista (utilitarismo, positivismo, relativismo, consensualismo, etc.), se mantendrán invariable e irremediablemente irreconciliables con los presupuestos ético-morales que fundamentan y configuran la dignidad para los creyentes. Una dignidad fundamentada en la carne, y ésta como cosa, jamás será conciliable ni equiparable a una dignidad que se ve fundamentada en el espíritu, y éste como ser fundamental.

"En algunas corrientes del pensamiento moderno se ha llegado a exaltar la libertad hasta el extremo de considerarla como un absoluto, que sería la fuente de los valores. En esta dirección se orientan las doctrinas que desconocen el sentido de lo transcendente o las que son explícitamente ateas".

Esta cita de la Éncíclica "Veritatis Splendor" nos sirva de referente. No podemos sino denunciar y poner al descubierto aquellas ideologías y doctrinas que buscan la perdición del hombre. No podemos sino rebatir y desmontar a aquellos cuya conciencia cerrada pretende eliminar todo vestigio espiritual de la vida de nuestros jóvenes y hermanos. No podemos sino "proclamar la Palabra, insistir a tiempo y a destiempo, reprender, amenazar, exortar con toda paciencia y doctrina. Porque estamos en el tiempo en que los hombres no soportan la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se buscan una multitud de maestros por el purito de oir novedades; apartan sus oídos de la verdad y se vuelven a las fábulas. Nosotros, en cambio, portémonos en todo con prudencia, soportando los sufrimientos, realizando la función de evangelizadores, desempeñando a la perfección nuestro ministerio". (Cif. "Veritatis Splendor" 30)

Etiquetas: , , , ,

SUBYACENTE

20120619223428-subyacente.jpg

¡Hablábamos de ideología subyacente. No cabe duda que tras toda actuación político-social existe una ideología que respalda y motiva a los actores.

Y es necesario descubrir cuales son las motivaciones, para bien comprender cuales pueden ser los objetivos y fines reales que en tantas ocasiones no coinciden con los aparentemente mostrados.

El libro de Rocella y Scaraffia nos muestra un indicio de aquello a lo que realmente nos enfrentamos, como católicos, como españoles y como católicos españoles. Ellas lo presentan así:

"El rechazo a mencionar las raices cristianas del Viejo Continente en la Constitución Europea es un síntoma inquietante de una situación muy generalizada sobre la condición de los derechos humanos. Los derechos humanos, a los que hacen referencia todas las organizaciones internacionales, han ido perdiendo a lo largo de los años su característica originaria de código ético y su relación con la Revelación judeo-cristiana y con todo rastro de religión monoteísta.

Poco a poco se han convertido en la base ideológica de un relativismo totalitario que busca eliminar toda referencia a un derecho natural. Los propios derechos se han erigido en una especie de religión laica, de derecho positivo, sobre la que no hay nada parecido a un referente superior al que apelar en caso de conflicto. Ellos mismos son el fundamento, la forma organizada de la nueva conciencia colectiva, que es tal en cuanto negociable y modificable. En defensa de los derechos de la mujer se ha llevado una violenta campaña en contra de la natalidad en el tercer Mundo, y en nombre de la dignidad humana se cometen todo tipo de delitos contra los no nacidos o los que se consideran sin valor.

La Iglesia Cátólica, defensora siempre de los más débiles, se ha convertido, paradójicamente, en el principal enemigo de quienes supuestamente defienden estos derechos, porque desde el Vaticano se apela a una autoridad superior que permita juzgar estos derechos y los atropellos a los que están dando lugar."

Etiquetas: , , , ,

EDUCACIÓN

20120618104740-educacion.jpg


Nuevamente llegamos al final de un curso y constatamos la terrible realidad del fracaso escolar y la desculturización de nuestros jóvenes. Década tras década, ley tras ley, se pretende cambiar el paradigma de la educación y transformar un sistema educativo en, lo que a mi entender será, un sistema productivo.

Los niños y jóvenes precisan de una formación adecuada y actualizada. Pero ello no quiere decir que la educación y formación de nuestros jóvenes deba de seguir una ideología determinada como la que observo en el trasfondo de las competencias básicas. Sí ideología.

Los sistemas educativos del pasado trataban, con mayor o menor acierto, formar personas y prepararlas para su realización humana integral, esto es, se formaba en atención a la integridad de la persona y a la libre disposición que cada uno ejerciera en la madurez sobre su vida y persona. Si es cierto que los métodos de enseñanza incidían en sistemas memorísticos y relacionales, que a priori no parecen haber funcionado tan mal. Aquellos que fueron educados bajo tales premisas son hoy también maestros, profesores, catedráticos y premios nóbeles.

Hoy parece que el objetivo de la escuela ya no es la formación integral del alumnado. Hoy parece que el fin de la educación y la formación ya no es dotar a la persona de aquellos conocimientos indispensables que contribuyan a su identificación y ubicación histórico-social en arras a la posible realización humana plena. Hoy parece que los niños y jóvenes son ya presa prematura del consumismo productivo y utilitarista ideologizado por unos cuantos.

La realidad, desconocida para tantos, es que el interes gubernamental estriba en mostrar la eficacia de las políticas educativas que implementan, sea al precio que sea. Nuestros jóvenes pasan de curso obligatoriamente aun cuando no hayan alcanzado los mçás mínimos objetivos de la etapa. Nuestros niños no son instruídos en la asimilación obligatoria de unos conocimiéntos básicos que les identifique con su historia, entorno e identidad social.Nuestros jóvenes, hoy serán evaluados por primera vez en base a unas competencias básicas, que ni si quiera aquellos que las idearon saben los criterios que se deben fijar para tal evaluación (de hecho cada centro consensuará los suyos propios.

El descerebramiento de los políticos dirigentes es terriblemente amenazador para la integridad humana y social de nuestra patria. Ley tras ley hemos constatado que los jóvenes cada vez tienen peor cultura y terminan las duversas titulaciones con claras y profundas deficiencias formativas. Hoy constatamos que reforma educativa tras reforma educativa el fracaso escolar, lejos de apaliarse, ha ido creciendo y enquilosando nuestro sistema educativo. Pero nadie da el brazo a torcer. Todos dirán "andamos en el buen camino"; "es preciso profundizar en la implementación competencial"; "hay fracaso escolar porque no evaluamos a los alumnos en lo que ellos ya saben".

Lejos de reconocer las bondades y virtudes de viejos sistemas e identificar aquellas deficiencias y necesidades de actualización, cada día, bajo las tesis progresista y la indiferencia neoliberal, se impone que lo nuevo y último es lo mejor.

Hoy nuestros jóvenes acaban sus ciclos formativos con escasas posibilidades, cada año con menos posibilidades. Hoy los jóvenes no saben, no quieren saber, porque el sistema educativo no les muestra la importancia de ser persona y de formarse como persona. Hoy el utilitarismo gobierna nuestras aulas y pretende gobernar las vidas de nuestros niños.

Etiquetas: , , , , ,

MASONES

20120604150206-masones.jpgDice D. Ricardo de la Cierva que no todos los masones son adoradores de Satanás pero sí todos los adoradores de Satanás son masones.

A lo largo de la historia lejana y reciente de nuestra España, los masones han tenido un protagonismo peculiar. La España cristiana y Católica que siempre se ha distinguido en su unidad de destino, ha sido combatida desde las más inusuales posiciones. Allí donde Cristo se ha testimoniado allí un masón se ha situado para combatir el Reino de Amor, Paz y Vida sembrado en los corazones bondadosos. Los masones pretenden ser un grupo selecto entre los que sólo unos pocos alcanzan el gran conocimiento reservado a aquellas personas de prepotente singularidad. Ideología maléfica que siempre ha combatido al cristianismo, desde dentro y fuera de las filas de éste último. A la masonería no le interesa una verdad sencilla y solidaria, un reino instaurado en el amor al que todos podemos acceder desde nuestra humilde sencillez y en el que todos nos realicemos en plenitud como miembros de la gran familia humana que somos.

Nuestra reciente historia situó a un servil masón en el poder legislativo de nuestra nación. La legalización del aborto, la destrucción de la familia, la incitación a la promiscuidad entre los jóvenes desde las estructuras formativas, las leyes sobre genética y biomedicina y casi la opresora ley de erradicación de la religión (¿libertad religiosa?), han situado nuestra nación al borde del paroxismo relativista, utilitarista y deshumanizado.

La triste realidad nos muestra que aquel servil masón, hoy postergado al olvido, ha sido relevado. Aquellos que hoy sostienen la administración y dirección de nuestra patria, no parecen animados a restituir el valor y nobleza que poco ha poco se ha ido arrebatando a nuestro pueblo. Quizás resulte que entre los masones lo único que les diferencia son los caminos ya que todos persiguen un mismo fin.

Etiquetas: , , , ,

EDUCACIÓN

20110220232914-educacion.jpg

En la actualidad nos enfrentamos, queridos amigos, a la ideologización de todas las dimensiones de la vida. La negación de lo trascendente obliga a articular una sistematizada ideología que supla el anhelo insaciable de verdad y vida que conforma lo más profundo del ser humano.

