LUCHA

Publicado: 07/06/2008 15:32 por Alfonso Luis Calvente Ortiz en sin tema
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Pensaba escribir algo sobre la pobreza evangélica y para ello ya había preparado concienzudamente las referencias que en el Nuevo Testamento encontramos hacia ricos y pobres, hacia la riqueza y la pobreza.

Pera la vida del hombre, en este caso la mía, es también la vida del blog. El hombre como ser espiritual vive espiritualmente aunque no quisiera cobrar conciencia de ello. La conciencia espiritual conlleva una intensa vida espiritual que se hace consciente y patente en cada instante cotidiano. Y la vida espiritual no es otra que vida de lucha, lucha que, como nos presenta clara y profundamente San Pablo, no es lucha contra carne, sangre y huesos:Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. 13 Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes. 14 ¡En pie!, pues; ceñida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la Justicia como coraza, 15 calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, 16 embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno. 17 Tomad, también, el yelmo de la salvación y la la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, (Efesios 6)"

Es esta lucha la que hoy consume mi intelecto en otro campo de batalla que no es el que yo hubiera esperado que fuera.

 

Entre las convulsas escaramuzas de mi ejército, me he acercado al Centro Comercial (estoy buscando un portátil, económico, que pueda llevar a Guatemala para un centro de formación de jóvenes) y, como siempre me ocurre, me he sentido incómodo e ignorado. Me he fijado en una mujer que sostenía una hucha, cientos de personas la sobrepasaban constantemente por un lado y otro, miles de personas en el gran centro comercial se encontraban ávidas de consumo codicioso. Las más ni siquiera le ofrecían una mirada, una pequeña minoría miraba la hucha e interponía inmediatamente la mano, a modo de muro infranqueable,  entre la solicitud de ayuda y la posibilidad personal de respuesta. Más adelante encontre a otras dos mujeres que se encontraban con sus huchas en situación similar. Aunque supongo que algunas personas habrán hoy lucido en su solapa o pecho la pequeña pegatina de la Asociación Española de Ayuda Contra el Cancer, la verdad es que la escena así contemplada, es signo identificativo de la sociedad occidental "desarrollada", ávida en su sobreabundancia de más posesiones mientras la inmensa mayoría de seres humanos, en el mejor de los casos, apenas cuenta con los bienes necesarios para su supervivencia..

Verdaderamente la opción por los pobres, necesitados, sufrientes, desamparados, marginados y despreciados del mundo, es una opción sólo alcanzable a través de una profunda y severa lucha personal. En esta lucha el espíritu no se ve solo, como nos indica San Pablo, cuenta con armas y aliados, aunque tristemente, la mayor parte de las veces, abandonadas las armas y despreciados los aliados. Sin embargo los Principados, Potestades, Dominadores de este mundo y Espíritus del mal, si que cuentan y utilizan eficientemente sus armas y aliados: sean nuestros propios defectos y debilidades como el egoismo, la codicia, la pusilanimidad; sean aliados del mundo y la carne como los poderes mediáticos, la tendencia consumista, la imposición de ideologías; el ejército enemigo de esta lucha no repara en medios para evitar de cualquiera de las maneras el bien que cada uno de nosotros esta llamado a hacer en su vida y que realmente puede realizar en una opción profunda y personal por el bien y el prójimo.

El objetivo, pues, conquistarse a uno mismo. Renunciar a uno mismo, negarse a uno mismo, para darse al prójimo en Cristo: "El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. (Mateo 10,38-39)"

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