ADORACIÓN

Publicado: 28/06/2008 20:13 por Alfonso Luis Calvente Ortiz en sin tema
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Nuestro buen Obispo Monseñor Álvarez ha clausurado hoy el Centenario de la Adoración Nocturna Española en la Diócesis de Tenerife. La celebración, con sobreabundante gracia ya de por sí, ha sido enriquecida con la Bendición Apostólica impartida en nombre de su Santidad Benedicto XVI y por la concesión de indulgencia plenaria, con las condiciones de costumbre, a todos los participantes en la celebración.

 

Cristo nunca deja de sorprender. Hoy la presencia y acción de Cristo entre nosotros ha sido patente y tangible. Especialmente, la relación con mi Señor a cobrado hoy un especial sentido, y he sido capaz de escuchar y comprender algunas cosas que Jesús deseaba depositar en mi corazón.

 

Cristo, en la Eucaristía, escondido en las especies del pan y el vino, se presenta entero, real y sustancial, a todo cristiano  con la incomparable oferta de divinizar la existencia y ser mundanos del hombre.

 

Me maravilla la tercera aparición del Ángel de Portugal en Fátima. Nos lo cuenta Lucía:

 

"Estando allí apareció por tercera vez, teniendo en sus manos un Cáliz, sobre el cual estaba suspendida una Hostia, de la cual caían gotas de sangre al Cáliz. Dejando el Cáliz y la Hostia suspensos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces esta oración: - Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te  ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que el mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores. -"

 

Desde aquí quiero dar profundamente las gracias a cuantas personas hacen y han hecho posible la permanencia de Jesucristo Eucaristía entre nosotros. Gracias a cuantos en ofrecimiento de vida han consagrado su terrena existencia al Sagrado Orden Sacerdotal, y especialmente sincera gratitud a tantos jóvenes que en radical aceptación del Amor de Cristo en sus vidas, las ofrecen, preparándose en tantos seminarios, para convertirse en nuestros futuros sacerdotes y santos canales eucarísticos. Por todos ellos, ofrezco todos los méritos que mis acciones, pensamientos y obras pudieren deparar todos los viernes de mi vida. Este acto de profunda consagración propongo realizarzo más formalmente y renovarlo frecuentemente en el trascurso de mi vida, primero Dios.

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