 

La educación hoy no pretende formar seres humanos, no pretende configurar y preparar a la persona para su realización en la plenitud de su ser, o cuanto menos dirigirla a ello. La educación no es vínculo y camino para la felicidad. La educación queda reducida al mero talante de la ciudadanía activa y a la pacífica convivencia democrática, a las cuales el futuro ciudadano accederá a través de unas mínimas competencias básicas.

 

La verdad de la vida queda reservada a un selecto grupo de personajes (éstos si áltamete cualificados y formados) que lejos de haberse limitado a esa ciudadanía y competencias básicas se erigen como guardianes y "sacerdotes" del conocimiento supremo que sólo a ellos les está reservado y que solo ellos son dignos de administrar para las numerosas masa de ciudadanos basicamente competenciales.

 

Frente a esta ideologización que unde sus raíces en las más ancestraces actitudes masónicas, Cristo se revela como el portador de la Verdad y Vida Universal. Verdad y Vida cristiana destinada a todos y cada uno de los seres humanos, especialmente a aquellos menos competenciales, menos ciudadanos y menos activos.

 

La educación desde el prisma cristiano es fruto del amor y de un amor incondicional por el prójimo y por ende por toda la familia humana. Enrique Gudín de la Lama publica en los Cuadernos Ucanca Documentación una reflexión sobre la que presento un estracto, y que nos permitirá cuanto menos valorar la enorme distancia que separa la promoción cristiana de la ciudadanía activa:

 

"Educar no es fácil porque esos seres minúsculos, cuyos padres y madres acunan amorosamente embobados, no son un paquete de células envueltos en pañales, ni máquinas complejas con funciones vegetales y animales; y tampoco autómatas a los que se les puede instalar los programas necesarios que repetirán lo que han de hacer una y mil veces sin salirse un milímetro de aquello... Ni siquiera son personas adultas en miniatura que deseen (o acepten) ser educadas. Y muchísimo menos son el zorro del Principito que solicita ser domesticado después de haberle cogido cariño...

Son personas, seres humanos, con todas sus potencialidades abiertas, que ni se han planteado ni se plantearán hasta adquirir cierto grado de madurez, para que están en este mundo y si necesitan o no ser educados.

Educar, ayudar a que un niño, un adolescente, adquiera virtudes, no es trasvasar conocimientos a sus cerebros o someter a ciertas actitudes a sus personas.

Resulta evidente que, hasta en las circunstancias más ordinarias y elementales, la tarea educativa depara sorpresas y situaciones inesperadas, y que es imposible enfrentarse a ellas pudiendo consultar el manual del buen educador -que por otra parte no existe-. Sin embargo, saldremos con éxito de ellas (aunque puede que no acertemos a la primera) teniendo presente una idea madre elemental e imprescindible: lo primero de todo es querer. Querer a quien educamos. Si no, les instruiremos, informaremos, trasmitiremos, capacitaremos, les haremos competentes... pero no les educaremos."

Etiquetas: , , , ,

MAR

20100713183051-tormenta.jpg

Cuando transcurrimos en el día a día de nuestras vidas, envueltos en las tormentosas vicisitudes cotidianas, capeando temporales , estresados y agobiados por tantas vías de agua, corremos el grave riesgo de perder rumbo si acaso no zarpamo ya con rumbo perdido.

 

El Cardenal Óscar A. Rodríguez Maradiaga nos presenta un símil muy útil, si es que, de verás, podemos alcanzar el puerto de la reflexión y tenemos el tiempo que necesitamos para preparar la travesía.

 

En estas nuestras vidas nos ha tocado navegar en esta sociedad que conformamos, sociedad que nos envuelve y en la que nos desenvolvemos. Y tal como le aconsejaba el marinero a Mons. Madariaga "es preciso conocer el mar por el que se navega."

 

El Cardenal nos transmite que: esta sociedad "es un mar agitado bajo el signo de la globalización, de la divinización del mercado, de la brecha entre ricos y pobres, de la agonía de los valores, del olvido de Dios, del intento de fabricarse un dios a la medida de nuestras debilidades, un dios cómplice de nuestra incapacidad de ser auténticamente humanos; una sociedad basada en el hedonismo, a través del cual intentamos tan sólo satisfacer las dimensiones de la supervivencia y del goce, sin darnos cuenta de que estamos convocados a la felicidad y a la alegría de ser partícipes de la creación de un mundo nuevo. "

 

"La sociedad es como un mar proceloso que se agita con la violencia, con el odio, con la guerra preventiva, con el costo social representado por la muerte de tantos inocentes que caen bajo el imerio del terrorismo ofensivo, que toca las fibras más bajas de la supervivencia y despierta el terrorismo defensivo que responde con igual o mayor violencia por los daños recibidos. Una sociedad agitada por la inseguridad. Un ser humano abatido por la falte de certezas. Un individuo que no sabe qué creer ni a quién creer."

 

"Una sociedad tempestuosa que levanta olas cargadas de peligro a través de los medios de comunicación, a través de la fácil prostitución de jóvenes, a través de un comercio de ilusiones que abre caminos permanentes deconsumo a las muy diversas drogas que se ofrecen en el mercado. Una mar indefinida e indefinible, una sociedad como la nuestra olvidada de su origen divino e ignorante de que estamos convocados a la vida eterna."

 

"Una sociedad cargada de corrupción, de acumulación por parte de unos de aquellos recursos que debieran servir para la satisfacción de todos. Una sociedad tempestuosa donde los individuos están convocados no sólo a vender su alma, sino a venderse a si mismo al mejor y transitorio postor."

"Una sociedad que convierte l muerte en un derecho, y lucha por instalar el aborto, la eutanasia, la venta de órganos, como si fueran todos ellos un obligado servicio que debe ser protegido. Una sociedad que después de 2000 años de cristianismo, tiene que observar que el 60% de los seres humanos presentes en el mundo vive en la miseria, defendiéndose tada día por tomar, debajo de la mesa del rico epulón, las migajas que le permitan continuar a su servicio."

 

 Y este es el mar por el que transita nuestras vidas. Y este es el mar donde, como Pedro, nos encontramos con el Resucitado que nos llama a seguirle aún por encima de las turbulentas aguas.

Etiquetas: , , ,

SOHUCIEDAD

20100624224544-suciasociedad.jpg

Una sociedad con varios millones de parados, que mata impune y sistemáticamente a sus hijos más inocentes, que administra la justicia según los colores políticos, que miente con descaro y desde las más altas instancias, que viola los pactos más sagrados, que fomenta el odio y el enfrentamiento entre sus miembros, que impide el ejercicio libre de la religión, que destruye la inocencia de los niños desde su más tierna edad, que azuza las pasiones de los jóvenes, que niega que haya acciones buenas y malas con independencia de tiempo y circunstancias, que convierte la escuela en un instrumento ideológico y el poder político en trampolín para el enriquecimiento personal y el medro de los suyos, que se empeña en no tener hijos, en una palabra, una sociedad cuarteada en sus estructuras básicas y removida en sus cimientos éticos es una sociedad decadente y enferma de extrema gravedad.

Si tal sociedad fuese creación de un pesimista empedernido o fruto de una imaginación febril, no causaría ningún tipo de preocupación y hasta podría convertirse en objeto de estudio y reflexión. Pero si esa sociedad es la nuestra, si es el ámbito en el que vivimos el día a día de nuestro trabajo, de nuestra familia, de nuestras amistades, de nuestros proyectos y de nuestras aspiraciones, entonces las cosas adquieren un dramatismo inusitado y necesita que le apliquemos de inmediato un remedio radical. Por desgracia, esto es lo que nos ocurre a nosotros. Porque la actual sociedad española es la sociedad decadente y gravemente enferma que he descrito antes. Porque en ella conviven y coexisten todas las lacras denunciadas. Y, además, hasta parte de los mismos eclesiásticos no están a la altura de su misión.

Pero esta sociedad, precisamente porque es la nuestra, no debe ser mirada con desinterés, desprecio u odio. Tampoco con un buenismo enfermizo. Necesita ser amada, pero para ser renovada. Ahora bien, dado que las enfermedades que la aquejan son muy graves y tienen carácter de metástasis generalizada, no podemos aplicarle una cataplasma. Y cataplasmas serían todos los remedios que no contemplen una profunda regeneración ética de cuantos formamos parte de esa sociedad. Las estructuras son posteriores al uso y abuso de nuestra libertad. Por eso, ni la justicia, ni la política, ni la escuela, ni la familia, ni la convivencia, ni la economía, ni las finanzas saldrán de la situación calamitosa en que se encuentran si las personas que son jueces, políticos, profesores, economistas, financieros, periodistas y cónyuges no cambian. En caso contrario, haríamos bueno lo que el refranero español sentenció con extraordinaria justeza y sencillez de formulación: “Distintos perros con los mismos collares”. Si quien está enfermo es el perro –la sociedad- es inútil cambiar el material y color de los collares –instituciones y estructuras sociales-. Hay que cambiar a las personas.

Por eso, lo que ahora necesitamos en España con absoluta urgencia es volver a Dios. Tenemos, ciertamente, hambre de pan –paro alarmante–, de cultura –bajísimos niveles educativos–, de bienestar –más y mejores coberturas sociales–. Pero la necesidad más urgente y general es reconocer que tenemos que dar un cambio ético radical, salir de nuestro egoísmo y entrar en la lógica del don, de la gratuidad, de la solidaridad, del respeto mutuo, de la paz social y familiar, de los conceptos de bien y de verdad. Digámoslo claramente: necesitamos reconocernos pecadores, acudir al perdón y reiniciar el camino del bien y de la verdad.

Lo decía san Juan Crisóstomo con su acostumbrada belleza: “Necesitamos confesar nuestros pecados y derramar muchas lágrimas, porque estamos pecando sin remordimiento, porque nuestros pecados son grandes”. La Cuaresma, que acaba de empezar, es una oportunidad de oro. Para todos: ciudadanos, cristianos, eclesiásticos.

+ Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos

Etiquetas: , , ,

PECADO

20100414135705-pecado.jpg

El pecado es algo siempre terrible para el ser humano. El pecado nefando es siempre de obligada repulsa y de inexcusable condena, cuanto más, si proviene de los propios pastores y "testigos" de la esperanza de salvación. Pero el pecado, hemos de reconocer que es intrínsico al ser humano, es más podríamos decir que lo caracteríza desde sus orígenes, y que solo a través de Cristo es posible la remisión y la contemplación del humano sin pecado.

 

Pero cuando el pecado que azota a toda estructura y organización humana, se encuentra escandalosamente entre aquellos que se deben a su denuncia y prevención, sin dejar de condenar y reprender con mayor autoridad y rigor, no podemos permitir que se utilice como flagelo sobre Cristo y su Iglesia.

 

El pecado de perversión, abuso y explotación de menores es deleznable, degradante y miserable, cuanto más si proviene de un pastor que debe cuidar y preservar a su grey. Pero resulta que este pecado, esta perversión humana no encuentra su origen y razón en la religiosidad o en el estado de vida del que miserablemente cae en él.

 

Los datos son claros, sólo un 0,02% de los abusos, perversiones y explotación de menores se da por parte de personas que ostentan un cargo o estado religioso. Del resto, el 99,98%, y siempre que hablamos de porcentajes minorizamos la gravedad de los asuntos, millones y millones de niños y niñas de nuestras sociedades y familias son pervertidos, explotados y utilizados sexualmente por personas ajenas al clero o a la profesión religiosa. Es más, si deseamos descubrir la abominación de esta realidad, descubriremos que el 80% de los actos pedofílicos se realizan por personas pertenecientes a la propia familia, o círculo muy cercano, del niño o niña. Papá, mamá, hermano, tío, padrino, vecina, amigo, etc. El resto, cerca de un 20% de los casos de abusos de menores se producen por personas externas al círculo familiar, profesores, monitores, guías, entrenadores, amistades, etc.

 

La deleznable realidad en que encontramos que una de cada cinco mujeres en su edad adulta y anónimamente reconocen haber sufrido abusos sexuales antes de cumplir los 20 años, y uno de cada ocho hombre idem de lo mismo, parece no importar a una sociedad mediatica que tan solo busca excusas para desprestigiar y desautorizar la voz de los sin voz.

 

Caiga toda la justicia sobre aquellos que escandalizan a uno de los más pequeños. Si, toda la justicia, pero sobre "todos". Y quiera con sinceridad de corazón, esta sociedad pervertida y sin rumbo, reconocer la magnitud de cada cancer que la consume y abordar con profundidad la reconversión que pueda hacerla cambiar. 

Etiquetas: , , , ,

Apostasía

20100314234751-apostasia.jpg

Leo un texto de Fernando Nellín Iglesias que me recuerda que el abandono de las ideologías del último siglo "ha dado paso a un materialismo economicista y hedonista incapaz de proporcionar la felicidad al hombre y pone en peligro el respeto y la salvaguarda de la dignidad de la persona."

Y esto es así y lo experimentamos. Nuestra sociedad occidental está marcada con el signo de la indignidad. La vulneración de libertades fundamentales como la propia a nacer; la perversión de la sexualidad impuesta a nuestros jóvenes; la imposición de las artes de la muerte a aquellos que deberían dedicar su vida a salvarlas; la disparatada tasa de suicidios, depresiones y neurosis; la sintomática y extendida perversión dirigida contra los menores y siempre más indefensos del mundo; todo ello y algunas apuntes más que en otro momento señalaremos, son consecuencia del abandono de la trascendentalidad, del interés del encuentro con el Otro, de la necesidad de Dios. La apostasía silenciosa, paulatina y generalizada de la amplia mayoría de nuestra sociedad ha dado paso a una incultura y desestabilización moral que empobrece la categoría humana como tal. El Hombre hoy, creyendose dios mismo, se declara autosuficiente hasta la muerte, y decide vivir como si Dios no existiera.

El problema de este Hombre es que Dios existe, y vaya si existe, y de esta forma, gracias a Dios, continuamos esperanzados en la plenitud de la Justicia, el Bien y el Amor.

Etiquetas: , , , ,

ENFERMA

20100309160744-enferma.jpg

Quiero reproducir las recientes palabras de Monseñor Francisco Gil Hellín que tanto tienen que ver y refieren al último post:

Una sociedad con varios millones de parados, que mata impune y sistemáticamente a sus hijos más inocentes, que administra la justicia según los colores políticos, que miente con descaro y desde las más altas instancias, que viola los pactos más sagrados, que fomenta el odio y el enfrentamiento entre sus miembros, que impide el ejercicio libre de la religión, que destruye la inocencia de los niños desde su más tierna edad, que azuza las pasiones de los jóvenes, que niega que haya acciones buenas y malas con independencia de tiempo y circunstancias, que convierte la escuela en un instrumento ideológico y el poder político en trampolín para el enriquecimiento personal y el medro de los suyos, que se empeña en no tener hijos, en una palabra, una sociedad cuarteada en sus estructuras básicas y removida en sus cimientos éticos es una sociedad decadente y enferma de extrema gravedad.

Si tal sociedad fuese creación de un pesimista empedernido o fruto de una imaginación febril, no causaría ningún tipo de preocupación y hasta podría convertirse en objeto de estudio y reflexión. Pero si esa sociedad es la nuestra, si es el ámbito en el que vivimos el día a día de nuestro trabajo, de nuestra familia, de nuestras amistades, de nuestros proyectos y de nuestras aspiraciones, entonces las cosas adquieren un dramatismo inusitado y necesita que le apliquemos de inmediato un remedio radical. Por desgracia, esto es lo que nos ocurre a nosotros. Porque la actual sociedad española es la sociedad decadente y gravemente enferma que he descrito antes. Porque en ella conviven y coexisten todas las lacras denunciadas. Y, además, hasta parte de los mismos eclesiásticos no están a la altura de su misión.

Pero esta sociedad, precisamente porque es la nuestra, no debe ser mirada con desinterés, desprecio u odio. Tampoco con un buenismo enfermizo. Necesita ser amada, pero para ser renovada. Ahora bien, dado que las enfermedades que la aquejan son muy graves y tienen carácter de metástasis generalizada, no podemos aplicarle una cataplasma. Y cataplasmas serían todos los remedios que no contemplen una profunda regeneración ética de cuantos formamos parte de esa sociedad. Las estructuras son posteriores al uso y abuso de nuestra libertad. Por eso, ni la justicia, ni la política, ni la escuela, ni la familia, ni la convivencia, ni la economía, ni las finanzas saldrán de la situación calamitosa en que se encuentran si las personas que son jueces, políticos, profesores, economistas, financieros, periodistas y cónyuges no cambian. En caso contrario, haríamos bueno lo que el refranero español sentenció con extraordinaria justeza y sencillez de formulación: “Distintos perros con los mismos collares”. Si quien está enfermo es el perro –la sociedad- es inútil cambiar el material y color de los collares –instituciones y estructuras sociales-. Hay que cambiar a las personas.

Por eso, lo que ahora necesitamos en España con absoluta urgencia es volver a Dios. Tenemos, ciertamente, hambre de pan –paro alarmante–, de cultura –bajísimos niveles educativos–, de bienestar –más y mejores coberturas sociales–. Pero la necesidad más urgente y general es reconocer que tenemos que dar un cambio ético radical, salir de nuestro egoísmo y entrar en la lógica del don, de la gratuidad, de la solidaridad, del respeto mutuo, de la paz social y familiar, de los conceptos de bien y de verdad. Digámoslo claramente: necesitamos reconocernos pecadores, acudir al perdón y reiniciar el camino del bien y de la verdad.

Lo decía san Juan Crisóstomo con su acostumbrada belleza: “Necesitamos confesar nuestros pecados y derramar muchas lágrimas, porque estamos pecando sin remordimiento, porque nuestros pecados son grandes”. La Cuaresma, que acaba de empezar, es una oportunidad de oro. Para todos: ciudadanos, cristianos, eclesiásticos.

+ Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos

Etiquetas: , , ,

SUICIDIO

20100308111821-el-suicidio.jpg

La noticia de que en nuestra nación la media de hijos por mujer es de 0,7 me ha llevado a la convicción que la sociedad actual, la sociedad española y por extensión la sociedad occidental ha decidido su suicidio. Ha decidido desaparecer, renunciando a su cultura, a su historia, a sus fundamentos y valores, de tal modo que negando la posibilidad de sostenimiento natalicio, como aquel que deprimido decide paulatinamente dejar de comer, se precipita a su extinción histórica.

 

Y esto es así; en una generación nuestra sociedad habrá visto reducida su población foranea en un 62%, en dos generaciones en un 87,5%. Es decir de 10 españoles (trasladense los datos a Canarios, Valencianos, Gallegos, Madrileños, etc) en una generación la población quedará reducida a 3 españoles y en dos generaciones a uno solo de cada 10 actuales.

 

Claro que muchos dicen que la inmigración suple la infame tasa de natalidad que mantenemos. Sí, bendita inmigración. Pero la realidad nos muestra irremediablemente que como sociedad y cultura hemos decidido nuestra desaparición. Si, nuestra cultura y sociedad a través de las próximas generaciones irá siendo trasformada, suplantada, por una nueva que poco o nada tendrá que ver con la cultura, valores e historia de nuestros padres, abuelos y ancestros. De hecho de seguir la tendencia actual sabemos que Holanda en el año 2025 aproximadamente tendrá cerca o más del 50% de su población de origen musulmán; la misma Europa se predice que para el 2040 será de mayoría musulmana.

 

Y es que desde la mal entendida paternidad responsable, mal predicada por algunos de nuestro pastores, y fatalmente aplicada por la mayoría de los cristianos, pasando por el asesinato indiscriminado de los no nacidos y por todas las prácticas y tendencias antinatalistas que propugnan nuestra cultura de la muerte, toda la actividad moral de nuestra sociedad actual se centra en su propia desaparición. Porque sino me dirán quienes son las que van a concebir, parir y criar a nuestros hijos, si las mujeres de hoy son llamadas a la insumisión maternal y a su realización mundana lejos de la natural vocación a la maternidad.

Etiquetas: , , ,

REVERTIR

20090213100716-revertir.jpg

En este mundo tan gravemente enfermo. En esta sociedad decadente e hipócrita como jamás en la historia hubo otra. En esta España rota en donde el crimen y el asesinato se legaliza, donde al más inocente y digno de protección y defensa se le desarrolla una ley para que pueda ser eliminado con plena impunidad. En este mundo, digo la Verdad no interesa, la Verdad se encubre y se esconde, se tergiversa y se manipula, la Verdad se presenta en forma de mentira y a la mentira se le otorga la categoría de verdad.

 

Preparamos una ley que permita abortar (matar a un ser humano vivo y con plena capacidad de realización) hasta las 14 - 16 semanas de gestación. Es una verdadera abominación; Herodes parece un pobre infeliz frente al genocidio que se desarrolla impunemente en nuestras sociedades. La vida humana goza en si misma de una dignidad insuperable desde su misma concepción, pero un bebé no nacido de 10, 12, 14 ó 16 semanas es un ser humano con un cuerpo formado similar al de una persona desarrollada plenamente. La eliminación impune de estas vidas es signo inequívoco de una civilización decadente e insensible hasta extremos insospechados.

 

En este mundo que las sociedades occidentales u occidentalizadas creen dominar, en 1960 por cada rico se contaban 30 pobres; con el desarrolla y la innovación tecnológica en 1990 se logró que por cada rico en nuestro planeta debieran de sufrir la pobreza 60 personal. La hipócresía se había lanzado a una carrera sin límites. En nombre de la humanidad y el progreso y tras la idea de la reducción de la pobreza y el desarrollo de los paises tercermundistas, en 1997 se logra que la cifra de pobres en el mundo sea ya de 70 por cada rico. Triste, deplorable y perverso. En nuestro recién estrenado S.XXI la concienciación mundial de la situación de pobreza y necesidad de gran parte de los seres humanos de nuestro planeta ha llevado a la humananidad a un cambio de dirección radical; lo que antes se consiguío a lo largo de un siglo ahora es resultado de 10 años de sobre desarrollo: por cada rico en el planeta tierra 130 seres humanos deben vivir sumidos en la pobreza.

 

Frente a tal panorama entiendo a todos aquellos que retoman las utopías idealizantes de una sociedad posible. ¡Revertir la historia! ¡Reconstruir el corazón y la conciencia humana! Es un Camino ya recorrido. Un Camino ya caminado, pero por tan pocos seguidos.

 

Retomar el Camino de la Verdad y la Vida, "poniendo nombre a la realidad y a las gentes, y nombres de dignidad". Llamando a las cosas por su nombre, a la injusticia Injusticia, a la mentira Mentira, al asesinato Asesinato, a la Verdad Verdad. Con compasión por las víctimas de la injusticia, de la guerra, de la opresión, del abuso y la prevaricación, y cuando son víctimas defenderlas; sí DEFENDERLAS; y "defender a las víctimas es enfrentarse a los verdugos". Realizandose en la vida sabiendo recibir de todos, especialmente de los más pobres y humildes que tanto tienen que darnos. Superando toda arrogancia, expresando y viviento en agradecimiento. Reconociendo que como humanos no somos más que cualquier otro humano.

 

Un Camino verdaderamente de paz y felicidad. Un Camino, decía, ya recorrido, hace casi dos mil años por un tal Jesús, que de Nazaret Caminó hasta Jerusalen y subió a la más alta cota del amor humano y sobrenatural, un Camino que le llevo a la cima del Ser Humano, ahí en lo alto del Gólgota, pendidó en la Cruz, dándose por todos.

POBRE

20090208192139-ser-pobre.jpg

Hay personas que pasan por el mundo, y a pesar de la intensidad de la luz de sus corazones y de laclaridad y grandeza de su intelecto, no llegan a deslumbrar a las gentes ávidas de fáciles mensajes y slogans.

 

Albino Luciani es uno de esos personajes que pasan y parece que se alejan sin más. Sin embargo su pensamiento, su mensaje y la dulzura y grandeza de corazón quedan perpetuados en sus obras, grandes o pequeñas, difundidas o escondidas, pero quedan.

 

(De la carta dirigida a Charles Dickens en Ilustrísimos Señores)

"Ante este cúmulo de problemas, de preocupaciones y tensiones, todavía son válidos -ampliados y adaptados- los principios que tú fomentaste, querido Dickens, aunque un tanto sentimentalmente. Amor al pobre, y no tanto al pobre individual cuanto a los pobres que, rechazados como individuos y como pueblos, se han sentido clase y se han solidarizado entre sí. A ellos sin vacilación, bajo el ejemplo de Cristo, se ofrece la preferencia sincera y abierta de los cristianos.

 

Solidaridad: somos una sola barca llena de gentes muy cercanas en el espacio y en las costumbres, pero en eun mar revuelto. Si no queremos terminar en graves desastres, la regla es ésta: todos para uno y uno para todos; insistir en lo que une, y dejar de lado lo que separa.

 

Confianza en Dios: por boca de tu Marley deseabas que la estrella de los Magos iluminase las casas pobres.

 

Hoy el mundo entero es una pobre casa, y ¡tiene tanta necesidad de Dios!

Etiquetas: , , , , ,

VIDA

20081217100506-vida.jpg

Nos acercamos nuevamente a la celebración más trascendente en la vida del cristiano. La Navidad que se acerca es signo de Vida. Celebramos el nacimiento de Aquél que nos trae la vida, y vida eterna. Celebramos que la Vida se hace vida, y el llanto del nacido se transforma en la esperanza de una humanidad desesperanzada.

No obstante, la sociedad española actual, transformada abominablemente, admite más de 112.000 bebés no nacidos asesinados impunemente en un solo año. Nuestros dirigentes políticos y administrativos lejos de reconocer errores se empecinan en fomentar entre nuestros jóvenes y niños un comportamiento sexual promiscuo y libertino. Cualquier niño de 11 años que se acerca a uno de nuestros centros de enseñanza secundaria se encuentra con el primer mensaje que nuestro decadente sistema de enseñanza le propone: "¡Condoneate!". ¡Claro! y si eso falla, pues que no se preocupen, ampliación de la ley del libre e impune asesinato (ley del aborto).

Nuestro refugio, nuestra esperanza frente a tanta injusticia y malignidad, no puede escontrarse sino en aquel humilde pesebre, al cual nuevamente nos acercamos abatidos. Abatidos por tanta injusticia, por tanto egoísmo y tanta soberbia opresora, abatidos pero no derrotados, como buenos soldados de la luz, perdedores de batallas en una guerra que extraordinariamente fue ganada por el Señor de la Vida.

"Porque tú mis vísceras has formado."

"Mi embrión tus ojos lo veían."

"A cada uno pediré cuentas de la vida de su hermano."

"La herencia del Señor son los hijos, recompensa el fruto de las entrañas."

"La Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto."

"La Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto."

 

 

CIVILIZACIÓN

20080914191327-civilizacion.jpg

Termino de leer el libro de Martin Maier "Monseñor Romero Maestro de espiritualidad".  La espiritualidad es algo íntimo y personal pero común; es el vínculo de común-unión entre los hombres de buena voluntad. Maier nos presenta el espíritu, la espiritualidad de Romero, con la que me siento unido íntimamente.

Romero, al igual que otros muchos, fue capaz de hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad del mundo, de nuestro mundo. Mons. Ellacuria la plasmaría con claridad en su último artículo, antes de ser asesinado, y que Maier resume con sencillez en su obra:

"Las soluciones que el Primer Mundo ofrece (al Tercer y Cuarto Mundo) no pueden ser soluciones verdaderas, porque no son aplicables con carácter universal. Es sencillamente imposible que el Tercer Mundo viva solo, en forma aproximada, como el Primer Mundo, porque para ello faltan los recursos naturales y esto conduciría también a un colapso global en el plano ecológico. Solo podrá hacerse como modelo el proyecto de un orden mundial, que pueda aplicarse con carácter universal. Por eso es necesario abogar por una civilización de la pobreza, una civilización de la austeridad compartida. La civilización de la pobreza "hace de la satisfacción universal de las necesidades básicas el principio del desarrollo, y del acrecentamiento de la solidaridad compartida el fundamento de la humanización"   

Estructuras

20080901180756-estructura.jpg

En teología estamos acostumbrados a manejar el término "estructuras de pecado", aunque parece ser que a menudo olvidamos que una "estructura", y en particular cuando nos referimos a una que presenta una profunda injusticia humana y social, no es más que la organizada convivencia de un conjunto de personas.

 

La pasada cumbre de la FAO, celebrada en Junio, pone de relieve la pecaminosa estructura global que provocamos especialmente el reducido número de personas pertenecientes al primer mundo. Más de 100 millones de personas ven sus vidas gravemente amenazadas por el hambre radical que padecen (de hecho miles de niños mueren cada día como consecuencia directa de la hambruna); más de 850 millones de personas viven hambrientas, de las que 400 millones viven en zonas rurales).

 

En un comunicado de Manos Unidas publicado en la revista Misioneros Javerianos (www.javerianos.org) podemos leer: "Por justicia y dignidad, hay que denunciar el discurso hipócrita de los paises ricos sobrealimentados que con una mano saquean las materias primas y arruinan las débiles economías de los países pobres; y con la otra donan cantidades exiguas de ayuda comparadas con las suvenciones que aplican a la producción, exportación y comercialización de sus propios productos".

Bien podríamos decir: ""Por justicia y dignidad, hay que denunciar la conciencia hipócrita de los ciudadanos de los paises ricos sobrealimentados que con una mano disfrutan de los beneficios que ocasionan la pobreza y la injusticia en el mundo; y con la otra donan cantidades exiguas de ayuda, que parece les permite disfrutar tranquilamente de la sobreabundancia de bienes frente a una inmenso mar de pobreza, hambre y dolor, provocado principalmente por la injusta distribución, disposición y consumo de los bienes del mundo, de los que debemos saber, somos simples administradores."

 

ROSTROS

20080829094846-rostros.jpg

La situación de extrema pobreza generalizada, adquiere en la vida real rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela:

- rostros de niños, golpeados por la pobreza desde antes de nacer, por obstaculizar sus posibilidades de realizarse a causa de deficiencias mentales y corporales irreparables; los niños vagabundos y muchas veces explotados de nuestras ciudades, fruto de la pobreza y desorganización moral familiar;

- rostros de jóvenes, desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad; frustados, sobre todo en zonas rurales y urbanas marginales, por falta de oportunidades de capacitación y ocupación;

- rostros de indígenas y con frecuencia de afroamericanos que, viviendo marginados y en situaciones inhumanas, pueden ser considerados los más pobres entre los pobres;

- rostros de campesinos que, como grupo social, viven relegados en casi todo nuestro "mundo", a veces privados de tierra, en situación de dependencia interna y externa, sometidos a sistemas de comercialización que los explotan;

- rostros de obreros frecuentemente mal retribuídos y con dificultades para organizarse y defender sus derechos;

- rostros de subempleados y desempleados, despedidos por las duras exigencias de crisis económicas y muchas veces de modelos de desarrollo que someten a los trabajadores y a sus familias a fríos cálculos económicos;

-rostros de marginados y hacinados urbanos, con el doble impacto de la carencia de bienes materiales, frente a la ostentación de la riqueza de otros sectores sociales;

-rostros de ancianos, cada día más numerosos, frecuentemente marginados de la sociedad del progreso que prescinde de las personas que no producen.

Mons. Oscar Arnulfo Romero (4ª Carta Pastoral)

Y yo también!!

20080827121549-yotambien.jpg

En la actualidad, la falta de comunicación entre las personas afecta e influye, en diversos aspectos, a las formas y a los elementos linguísticos que empleamos en nuestra actividad comunicativa.

 De todos es conocida la novedosa forma de escritura, que la juventud principalmente, utiliza en los sms. También, a traves de internet no nos comunicamos a modo de profundas y sentidas cartas personales, simplemente reenviamos pps o videos que además de trasmitir mensajes, en su mayoría carentes de cualquier huella que refleje la propia personalidad del que lo reenvía, nos amenazan con no se que boberías si no nos integramos en el nuevo sistema de la incomunicación.

En la tradicional comunicación oral, también la tendencia incomunicativa hace estragos: un  tierno y sentido ¡Te quiero mi vida! es respondido con un ¡?Y yo también¿!, como áquel que dice "no voy a ser menos yo que tú"; a una aportación profunda y participativa sobre cualquier tema de cierta trascendencia, asentimos con un !Pues sí! ó ¡Eso es lo que hay!

 La suspensión del pensamiento es la forma predominante de vivir en nuestra sociedad. Me gusta ó no me gusta; Vaya pedorra o vaya bombón; demasiado alto o demasiado bajo. ¡Ah, eso si! A la hora de criticar, juzgar o dictaminar sobre el tema de actualidad, ahí nuestro intelecto se pone a la altura de los más sobresalientes doctores honoris causa y sentenciamos inexorablemente la subrealidad apreciada, la mayoría de las veces con escaso o nulo conocimiento.

GENOCIDIO

20080809181748-genocidio.jpg

"Un día surgirán del mar los niños asesinados por la vengativa codicia del poder. Un día la tierra renunciará a la matanza de inocentes por el ansia de matar con negligencia, ante el mundo entero, como otras tantas constancias de la infamia de los métodos de la furia salvaje.

El día del juicio final el ahogo y el desgarramiento de los pequeñuelos de Cristo merecerá seguramente la pena impuesta a la brutalidad carente de razón.

Si algún rastro de humanidad queda en la raza humana, estos hechos deben terminar. Ahora, del alma deformada de la juventud surge desprecio por la desolación en la vida humana. La matanza de los inocentes comienza con el asesinato espiritual mediante una crianza inhumana. En esa forma, muchos hogares son convertidos en bases engendradoras de jóvenes como los que describe San Pablo: - desobedientes para con los padres, sin afectos, sin fidelidad, sin misericordia - ."

(Card. Hinsley - Oct. 1940)

 

Hoy, en el año 2008 de la era cristiana, 50 millones de seres humanos no nacidos son asesinados quirúrgicamente en el mundo anualmente; alrededor de 24.000 personas mueren cada día por causa del hambre y la inanición, mientras 800 millones de personas continuan sufriendo hambre y desolación;  unos 250.000 niños mueren asesinados en conflictos armados cada año, 500 millones de ellos sufren explotación laboral, dos millones son víctimas de tráfico sexual y el mismo número de niñas son mutiladas en el mundo.

 

CRISIS

20080807135800-crisis.jpg

Hay personas que no saben lo que es una crisis, porque nacieron en medio de ella, y no han conocido otra cosa que la más profunda y  oscura crisis de la absoluta desposesión.

 

Otras personas vivimos inmersos en la actual preocupación de la crisis, gran crisis, desaceleración, retroceso económico o profunda ecatombe económica, cada uno elija el nominativo más apropiado a su corriente de pensamiento o a su estado de ánimo.

 

La verdad es que crisis o no crisis, aceleración o desaceleración, activación o parón económico, los pobres siguen siendo más pobre y los ricos siguen siendo más ricos. Durante 42 años de mi vida se vienen sucediendo una serie de ciclos económicos que siempre hacen ganar más dinero al que más tiene.

 

La actual crisis energética y alimenticia mundial, no nos engañemos, viene provocada por los grande (grandes, grandes, grandísimos) poderes económicos. Esos cerebritos financieros sentados frente a un computador, al servicio de las grandes logias y de los poderosos del mundo, compran y venden opciones de compra a cincuenta años vista sobre producciones de petroleo, cereales, leche o cualquier cosa que a usted se le pueda imaginar y con la que ellos puedan especular. Si una enorme logia económica compra en opciones un elevado porcentaje de la producción petrolífera de Oriente próximo para los próximos 10 años retirándolo de la comercialización, el mercado desabastecido inicia un gran aumento del precio del crudo, una vez estabilizado el precio en un nivel muy superior al anterior, iran introduciendo su crudo en el mercado y realizando incalculables beneficios. Y ¿Quien desembolsa esos beneficios? Siempre, siempre, el consumidor final, el currito, el trabajador de a pie, el estómago vacio. El resto de la estructura económica repercute el alza de los costes de producción en los precios de sus productos y servicios.

 

Tu dejarás de pagar tu hipoteca, el banco se quedará con tu piso valorado en 200.000.€ por 120.000.€ de deuda. El banco cuando el mercado se reactive venderá tu piso por 200.000.€ o 250.000.€. Es la misma historia de siempre. Simple, pero veraz.

ADMINISTRADORES

20080802190433-administracion.jpg

La administración ocupa un importante papel en nuestras vidas, principalmente porque vivir supone administrar la propia vida. Somos administradores de nuestro tiempo, administradores de nuestro amor, de nuestras inquietudes y anhelos, administradores de la economía familiar, de un pequeño negocio o de una gran empresa. La administración es en si una dimensión necesaria y propia en la existencia del ser humano.

 

Pero quizás este término no se oponga al que anteriormente nos hemos asomado. Administradores de los bienes de la tierra, a traves del uso lícito de la propiedad. Esta propiedad de la que hablamos esta fundamentada en la radicalidad cristiana de la solidaridad y el bien común. No se trata de partidaria interpretación o de exualtación revolucionaria. Se trata de la más sana y pura Doctrina Católica:

 

"Al comienzo Dios confió la tierra y sus recursos a la administración común de la humanidad para que tuviera cuidado de ellos, los dominara mediante su trabajo y se beneficiara de sus frutos."

 

"El destino universal de los bienes continúa siendo primordial, aunque la promoción del bien común exija el respeto de la propiedad privada, de su derecho y de su ejercicio."

 

"Los poseedores de bienes de uso y consumo deben usarlos con templanza reservando la mejor parte al huésped, al enfermo, al pobre."

 

"La autoridad política tiene el derecho y el deber de regular en función del bien común el ejercicio legítimo del derecho de propiedad."

"En materia económica el respeto de la dignidad humana exige la práctica de la virtud de la templanza, para moderar el apego a los bienes de este mundo; de la justicia, para preservar los derechos del prójimo y darle lo que le es debido; y de la solidaridad, siguiendo la regla de oro y según la generosidad del Señor, que "siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza" (2Co 8,9). "

 

 

¿Qué cristiano veraz puede desdeñar en su vida tales verdades? ¿Cómo es posible que siendo administradores de los bienes de la creación puestos a nuestra disposición por la Providencia, vivamos en nuestros grupos, comunidades y sociedades cristianas, en una sobreabundancia en muchos casos insultante, mientras despreciamos, ignoramos e incluso justificamos la injusta distribución y administración de los bienes, amparados en una caridad paternalista que pretende justificar con las migajas sobrantes de nuestro dominio lo que injustamente seguimos negando a los que nada tienen.

 

Y es que la realidad por muy cansina que se nos haga sigue siendo la realidad de cientos de millones de hombres, mujeres y niños, con nombre y apellidos, con vidas sufrientes que respiran y ansían en este mismo instante en el que lees. Cientos de millones de personas que viven extremamente la funesta, deplorable y genocida administración que ejercemos la minoría "socialmente desarrollada" sobre los bienes tomados a nuestra disposición.

 

¿Quien pretende justificar con las migajas de nuestros banquetes tantos estómagos infectados, tantas vidas abandonadas a la lúgubre y mordaz desesperanza? ¿Cómo pretendemos comparecer ante el inapelable juicio del Altísimo? ¿Qué cuentas presentaremos de nuestra administración? ¿Acaso podemos guardar la esperanza de que el mismo Cristo pase por alto nuestra temeraria prevaricación?

 

Justificamos nuestro modo de vida social, insertos en una sociedad ante la que sucumben nuestros más básicos principios fraternales. Disponemos de cientos de argumentos para continuar disfrutando a nuestro antojo de la sublime administración del 80% de los recursos del planeta, aun cuando bien sabemos que tan solo somo un 20% privilegiado los que tenemos acceso a este modo de derroche. Mientras como resultado de nuestra administración, asignada por encomienda divina, cerca de 800.000.000 de seres humanos perecen en la experiencia de no tener "NADA", ni siquiera el alimento básico que los sustente, y otros 2.500.000.000 de hermanos humanos mal sobreviven con menos de 1,5.€ diarios.

 

Conservo la esperanza, no de trasformar el mundo, pero si de transformar mi vida y mi mundo; y en lo mucho y en lo poco convertirme en buen administrador de los bienes que Dios a puesto a mi disposición.

 

Quiera Dios derramar sobre cada uno de nosotros la Gracia santificante que necesitamos aceptar para que en aquel día, que sabemos vendrá, no seamos contados entre aquellos a los que el mismo Jesucristo se referira diciendoles: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis."

 

 

Ancianidad II

20080717181154-ancianidad-ii.jpg

Y es que eso de ser anciano no sólo conlleva el riesgo de caer en la incapacitación, y que una ley tan perversa como absurda, tan criminal como diabólica, otorgue la potestad a ciertas personas para que decidan sobre la utilidad o inutilidad de tu vida, pudiendo decidir su eliminación, tu asesinato en primer grado, con premeditación y alevosía.

 

La ancianidad, como último periodo de la vida ordinaria del hombre, esta llena de incomprensiones y desencantos, especialmente con aquellas personan a las que a lo largo de su vida, el anciano, ha dado más, ha amado más y ha llevado más profundamente en su corazón.

 

El abandono de ancianos en las modernas sociedades occidentales es ocultado en millares de asilos, casas de acogida y centros geriátricos. Millones de ancianos europeos pasan sus días llorando a sus hijos y nietos que llevan años sin visitarlos, en unas modernas pero siempre tristes instalaciones residenciales.

 

Claro que esta situación en otros lugares es distinta, en algunos casos porque los ancianos todavía son valorados por su experiencia y respetados por la vida de servicio entregada, o simplemente porque se les reconoce la dignidad de persona. Pero en aquellas situaciones en las que el anciano se ha visto activa o pasivamente abandonado, en aquellas situaciones de extrema necesidad, el anciano sufre el mayor de los abandonos. Indecente abandono social, moral y familiar. Abominable abandono el que permite que una anciana, presa de una profunda senilidad, viva en un abandono tal que solo los chinches, piojos, arañas y demás artrópodos que pueblan todo su cuerpo y en forma de microselva su cabello, sean los únicos seres terrenales que le prestan atención.

 

Éste mencionado, es un caso, al que nos acercamos y damos respuesta. Pero la realidad común es que al anciano, igual que a la vida misma, cada día más se le atiende y valora en relación a su utilidad, y no a la maravillosa dignidad que la vida nos otorga como personas.

Ancianidad I

20080714030051-ancianidad-i.jpg

La longevidad es un maravilloso don que el mismo Dios, a través de tantas bondades, nos ofrece. Los años vividos en la ancianidad son la culminación de una vida que, si bien pudo alcanzar su plenitud con anterioridad, se presenta en una etapa totalizadora de la realización humana.

 

Los problemas, las dependencias, el dolor y el sufrimiento que en muchos casos acompañan los años del anciano, nunca pueden ser motivo de cuestionamiento de la vida. El anciano es un valor en si mismo. Él se nos da y se nos ofrece como oportunidad de amor, acompañamiento y ternura servicial que se le es debida.

 

De igual forma, la vida humana, cualquier vida humana, es valiosa y digna por si misma. Fuera de las consideraciones del indebido encarnizamiento, cualquier valoración de la eutanasia activa o pasiva es un atentado indigno contra el amor fraternal en el que la existencia humana debiera ser fundada.

 

La eutanasia es un horrendo crimen, más cuando es propuesta contra ancianos que habiendo llegado a una edad que, debido al deterioro facultativo al que se han visto sometidos durante su ardua vida,  les impide la autosuficiencia, e incluso la capacidad intelectual suficiente para que jurídicamente pueda oponerse  a la ejecución anticipada de la inevitable muerte que un día nos ha de sobrevenir a todos.

 

Apelo al amor y a la fraternidad, al valor de la vida y a la aportación necesaria e indispensable que toda vida humana, anciana, nacida, o nacida, impedida o incapacitada, realiza a la comunidad humana que desea encamiarse hacia la prenitud de su realización, para que aquellos que fuera de toda razón apoyan y promueven el no a la vida, la eutanasia y el aborto, recapaciten y conviertan sus corazones e fuente de vida y amor.

 

¿Eutanasia? ¡Mira lo que te dice Checha!

HAMBRE

20080709214524-hambre.jpg

¿Qué significa tener hambre? Quizás para algunos este concepto no vaya más allá del retraso en media hora del momento del almuerzo.

 

La realidad de la existencia, de la ámplia mayoría del mundo que habitamos, clama al cielo. El hambre, la necesidad, el dolor y el sufrimiento de los cientos de miles de familias y comunidades en extrema necesidad es un escándalo de dimensiones inadmisibles, para cualquier conciencia que se digne a reconocerse mínimamente humana.

 

El escándalo de la injusticia, de la opresión, del derroche de las sociedades industrializadas e inhumanamente desarrolladas se hace más incisivo y adquiere dimensiones desproporcionadas frente a los más pequeños e indefensos; frente a los ángeles hambrientos. Las palabras de Jesús deben conmover a toda alma y especialmente a la sociedad y a las comunidades cristianas que gozan de amplias estructuras de recursos:

         

 

"Es inevitable que haya escándalos; pero ¡ay de aquel que los provoca!

Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo tiraran al mar antes que escandalizar a uno de estos pequeñuelos.

Lc 17, 1-2

Las sociedades desarrolladas y especialmente nuestras comunidades cristianas, que no hacen uso de una sobria austeridad en favor de los más necesitados, son escándalo para los más pequeños y desamparados de éste desposeído mundo de la pobreza. Resuenen también nuevamente las palabras de la Iglesia en boca del Santo Concilio Vaticano II:

"Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí."

Repitiendo la sentencia de los Santos Padres de la Iglesia corroborará también que:

"Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas."

MIGRAR, UN DERECHO INALIENABLE

Yo soy inmigrante. Siempre fui inmigrante. Siempre seré inmigrante.

Parece que el propio término inmigración, subjetiviza el problema al que deseamos referirnos, el de las migraciones de seres humanos, pero no desde el punto de vista del propio sujeto emigrante y de las condiciones y causas que provocan el hecho migratorio en si, sino desde la perspectiva del territorio o de la comunidad que los recibe, con agrado o muy a su pesar, desde ese punto de vista la persona es llamada inmigrante.

Así, parece que debo abordar los problemas que acarrea en mi vida la llegada del inmigrante, como va a afectarme, que consecuencias reporta en mi entorno, cómo debo reaccionar, que repercusiones tendrá en los míos. Parece que la situación del inmigrante, su humanidad, sus circunstancias, sus necesidades, etc, son aspectos sí a tener en cuenta, pero, siempre en función del “in” del emigrante, siempre con respecto a mi, a mi bienestar, a mi estabilidad.

Desde la profundidad de mi conciencia no deseo utilizar dicho término sujeto a estas consideraciones. Cuando me refiero a un emigrante estoy refiriéndome a un hermano, a un ser humano, dotado de igual dignidad  que la que ostento, quizás de más. Si debo referirme a él como inmigrante, me referiré a mi mismo como inmigrante también. Inmigrante en la tierra que me vio nacer, inmigrante a la santa tierra a la que me desplacé, inmigrante en este mundo que me acogió y en el que se me ofreció la oportunidad de prosperar, y en el que, lo más importante, se me dio a conocer la esperanza de salvación y la misericordia de nuestro Dios.

Hago presente aquí el texto con el que Pío XII comienza la Constitución Apostólica Exsul Familia: “La familia de Nazaret modelo y consuelo de los refugiados. La familia de Nazaret desterrada, Jesús, María y José, emigrantes a Egipto y refugiados allí para sustraerse a las iras de un rey impío, son el modelo, el ejemplo y el consuelo de los emigrantes y peregrinos de todos los tiempos y lugares y de todos los prófugos de cualquiera de las condiciones que, por miedo de las persecuciones o acuciados por la necesidad, se ven obligados a abandonar la patria, los padres queridos, los parientes y a los dulces amigos para dirigirse a tierras extrañas.”

Vuelvo mi mirada hacia el más sufriente y desesperado de los emigrantes, el más desatendido, el más marginado, el emigrante sin papeles, el emigrante ilegal.

¿Cuál deberá ser mi postura, cual mi acción y respuesta como cristiano frente al hermano, cristiano o no cristiano, judío o samaritano, que empujado por la desesperación decide abandonarse a su suerte en un destino que muchas de las veces se torna más trágico y atroz que el que motivó la decisión de dejarlo todo en busca de la Esperanza?  Tan sumergido me encuentro en mis banalidades, tan absorto en mi mundanidad. ¿Quién es ese que viene a mi puerta y llama? ¿Quién el que se desgarra los nudillos y ensangrienta sus manos de tanto golpearla? ¿Quién el que abandona suspendido su cuerpo en las aguas del Océano? ¿Quién el que yace muerto entre las rocas de nuestras costas? ¿Quién el que abandono su vida en la arena de nuestras playas? ¿Quién es aquella que vende su cuerpo en nuestras calles y carreteras? ¿Un inmigrante? ¿Una emigrante? ¿Quién los ha traído hasta aquí? Son tantas las preguntas que golpean mi inquieto corazón cuando reflexiono en el silencio. ¿Qué me separa de esa playa, de esa roca, de ese Océano, de esa angustia?

La inmensa dicha de poseer la tierra  que asegura la prosperidad de los míos ciega mis ojos y no me permite ver el rostro de la desesperación que empuja a tantos y tantos hombres y mujeres, mayores y niños a abandonar su tierra y emprender la, más de las veces, trágica aventura del sin papeles.

Como cristiano, no puedo dejar de pensar en El, en mi Señor. “Oigo en mi corazón: -Buscad mi rostro.- Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”, rezo en el salmo. El rostro de ese tendido en la playa, el rostro de aquella mujer encajada entre las rocas, el rostro de aquellos que perecieron engullidos por el mar, el rostro de la amargura, del oprobio y de la desesperación, el rostro de esos que llaman a mi puerta. "El que acoge a uno de estos pequeños en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no es a mí a quien acoge, sino al que me ha enviado a mí" repite incansable Jesús.

¿Quién soy yo para poseer la tierra? ¿Quién para poner fronteras entre la miseria de los pueblos y a la prosperidad  de los míos? No puedo tratar el problema de la dolorosa emigración sin tratar el verdadero problema del género humano, el problema de la riqueza. Mantenemos y disfrutamos del 80% de las riquezas de nuestro planeta una pequeña parte de él, el 20%.

El  P. Werenfried Van Straaten en su  libro “Dios llora en la tierra” hace un  recorrido por las miserias que atenazan nuestro planeta y nos plantea un ejemplo revelador de esta cruda realidad en la que participamos: "Diez comensales se sentaron a una mesa, en ella habían dispuestos diez platos de sopa que debían de servirles de sustento para aquel día. En el momento en que iban a comenzar a disfrutar de la comida, dos de ellos, fuertes e inteligentes,  se levantaron y acercaron hacia si ocho de los diez platos, dejando en la insuficiencia y la necesidad a los otros ocho comensales que deberán conformarse con repartirse los dos platos de sopa restantes." Esta injusta situación condiciona toda valoración que en conciencia pueda emitir sobre la emigración, controlada o incontrolada, legal o ilegal. Como cristiano me siento obligado a acoger a todo aquel que en paz llame a mi puerta. Como cristiano debo reconocer en todo rostro el rostro de Cristo, cuanto más en aquellos que huyendo de la desgracia, del hambre, de la guerra, de la injusticia muestran ante mi el rostro sufriente de mi Señor.

La Carta Pastoral de la Comisión Episcopal de Migraciones nos desvela el núcleo preciso desde donde abordar el sufriente fenómeno migratorio: “El problema original no es la emigración, sino la injusta distribución de los bienes”. Y de esta forma debo preguntarme, hasta que punto implico mi persona, mi propia vida en tan injusta situación, qué hago bajo mis limitados e insignificantes recursos, para apaliar el hambre, la necesidad, el sufrimiento y el dolor de mis hermanos, ¿de qué forma enjugo las lágrimas de mi Dios sobre la tierra? Asalta ahora mi mente la escena de la Verónica, ¿qué podía hacer ella frente a la suma injusticia? ¿Cómo podría ella reparar, apaliar tal afrenta, tal sufrimiento inconmensurable? ¿Luchar en fuerza contra los soldados, hacer valer su criterio frente al sanedrín, enfrentarse a toda Jerusalén y al propio Imperio? Ella, humilde Verónica, secó el rostro sudoroso y doliente de nuestro Señor, no hizo más, no podía hacer más, tampoco Jesús le pedía más, pero tampoco se quedo impasible, inmóvil, indiferente. ¿Qué deberé hacer yo? 

En la Instrucción Erga Migrantes Caritas Christi, el pontificio consejo para la pastoral de los emigrantes e itinerantes recuerda que: “El cristiano contempla en el extranjero, más que al prójimo, el rostro mismo de Cristo” Y ese rostro, el rostro de mi Señor que busco y ansío en mi corazón, me interpela y  me implora en el rostro del emigrante sufriente, como a la Verónica, que enjugue su sudor, seque sus lágrimas y de descanso a su rostro con el paño de mis posibilidades.

Las fronteras tal como hoy las entendemos, el fenómeno de los sin papeles, son fenómenos de nuestra modernidad, son consecuencias claras del injusto proceso de globalización al que nos enfrentamos y en el que, muy a nuestro pesar, participamos activamente.

El emigrante sufriente no abandona su hogar por mero gusto, por impulso curioso de asentarse en una nueva tierra. En muchos casos ni tan siquiera ha dejado tras de sí un hogar, huye del infierno, si de un verdadero infierno que ni tan siquiera intento o puedo imaginar. La realidad de ese ser humano que arriba a las costas que habito, que traspasa las fronteras impuestas, en un asfixiante habitáculo de un container, me es ajena. Día a día me reafirmo en negar la realidad del mundo en que habito y que desesperadamente golpea mi puerta. Quiero pensar que Jesús pasará por alto estas omisiones mías, pero bien se que no, “al final de la vida seré juzgado sobre el amor, sobre las obras de caridad realizadas a favor de mis hermanos más pequeños (cf. Mt 25 31-45), y también sobre la valentía y la fidelidad con que haya dado testimonio de Cristo (cf. Mt 10, 32-33).

Estos que hoy vienen y llaman a nuestra puerta son los hijos de aquellos que sufrieron el infierno del S. XX., son los hijos del campo de Valka, del túnel de Seul, de la aldea de Lo-Fong, de los suburbios de Bombay, del barrio de Cholón, de la isla de Mindanao,  de las Navidades de Saigón, de la región de la Seca, de Nisia Floresta, de los alagados del Salvador, de la callampa de Chile, de las favelas de Río, de Kinshahs, Kivi, Isiro y Kinsangani, de la trágica sombra del telón de acero; son los hijos de aquellos cuyo clamor no fue escuchado por la amplia mayoría y hoy ya no soportan lo que sus padres se vieron obligados a padecer, aquella letanía de miseria, dolor y traición, aquellas tristes historias de pueblos indigentes y oprimidos condenados a la más absoluta indiferencia de mi abundancia y bienestar, condenados en esta vida a un infierno sin futuro y sin más esperanza que la de emigrar. 

La realidad relatada por San Mateo de la huída a Egipto de la Sagrada Familia y las trágicas razones de ella, y los posteriores acontecimientos, pueden parecer a muchos una banalización al hacerlas hoy presentes ante la tragedia que suponen los grandes movimientos migratorios provocados por la desigualdad, el hambre y la guerra. Pero las palabras de Juan Pablo II que afirman: "En Cristo, al acoger a todo hombre, Dios se ha hecho "emigrante" por las sendas del tiempo para llevar a todos el Evangelio del amor y de la paz." Me obligan a ver en el mismo emigrante al mismo Dios que se me hace presente y me interpela, me empujan a acoger a todo extranjero desplazado tal y como acogería a la Sagrada Familia que pidiera morada en mi hogar.

Mi conciencia lejos de callar, grita, si ella callara, quizás Cristo hiciera gritar a las piedras ante mí. Debo ser solidario con nuestros países vecinos, hermanos, y ante el flujo migratorio incontrolado, desde ellos, crear en sus propios pueblos de origen posibilidades reales de desarrollo cultural, social y económico, abriendo sin discriminación posibilidades reales de migración controlada que garantice la integración social y cultural en nuestro país, y ante la miseria y la injusticia del mundo real que habito, renunciar a los recursos que deba renunciar en pos de la justa y cristiana preferencia por los pobres, oprimidos, perseguidos y exiliado del mundo, colaborando activamente al desarrollo cívico, económico, social y espiritual de ellos. ¡Claro que esto esta fuera de mi personal alcance!, pero en las medidas de mis posibilidades me veo obligado a promoverlo, defenderlo y contribuir a su establecimiento, en nombre de Cristo y de la Santa Iglesia a la cual pertenezco.

En la absoluta certeza de la Fe, el juicio prometido y  la esperanza de la vida eterna apremian mi caridad y me apremian a promover entre mis hermanos esa caridad.

El propio Catecismo de la Iglesia Católica y el desarrollo doctrinal que a través del magisterio se establece en el seguimiento de la sana doctrina, la Constitución Apostólica “Exul Familia” de Pío XII, encíclicas como  “Pacem in Terris” del beato Juan XXIII, el Concilio Vaticano II y en particular la constitución pastoral Gadium et Spes,  instrucciones pastorales tales como Pastoralis migratorum cura de Pablo VI, las encíclicas de nuestro Santo Padre Juan Pablo II Laborem Exercens, Sollicitudo Rei Sociales o Centesimus Annus, consideran ampliamente el posicionamiento que mi vida cristiana debe adoptar ante la tragedia de mis semejantes. El reconocimiento expreso del “radical derecho de todos los hombre a usar de los bienes de la tierra”, de la “libertad natural de emigrar” son el núcleo moral que debe mover mi acción cristiana frente al reto que representa el fenómeno migratorio que se presenta ante mi vida.

 Sin embargo, en mi vida hasta hoy, poca y escasa consideración es la que he prestado a esta realidad que en esta semana presentamos a reflexión. Hasta ahora, la mayoría de las veces, he actuado como aquellos escribas y fariseos que viendo al prójimo caído en el camino daban un rodeo seguros de encontrar buenas argumentaciones y razones de la miseria del necesitado de auxilio y que sólo gracias al buen samaritano escapó de la segura muerte. “Bajo el pretexto de un posible caos sociopolítico se niega la obligación de acogida “ recuerda la Pastoral de las migraciones en España.

 Se exhiben muchos argumentos sobre los condicionantes de la ayuda internacional, las limitaciones de los recursos de acogida, el interés general, el interés de la nación, de Europa ahora ya más específicamente. No encuentro proyecto socio-político que defienda el interés del ser humano como tal, que presente un proyecto claro y solidario con el hombre. Como cristiano parece que también yo he renunciado a esa posibilidad de sociedad humana que elevando como valores morales la renuncia y el sacrificio se desarrolle en pos de la justicia y la fraternidad. Parece que ya deba conformarme al mal menor de la apacible abundancia de mi vida.

 Me resignaré a la injusta globalización y al capitalismo financiero, daré un rodeo en el camino y me amoldaré a la máxima comodidad, conformando a mi conciencia con las migajas que compartiré con los desheredados. Quizás este fue mi criterio hasta no hace mucho. 

Hoy me enfrento semanalmente a inmigrantes sin nombre, sin historia, miro sus ojos que reflejan la humanidad de una vida, de un pasado, de un amor y de un profundo dolor y sufrimiento. Miro sus ojos que ocultan el camino dejado atrás, tantos nombres, tanto que olvidar, tanto que recordad. Miro los ojos del que a pesar de todo se siente privilegiado, son tantos los que no llegaron, cuantos más los que no pudieron tan siquiera iniciar el viaje, privilegio de una bolsa de plástico con dos panecillos una lata de atún, una de sardinas y algo de fruta.

 El destino de estas personas cuanto menos es incierto, han llegado a nuestra tierra, los hemos retenido cuarenta días en un centro de concentración, decretamos una expulsión inviable y los soltamos a nuestras calles sin posibilidad alguna de encontrar un trabajo legal, son “sin papeles”. Condenados sin juicio previo a la marginalidad, la miseria y la delincuencia. Son carne de explotación, fáciles víctimas de las redes de robo y prostitución, presas empujadas al tráfico de drogas y al trapicheo nocturno.

 ¿Así de sencillo? ¿Así de dramático? ¿Cosas de la globalización y del capitalismo? Puede ser, pero no para mi conciencia cristiana.

 Mi conciencia cristiana hoy grita, soy incapaz de acallarla. Las palabras de aquel cardenal chileno a mediado del S. XX, adquieren hoy más fuerza: “Porque Dios ha hecho la tierra para el hombre, que es el rey de la creación. Todo aquel que no dispone de espacio vital tiene derecho a apropiarse de un pedazo de esta tierra”; reivindicando la justicia, la solidaridad y la fraternidad cristiana. Hoy mi conciencia no descansa ante el contacto de la más negra miseria y la riqueza más despilfarradora de nuestra civilización. Hoy se hace presente el hambre de Kivi, la muerte acechante del ángel Mbwaki, los chiquillos sin leche, la falta de sal, las escenas dolorosas, los hambrientos abriendo tumbas de los asesinados para alimentarse con los restos de cadáveres, las epidemias, la carencia de médicos y medicinas, el horror y la barbarie de la guerra, la carne tumefacta de los cuerpos torturados; hoy la miseria y la indigencia del mundo se presenta a mi puerta, llama con fuerza desgarradora, en un desbordamiento de dolor e injusticia humana. Hoy Dios trae ante mis ojos la realidad que un día me obcequé en negar y en justificar.

Resuene hoy en la profundidad de aquellos corazones, acomodados y despreocupados de sus semejantes, la firme sentencia de la Iglesia de Cristo expresada en la Constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II: "Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. Habiendo como hay tantos oprimidos actualmente por el hambre en el mundo, el sacro Concilio urge a todos, particulares y autoridades, a que, acordándose de aquella frase de los Padres: Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas."

Quiero terminar esta comunicación haciendo mía y adaptando a estas circunstancias una exhortación del P. Van Straaten: Los muertos que no han llegado a nuestras costas, algunos de aquellos que no lograron traspasar las fronteras “tienen nombres extraños: Cirhulwire, Mushangalusa, Nakatiya, es decir: Dulzura, Ternura, Fuente de Alegría ¿Figuran inscritos en la lista de las víctimas del hambre, cuyas muertes claman venganza al cielo? ¿O podemos acaso aplacar aún la infinita cólera de Dios haciendo un esfuerzo supremo para salvar sus vidas? ¡Pobre de la humanidad si llegamos con retraso! ¡Pobre de mi si carezco de generosidad. Y ¡ay de todos nosotros si no comprendemos que la vida del más pobre de esos “pequeños del evangelio” vale más que el bienestar del que disfrutamos inmerecidamente!

 

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris